jueves 8 de mayo de 2008

EL IRACUNDO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy el inquisidor de caminos, un transeúnte de nubes y tormentas, que se acerca de vez en cuando a la sabiduría y se queda con las manos repletas de ignorancia por el sólo hecho de pensar en ser sabio. Pescador de lo insalvable y un desertor de leyes, armando mis propios horizontes voy buscando puertos y destinos repitiendo plegarias de dioses en mis intentos por ser mortal, pero muero a cada instante en que me resuelvo como un ser distante de toda divinidad aparente.
Invento ardides que me lleven a intensificar mis logros, mientras pierdo vuelo entre nubes y los vientos me agostan los días y los intentos; me vuelvo necio y prohíbo a mi alma que se rinda a lo simple; me vuelvo Dios y ciego, voy matando mis ideas y resucitando caminos que jamás pensé que iba a transitar.
Soy lo necesario para los ojos de aquellos lobos, y lo inminente en el corazón de los que no se atreven; pasajero raído de luchas sin resolver y fantasma de cuerpo muerto y mente activa; eso soy, un noble sin tierras, y un halcón esperando el despertar de los ángeles; un inquisidor de caminos, buscador de los artilugios de lo divino e incesante emancipador de lo soñado... un transeúnte de nubes y tormentas, que va soñando ser sabio y sólo se queda preguntándose qué es esa ignorancia, que se ha quedado a dormir a los pies de sus huellas.
Imagen y semejanza de la destrucción, un hipócrita que va cantando salmos mientras asesina impiadosamente a lo débiles y engaña a los ignorantes; político locuaz que va rifando vidas por un poco de poder; mezquino de lo eterno, que compra y vende con los oros que gritan su verdad bajo las cúpulas blancas de ciudades santas que no lo son, y nunca lo serán; soy un perdedor bañado en plata, un vencedor de imaginerías y el visitante perfecto en los sueños de los que buscan algo de cierto.
Soy misterio a la vista, canción del océano y servidumbre que domina. Magnífico ejemplo de lo poco que da la soberbia y lo mucho que entrega el perdón; llevo tormentas en mi bolsillo y una oración en mi lengua; demonio desatado que se entrega al cielo y miente sus muertes, pacifista de armas tomar y un entregador de lo humilde, que sólo sabe blandir la espada, cuando el rocío anuncia las almas nuevas que se perderán en situaciones sin control.
Soy un inquisidor de caminos; que se queda con las manos vacías... por el sólo hecho, de pensar en ser sabio.


lunes 5 de mayo de 2008

CORTÁZAR

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Existen asuntos pendientes dentro de esas calles empedradas, que aúllan al recordar, que algunas estrofas quedaron inconclusas y ya no volverán.
Exilio del cuerpo más que del corazón y estadía perpetua en algunos estados alterados de alguna conciencia, que venía a decirme que existen en el mundo fantasías por cumplir; pero que gran parte, ya habían viajado en la mente de un ser que un domingo se confundió con la leyenda y en alguna autopista del sur, se quedó viajando a escribir algunas nuevas genialidades.
Teatro desierto de realidades y rebosante de sueños, donde reviven algunos cronopios, es lo que veo, es lo que siento, cuando llamo algunas musas que descreen de nuevas oportunidades para crear nuevas viejas obras que prontamente se reestrenarán en algunas calles francesas que andan por ahí, extrañando algún cansado y curvado semblante, que riegue en una mañana algún ardid para cambiar el olvido por unos minutos más, frente a alguna vieja máquina de escribir que quedó despierta y paciente, perdida y reducida a la servidumbre del silencio.
Sueño a veces que me despierto con algún eco de ese genio que no logro traspasar; y cuando trato, incomprensible me coloco detrás de estos huesos destartalados de historias que se reprueban por sí solas junto a esa salud de los enfermos, que aún trato de igualar y que seguro, jamás lograré siquiera retenerle un poco de su sabiduría.
Inspiración sosegada y política de nivel, que se encerró alguna vez tras ese cigarrillo de fotografía, y ese retorno que jamás se volvió retorno por tener algunos lugares tan cercanos, que no era necesario volver como cantaba el gran zorzal, sino, que volver era una manera de despejarse en el papel, de alejarse de esos demonios que ahora sé, se quedaron quietos y desdichados, el día que el sueño se cobró el tiempo por venir, aún no soñado.
Y aunque viajo... Y aunque viajo, debo decirlo, no llego a ningún sitio: ni a D’ anjou ni a Florida, si no paso antes por las letras que me dejan extasiado de días tormentosos y dudas por resolver.
Y aunque viajo, sombras tengo, y una revelación de algunos espíritus que me dicen, que todavía quedan frases y fantasías por inventar, aunque gran parte se llevó un ser, que un domingo se confundió con la leyenda.


CIEGO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ambiciones sin piel decoran mi esqueleto, perlas de instantes mis ojos, y baratijas insensatas mi lengua.
Hilada tengo la mente de secuaces oportunidades que me trajeron algún desperdicio de platas y zafiros, bruñidos en peltre mis brazos y tallada en esmeraldas mis piernas.
Soy rico, soy pobre; vagabundo fiel que recorre un palacio vacío de vida repleto de rubíes relucientes, donde cae el haz de la luna y se vuelve polvo de estragos, donde cae el rayo del sol y se vuelve silencio que recorre mi cuerpo.
Inquisidor de la dádiva y matador de lo humilde; sobriedad de neblina ajena a la artesanía del ser; y, distraído del río que se lleva lo importante, voy juntando cosas.
Y me siento desesperado e imposible, como el lince raído de envidia que va a cazar al tornado, o el capitán celoso que arremete con furia al océano para robarle algún secreto, y se queda con las manos vacías y el alma latiendo por una nueva oportunidad.
Soy rico, soy pobre, un vagabundo fiel, que recorre un palacio vacío de vida.


viernes 2 de mayo de 2008

RECAPITULADOR DEL DESPUÉS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Soy magia de algún lugar, una extraña y repentina ausencia de toda duda a lo desahuciado que trae buenas nuevas y cierta oportunidad; soy magia de algún lugar, una sensación que no acata tiempo ni razón.
Eres una isla dentro del atolón de las inconstancias, una marejada de genialidades, una distracción de lo imposible y el viento que se mueve entre los dedos de los niños, que saben que todo es tan simple como un amanecer callando sus secretos, y cantando lo que le adeuda a ciertos ángeles, que se cuentan el vuelo del sol, buscando esperanzas entre las nubes.
Soy dubitativamente altanero de un mañana; un recapitulador del después que va dejando libre a su futuro, para que vaya a recorrer lo que nunca será de la mano del ayer; y, quizá, alguna memoria que se acuerde de esos caminos, que aún velan por mí y que nunca los he recorrido.
Eres cierto desparpajo, entre la locura sin trazos y una fina línea de formas audaces, idea destartalada que se ha quedado muda al apreciarse como la invención más absoluta soñada entre lodo y miseria, que se transforma en magnífica liberación y luego, se vuelve a dormir, para soñar nuevas mentes, que las vengan a buscar, que las vengan a rescatar...
Soy, una montaña solitaria que se alza en medio de lagos de intentos y planes de sueños, que yacen quebrados y hastiados de tanta huella y tan poco andar; eres, el tentempié de los que saborean las almas, y una lujosa ensoñación que pronto se quedará dormida, para renacer una tarde y volver a contar las historias, que alguna vez yo he contado.
Eres, magia de algún lugar...


martes 1 de abril de 2008

LO QUE SIEMPRE FUE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Mira ese lugar... sé que siempre vive una historia durmiendo que espera ser contada, y no es que nace, sino que se deja desnudar, para luego devolverse al viento, hasta que otra alma inspirada la encuentre y la arrope.
Detente aquí, mira, sé que existe un camino sediento de huellas que espera ser andado, y no es que se muestre, sino que se deja recorrer para luego volverse dirección, hasta que alguien perdido lo reconozca y lo transite.
Espera, escucha; mira aquella montaña; sé que siempre vive una esperanza latiendo en ese sitio, y no es que nace, sino que se deja alcanzar, para luego volverse leyenda, y renacer en los corazones de aquellos que creen en sus sueños.
Haz silencio, eleva tu mirada, sé que existe un amor esperando ser vivido; y no es que se deje padecer, sino, que se deja disfrutar para luego volverse silencio, hasta que otro ser amado lo llame con sus lágrimas.
Créeme, espera... sé que siempre hay una oportunidad esperando a ser tomada; y no es que se descubre, sino, que se deja seducir por el más valiente, para luego volverse batalla y victoria, hasta que un espíritu moribundo la encuentre y la vuelva su escudo y señora.
Mira ese lugar... sé, que siempre vive una historia durmiendo...


INMORTAL

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ya no vivirá en mí esa distancia que lleva nombre, sino, solamente el recuerdo de que fue distancia en mis momentos y nada más... sólo eso vivirá en mí, porque lo demás, sería arbitrario que se aloje en mis pensamientos; tal vez porque sé, que siempre he sido un suceso aparente, que repetitivamente se iba mostrando en el mismo lugar como una ánima atrapada en sus felicidades ilusorias que jamás llegarían.
Descansará en mi historia, aquellas horas indecibles y pretéritas que se vuelven tiempo, sólo porque yo las he recorrido y nada más.
Volverá a mí, ese aroma que una tarde me había embaucado y me había convencido que este era mi lugar y mi quietud; volverá a mí, esa pureza con la que los niños hacen milagros, y con la cual de desiertos hacen montañas; con la cual, en los cementerios juegan con los que viajan en las estrellas.
Volverá un día todo a mí, lo sé.
Creo, que los días contados para mi lugar se han perdido en alguna luna que no veo, que no escucho, y no deseo que me susurre las lágrimas que he derramado por lo que se han ido a vislumbrar los misterios que siempre he desconocido.
Vagar es mi aflicción y perecer mi sueño, tener manos que atienden mis esperanzas y voces que llaman a mi silencio, fueron las hermosas pinturas que me llevaré algún día a ese último latido que por ahora, es sólo un deseo manifiesto.
Sentir todas las sensaciones, y caminar todos los errores; bailar con la desgracia y sonreírle a la muerte, fueron secuelas que me han dejado los atentos deleites de no conocer el descanso que alguna vez me había merecido.
Librado al azar estoy aquí; y en un puño llevo la palabra de mi Maestro, y en mis ojos la aspereza demencial de ver a esos demonios que me llenan las noches de odios, y los días de pasmosa ansiedad, por conocer tantos mares y ningún puerto.
Tristeza absoluta, como total mi alegría; y muerte sueño a lo lejos, cuando la vida ya se ha cansado de darme chances en todas las madrugadas que cupieron en mi aliento.
Atroz centinela de niebla, que cubre mis horizontes y se cuela en mi mente a contarme la misma historia; ridículo tiovivo que agoniza en un mismo lugar, mientras ve pasar la vida en un segundo y todos los aromas en un invierno.
...Y lloro, y grito... Porque sé, que no me iré, hasta que mi cuenta sea saldada hasta el último denario de esos oros que parece, nunca acabaré de juntar.
Y lloro y grito, porque sé, que el silencio es un don inconstante, que lo único que hace es parir hechos y destinos que veo nacer y morir en un suspiro que viaja con rapidez al reencuentro de sus recuerdos.
Coraza indómita, y fatal desencanto que se ha llevado esta vida que se niega a terminar: solamente pido, que cuando te alejes de mis huesos, borres mis pasos de aquellos caminos, porque no deseo, que alguien se cruce con ellos y se vuelva un errante alquimista, que un día buscó la paz en la vida, y no se dio cuenta que la vida es sueño, y la verdadera vida se hallaba detrás del último suspiro...


jueves 20 de marzo de 2008

MANIFESTADOR

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


En algún sitio, sé que descansan las sombras que dejé en algunos caminos que he recorrido, los aires que he exhalado y los amores que jamás he amado, o los que nunca me han correspondido.
Sí, en algún instante de lo que he sido, vive aún alguna dádiva del tiempo que me ha correspondido, como esa presencia ausente, que ha sabido merecerse el hoy a sí misma, y que deja su historia para que los demás la hablen por las noches.
He sido una aparente leyenda de discursos e ideas, una silueta recortada en la benevolencia de las sombras de los muertos, que me hablaban de sus yerros y sus aciertos.
Sé que tal vez, he vivido en un tiempo que ha sabido abrigarme y adelantarse a mis pasos; y, sin embargo, yo no he sabido acompañarlo, porque ahora justamente que me despido de lo que tanto había anhelado, es que nacen los secretos de lo que siempre he sabido, pero jamás había intentado comprender.
Soy y seré un descanso en las tinieblas de mis ciencias, que me han llevado a superarme; pero sólo eso fui. Un descanso en la carrera y un oasis dentro de un océano.
Y todo lo que he tenido, no me ha llevado a comprender el porqué de lo que he sido; más todo lo que he dicho, todo lo que he construido, y todo lo que vivido, se guarda en este grano de arena.
Seré tal vez, una cosecha de compendios y dictámenes, que ahora se va volviendo polvo bajo esta tierra que reclama el cuerpo donde he renacido, que si bien, era yo, no albergaba mi ser, sino, el pensamiento de lo que sido en este lugar.
Tal vez haya sido un impostor de cielos y un causante de tormentas que ha cambiado los cielos; pero en sí, he sido sólo eso.
Traté de crear algún hogar, en las promesas que había dejado bajo mi lengua, y elevar castillos de logros que guardaría bajo las fotografías viejas de mis padres, mis abuelos, y aquellos que me vieron crecer...
Y fui una temible tempestad en la alegórica pérdida de sueños, un huracán de tiempo dentro del lodo de las pérdidas; fui sé, miles de caminos dentro de la perdición de algunos horizontes, y el señuelo perfecto para atraer lo peor de mi ser, y dejarlo perdido en aquel mar que se lleva su parte; por que aprendí luego, que el miedo nos hace perder todo, como el dragón que reclama víctimas para su fuego, y la lluvia que baila con las olas.

Ahora, que realmente se inicia este juego, es que se despiertan los verdaderos demonios de esta cadena de eventos; y se ve, que los lugares que he andado, se renuevan; porque he aprendido, que cuando uno se estanca en algún sueño, los lugares se vuelven nostalgias, y cuando uno se hace a la mar en busca de nuevas aguas, los lugares se vuelven anécdotas que recordar con distintivo cariño o aprecio.
Y fui un elemento básico e indispensable en el molino de las probabilidades; una gema indiscutible en la búsqueda de los tesoros más preciados, un ángel sustentado por alas de logros y un certero equilibrio entre todo lo que había soñado, y lo que algún día desaparecería en las manos del tiempo y los elementos.
Fui un guerrero temerario, canto maravilloso de buenas nuevas, y carne perfecta que agradaba a los sentidos; inmensa fuerza que se llevaba todas las penas, y gracia divina que se erguía frente a todo lo que atrasaba.
Es que fui algo, que vivía dentro de ese disfraz que hoy se marchita, un impostor de caricias y amores, un libro elemental de frases que se van al cielo; una vida que había vivido como nadie, y que ahora, sólo cuando me voy, me empieza a contar el verdadero nacimiento de los secretos; los cuales, yo guardaba bajo mi último aliento que ahora no es, y me deja solitario y grandioso, viendo realmente quien fue el que había traspasado el llamado de esa madrugada, que ahora, desteje sus calendarios, para avisarme que soy un poco más comprensible de mi perdición, frente a este comienzo que me dará un motivo para ser el creador de nuevos destinos.
Y fui, un enorme soberano de tierras sin nombres en los desiertos de la miseria; una ola descomunal que se elevaba sobre el mar de las confusiones; un ave silenciosa que se volvió misterio y se acercó un poco más, al nacimiento del alba.
...Y aunque ahora esté desnudo bajo este cielo que tiene mil colores, mis manos abrazan el placer de sentirme uno; por que fui un vencedor de lo insondable, y un temible manifestador de buenas esperanzas...

Por que fui un rey, un fugaz milagro que ha aprendido a caminar por las huellas de la paciencia, que me dice que los secretos de todo lo que había sido, se encierran en un grano de arena,
Por que fui silencio, un eximio manifiesto; melodía exquisita entonada por las ráfagas de un viento que siempre trae esperanza.
Porque fui un creador... pero sólo eso, y nada más.


viernes 7 de marzo de 2008

LA ISLA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Me vestí de silencio y merodeando en algunas abrigadas esperanzas, me reencontré con esta soledad que esperaba agazapada y vestida de invierno en algún rincón de mi corazón, el que yo me durmiera en los brazos de esta seguridad que hoy, se fue a acariciar algunas otras vidas y me ha dejado como una isla latente, esperando algún certero naufragio que le traiga vida.
Traté de asirme de algunas nubes pasajeras para transformarme en viento y jamás nunca volver; y sólo lo que conseguí, fue atrapar un cielo gris sin explicación, que dejó caer una lluvia de recuerdos en mi mente y mis palabras, que se transformaron en heridas que aún lamento gritar, pero que en sí no me atormenta el tenerlas, sino, el camino que transitaron para llegar a mí.
Me vestí de dolor una madrugada, por que el disfraz de felicidad ya me quedaba holgado y creo que hasta esta ventisca de julio, ya lo quiere reclamar... y se lo daré, se lo daré, por que si bien es mí disfraz, la felicidad no es mía, y hoy, el único disfraz que mejor me va, es éste que tiene botones de lágrimas y parches de domingos grises; y sé, que por alguna razón, un día tenía que vestirlo, por que estaba ahí, en algún lugar de mi casa, esperando a que el equilibrio se presentara en mis momentos donde nunca nada fue seguro, donde antes del camino estaba la incertidumbre, y antes de la sabiduría el desconcierto...
Ahora, sólo espero encontrar algo justo a mi medida... Sé que llegará, sé que esperará por mí, sé que esperará...


viernes 29 de febrero de 2008

EL ILUSORIO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

CANTO I
Estábase yo inmediato a mi habitación, filosofando sobre el alma y sus implicancias.
Entonces de la nada, aparécese un inmundo demonio de los abismos de mi mente.
No era demonio fantástico o de fantasía, sino que mi alma había regalado a este ente, porfia contra mi voluntad.
Era negro como una bruma todo su cuerpo y ojos de ira rojo sangre vestíase en su rostro de locura indómita.
Acercóse a mi cama y desplazóse sobre mi cuerpo y señalando mi rostro exhausto de mortal grito me dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Dime que hacer!
Insensato yo y toda mi realidad, solamente pude llorar al ver que mi boca cerraba toda razón y lógica.
Devoróse el espectro o ente diabólico toda palabra de mi vocabulario para responderle con inmediatez o prisa.
Entonces mi mano trémula sólo mueve un dedo que señala mi corazón negro, dentro de mi pecho que palpita sin son.

CANTO II
Parecíase que el demonio no comprendía sobre mi señal.
Y brusco como tormenta y quemante como llamarada de pira, señala su pecho.
Apartóse de todo dominio mi inteligencia y diligente raciocinio, vi como ésta cosa se habría el pecho en dos.
Tristemente él me mira y me dice:
—¡Amo de mi necesidad, amo de mi necesidad! ¿Es que no tengo corazón?
Y mi lengua desplegóse en oración al Eterno Dios, por cuanto mis ojos y mi realidad sofocabáse de tan perverso ilusorio.
Como cuervo silencioso el demandante del infierno abre sus brazos y gritóse para sí, una plegaria en lengua reacia a mi conocimiento.
El ente lloróse el camino elegido por mí y su falta de humanidad y grita con toda su alevosa y enorme voz:
—¡Amo de mi sueño! ¿Por qué imaginas mi pesar?

CANTO III
Sollozante y perdido, caigo en desvanecimiento indómito aterrorizante, cuando el ser desplegóse alas inmensas.
De donde pendían cabezas sin ojos que esparcían alaridos de terror por toda mi presencia y lugar.
Clavóme los ojos perdidos el demonio y grita:
—¡Amo, me darás tu corazón! ¡Amo, me darás tu corazón!
Parecíase que el cielo detúvose a contemplar tal fatal desdicha de mi destino.
Cuando el ente alado con garras de muerto y uñas de bestia, abrióse mi pecho para buscar un latido de mi carne.
Como raíz roja y preciosa de valía; ríose el ente al arrancar de cuajo mi corazón y contemplarlo.

CANTO IV
Y solamente mírose el demonio el pecho surcado por un hondo vacío.
Abróse una boca pestilente de dientes marchitos y con ella muerde mi corazón y como lobo hambriento devoróse la mitad de él.
Así como robase mi latido, el infernal visitante de un zarpazo tremendo vuelve a colocar la mitad de mi músculo en mi cuerpo.
Tragóse el corazón de mi pecho y ríose inmediatamente por su atroz faena completada.
Bate esas alas de Ícaro y dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Ahora yo también le soñaré!
Rápidamente mis brazos se mueven en locura potestad por lo mío.
Pero retírose el demonio de mi vista y de pie cerca de un ventanal cierráse su espantoso vuelo.
Mi sangre derramada huele a futuro ciego y ábrose mi boca con dientes pintados de rojo y grito éste interrogante:
—¿Qué te he hecho ser infernal para que en tu pecho de furia lata mi corazón?
El fiel perseguidor de la oscuridad mirabáse el pecho latiendo y acariciándolo como tesoro responde:
—¡Me has soñado mi amo, y todo lo que soy de ti ha partido! ¡No soy corazón de maldad, sino que en ti he dejado la mitad del latido que a ti corresponde!

CANTO V
Dando gemidos de herido y mortal llamado a la muerte.
Palpo mi pecho y escuchábase un latido en mi interior.
Y el latido siguiente en el pecho del ser del infierno
Gritóse entonces el ser su victoria y desaparece como humo en viento.
Y grita mi garganta roja que suplicábase al desconcierto por la explicación de tal suceso increíble.

CANTO VI
Escuchóse mi relicario de tempestuosas palabras un ángel del cielo.
Presto y magnífico presentóse a los pies de mi cama y señalando mi pecho pregunta:
—¿A quién le has dado la mitad de tu corazón?
Yo atento a ser salvado por magnífica presencia celestial, apresúrome en mi dictamen y respondo:
—¡Un demonio con alas me lo ha arrebatado mientras yo descansaba!
El precioso ángel que tenía presencia de luz y enorme en su altura grita colérico:
—¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo! ¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo!
Confundiéndose entonces con la luz de la luna el ángel desaparece de mí.
Y gritose en todo mi interior una locura de preguntas, pero sólo éste interrogante se eleva a la oscuridad:
—¿Es que yo puedo crear lo que sueño?
Y el silencio apoderose de mi estancia, de mi cuerpo y de mi habitación.
Quédome con la mitad de mi corazón en silencio.
Y escuchóse en la penumbra, la mitad de mi latido.
Entonase entonces, el siguiente latido en el infierno de mi imaginación.
Esperando a que sólo haya sido un artilugio de mi mente.
Cierranse mis ojos y mis palabras se apagan.
Y reposo entonces, sobre un manto de sangre.
Llégame el cansancio y empiezo a soñar.


AVE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy un ave de paso, un desmemoriado camino que otros seguirán tarde o temprano; una estadía en un mar que ya no recordaré, la esperanza de una madre que un día me ha parido, y tal vez me vea volver al milagro desde donde he llegado aquí.
Soy una exacta presunción entre lo que llegará y lo que jamás se acercará, una palabra que quedará escrita en un viejo papel que cambiará de color y de tiempo, una tumba ajada por los elementos y un solitario espacio en las galaxias de lo insondable.
Temeraria y cobarde existencia tendré, pasos de nadie que conducirán a caminos que se llevarán las nuevas olas, una opinión que se refugiará en la nada, y un silencio que se quedará a dormir en las manos de los secretos.
Llantos y risas pasarán por mi horas, rostro magnífico de mis posesiones, y gozo excelso de cuerpos desnudos que tocarán mi placer. Ciencia justa que me dará dominios y lugares, que llevaré en mis retinas.
Soy un ave de paso, un magnífico e inigualable desatino de un celestial omnisciente, que llevará a veces muerte y a veces vida; un perplejo cuerpo que se marchita, un condenado a muerte que se creerá inmortal; un innato jugador que ha ganado todas las artes, que creerá ganarle al último suspiro, un reluciente portador de la necesidad de tener un fin para tantos principios...
Eso seré; solamente, un ave de paso.


martes 12 de febrero de 2008

EL APRENDIZ

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Y, cuando el silencio se hubo ido lejos, me había dejado varias palabras para explicarlo, pero se había llevado mis sonidos y tuve que ceder a ese momento, en el que no pude más que resignarme.
Entonces, cuando el amor ya había partido de mí, me había dejado grandes lecciones y sabidurías, pero se había llevado mi belleza; mi apariencia ya no era más que debilidad, y no tuve a quien corresponder, y tuve que amoldarme a mi situación.
Fue, que el orgullo ya no se había visto más cerca de mí, y me había dejado grandes caminos y teorías, pero se había llevado mis riquezas y mis cosas; y no tuvo entonces más sentido el tener para saberme digno de dar. Me tuve que acostumbrar a sólo tener como únicas posesiones al viento, y a un pájaro que venía a cantar de vez en cuando una alegre melodía cerca de mi ventana.
Y fue, que la ignorancia había partido muy lejos de mi espacio, y me había dejado grandes ciencias y dictámenes, pero ya se había llevado mi inteligencia y mis razonamientos; entonces, no tuvo más sentido el procurar resolver alguno de mis problemas y contratiempos, y tuve que compenetrarme en lo que estaba sucediendo ahora.
Creo, que el miedo tardó un poco más en alejarse de mí; pero finalmente cuando partió, me había dejado grandes valentías y conquistas; entonces creo, no tuvo más sentido el vencer todo aquello que tenía que vencer y ser valiente; entonces supongo que...

—Disculpe que lo interrumpa —me dice alguien. Me sobresalto y volteo rápidamente, dejando de ver y escuchar a mi pájaro preferido—.
—¿Quién es usted... señora...? —pregunto.
—Señorita por favor.
—Perdón...
—Soy la muerte —me dice y agrega—: disculpe que lo interrumpa en sus pensamientos, pero creo que el miedo le dejó valentía... ¿No es así?
Yo, hago silencio asiento lentamente y vuelvo a posar mis ojos en mi pájaro. Dejo caer los hombros; sé que estoy vencido y no tengo nada más que hacer.
—No quiero ser una carga para usted... pero ya que el miedo, le dejó valentía... y por ende no me teme... ¿Podría usted hacerme compañía en esta tarde lluviosa? —me pide.
—¡Claro! —le digo un tanto alegre. ¡Siéntese! —le ofrezco. Y se sienta a mi lado, en una silla de madera despintada un tanto enclenque—.
Creo, que trata de consolarme contándome algunas de sus historias; y yo le cuento algunas de las mías.
Reímos, y sólo nos quedamos en silencio de vez en cuando, cuando mi pájaro entona su canto.
Y así, ambos nos quedamos dormidos cuando llegó la luna.
Creo; que la muerte, ya se había alejado de mí, y cuando partió me había dejado la sensación de la verdadera libertad y de la verdadera vida, entonces, ya no tuvo más sentido el temerle a mi final...
Es sólo...
Es sólo que ahora, que aprendí... que sé tantas cosas, y mi corazón está repleto de explicaciones, deseo decírselo, contárselo a alguien... pero a nadie encuentro.
Creo que envejecí velozmente y velozmente, mi tiempo se fue de mí y cuando partió me había dejado... me había dejado...
Creo... que me había dejado, otra oportunidad de volver; de renacer, de comprender; entonces, no todo fue en vano.
—Entonces no todo fue en vano —murmuro.
Entonces volveré... volveré para seguir aprendiendo.
Adiós.

jueves 7 de febrero de 2008

HORAS ROTAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un viento insensato, se adueñó de mis pies toda una vida, y me llevó a vivir aventuras por ahí, por aquí; donde las almas duelen de tanto penar, y las historias se cuentan entre ellas, sin finales, sin tristezas, sin deudas ni deudores, sin mañanas ni héroes.
Una noche clandestina creo, me invitó a fomentar una alegre gallardía, cuando me desafió a celarle la luna a un sol que nunca cejaba en perseguirme; y me hice noche y comprendí sus secretos; y me afiancé en el día y adoré el cielo.
Tal vez entonces, fui nube o guirnalda de aguacero; ave salida de la nada o gris tornado que le cantaba al mar la última odisea de Homero y lloraba lentamente los últimos versos inconclusos de ese pescador de Cuba, que se codeaba con un anciano ciego, que con su bastón blanco, acomodaba refunfuñando algunas frases para que yo las escribiese.
Y persiguiendo a mi sombra, una sombra incipiente y traicionera, que me había enlazado desde el cuello y me obligaba a pisar cada huella que ella dejaba, me fui alejando de mis sitios, y me encontré cierta madrugada, borrando versos a orillas del Mediterráneo en compañía de esos fantasmas que bailan hasta el anochecer con los corazones partidos y las horas rotas.
Y fue que mis pupilas se volvieron letras y me nacieron alas de sueños, esos sueños que sólo llegan cuando el miedo está dispuesto a partir, y la valentía se despierta de madrugada y nunca más se va a dormir sin haber cumplido una promesa.
Y ahora que viejo mi cuerpo, se vuelve a encontrar con esta quietud que le sonríe de lado, no tengo más que decir, que mi sombra aún sigue señalando un horizonte un poco más allá de donde me encuentro; entonces esperaré en silencio, ese nuevo viento, que me llevará de aquí, a vivir nuevas historias sin mañanas ni héroes.


sábado 2 de febrero de 2008

EL CÉSAR


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ahí está el fingidor, buscando más causas para aparentar su sensatez en la codicia de mentiras sin sentido, y finales cenicientos que sólo opacan la verdad, y la vuelven un modelo para armar siempre mal; siempre, mal soñado, siempre mal mentido y mal parido.
Obsecuente fingidor de lo mundano bajo, destilando miseria y abandono en sus ojos y relucientes avaricias en su sonrisa.
Ahí duerme el manipulador de lo poco y el astuto que mueve los rosarios de plegarias, contando los billetes que le paga a su dios y le debe a su diablo; zorro de mil caras, sensual pacificador que aterra la paz, ahí está el gran fingidor, el que lleva y trae, el que mata, hace matar, muere y tal vez revive en enajenadas memorias que recorren sus mismos idiotas o sabios caminos.
Socio minoritario de la estupidez universal, aquí duerme el gran manipulador del aire, donde duermen esas leyes viejas que aterran a los que ciegos las siguen, y despiertan la ira de aquellos que saben, de que está hecha la verdadera libertad.
Aquí yace el gran manipulador de las cosas, que fue cosechando oros y se fue olvidando de la gente y de los lugares; raza de víboras piadosas, que da bienes a los que actúan como bufones y otorga muerte a los que hablan de libertad.
Ahí está el as de los fingidores... el zorro que anhela la uva, el gato curioso que al fin muere; cítara desafina que le canta a esta Roma que se incendia, ratas asustadas que se escapan de este París repleto de calaveras.
Aquí camina el gran fingidor, que se roba mi rostro, tu rostro; y en su sonrisa despliega un ardid de incongruentes explicaciones, donde habita un dios y muchos demonios esperando por salir.
Aquí va el gran manipulador que se baña en la vida y que lleva mi nombre, tu nombre, y que se parece al nombre de todos y al de pocos; ahí va el que llora por su dinero y salta como una langosta cuando sus arcas se llenan; ahí va el del disfraz blanco que vive en una ciudad de plata, enceguecido por las buenaventuras de sus bufones que ya lo quieren matar y ocupar su lugar; aquí va el que mata por su dios y a la vez lo odia por que mata a su mejor creación o tal vez lo ayuda por que mata a su peor creación.
Ahí está el omnipresente; enjuto su rostro y repleta su sonrisa de venganza sin sentido.
Aquí está el César; ése, que tiene mi rostro, que tiene tu rostro, y se parece a todos y a nadie a la vez.



viernes 1 de febrero de 2008

SIN LUGARES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Entro...
E invito al viento una copa de tiempo y a la nada un vaso de horizonte aún sin soles.
Y entra alguna esperanza atisbando mi sombra sobre la barra, se revierte a la hora de hacerse hecho, y viene hacia mí con cara de pocos amigos; le invito un trago de atajos sin salida y quedamos a mano, abrazados, como dos marineros esperando zarpar un barco bajo una madrugada de julio.
E insisto a la tristeza con una medida de locura y a la inconstancia con una botella de decisiones.
Tambaleando ya, le robo la trompeta a un ángel que se quedó merodeando por aquí, y que entre copas murmura una y otra vez, que se le ha aparecido un ser extraño al que llaman “hombre”. Decidido me uno a una banda de ebrios, que sólo saben entonar las notas de esos “tal vez” y las primeras estrofas de una canción que no lleva nombre, pero que cada vez que suena, hace encoger el alma de preguntas si se la escucha estando en esos lugares, y en esas situaciones, adonde se beben las malas decisiones. Cantamos hasta casi morir, y parimos otras melodías distintas que nunca más serán ejecutadas; y entre lágrimas, cerramos los ojos y abrimos el corazón, para imaginarnos otros nuevos pentagramas para las mismas notas.
Me quedo tieso. La buenaventura vomita algunos azares sobre mis zapatos viejos; y la suerte me guiña un ojo, y se escapa nuevamente por la ventana sin pagar la ronda de whisky.
Sin sentirlo, me siento sobre una silla enclenque, junto a un invierno sin compañía y detrás de una primavera sin sorpresas.
El demonio aún corretea por los pasillos a una prostituta gorda; que, según dicen, le había prometido algún secreto de Dios que nunca le dice y que siempre le promete; entonces, entran algunas quimeras aún levantando sus torres de Babel, y todas piden una botella de ceguedad.
La avaricia que está tratando de deletrear la palabra “inmortalidad”, ebria, me codea y me señala a algunos reclusos de pasiones y desaciertos, que siempre piden tragos de resoluciones, pero que nunca los beben y se quedan mirando el techo, repleto de perdones pintarrajeados, que dicen sólo se ven, cuando las lágrimas llueven sobre los ojos de los que nunca se atrevieron a llegar a ningún lado.
Miro, y deseo otra ronda; trato de erguirme, pero mis piernas temblequean ante un peso feroz; y veo, que la muerte se ha quedado dormida sobre mi hombro y el miedo me revisa los bolsillos para robarme algunos sueños valientes.
Creo que pierdo el conocimiento y caigo junto a la nada, mientras la imaginación ríe a carcajadas y el porvenir se menea al compás de una melodía muda que llega desde la calle.
Y cuando vuelvo a mí, despierto siempre en mi cama, saboreando mi paladar vacío y buscando un poco más de días entre mis dedos.
Sin pensarlo entonces, empiezo a caminar sin lugares y con rutinas disfrazadas de aventuras; y llego a la puerta del bar de mis locuras, de mis pasos perdidos.
Y entro... una vez más.


jueves 3 de enero de 2008

OTROS CIELOS, OTRAS VERDADES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Magnífica y atroz providencia, que me inventa ciénagas de duelos y desiertos de esperanzas, búscame en el aquelarre de esta monotonía empírica y enorme a la cual llamo vida, y que se ha vuelto tan ella, tan misma, tan igual, que solamente la muerte podría cambiarla para darme un poco de ese paraíso infernal que sueña el guerrero antes de ir a batalla.
Trueno inquebrantable búscame en la lluvia de sensaciones; daga de lo inconcluso, ojalá no vengas cuando esté en los brazos de Morfeo y tenga que convencer a mi ánima para que vuelva a refugiarse en esos días que ya no le pertenecen.
Ya he medido la talla de estas esperanzas que aún mantengo, y no quepo en ellas. Vara y viga con que se miden lo celestial, no hagan sus cuentas delante de mi triste destino y en el silencio que inunda mis ojos.
Runas y presagios que alguna vez he visto ¿qué me dirán ahora que desatiendo las leyes de lo que era real?
Rezos apocalípticos y certeras dudas de los que no es, no quiero llegar a ser un oráculo de falsedad; un recuerdo sosegado, de lo que tendría que haber sido.
Vaga crueldad que muere cuando muere la necesidad y la avaricia, déjame seguir, no me tomes prisionero de éste rodeo sin nombre, que ahora me libro de algunas palabras y salgo de mí, a ver otros cielos y otras verdades.
Vida que llamo muerte, y final que llamo liberación, calla y sigue, que yo te sigo y luego hablaré de todo eso que tendría que haber sido, y jamás fue.


EL MALO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Había un hombre que era malo.
No era malo por que no compartía sus cosas.
Era malo por que todos decían que no compartía lo mejor que tenía.
Era malo por que a todos les había dado sus posesiones, pero no la voluntad de obtenerlas.
Era malo por que a todos les había otorgado su tiempo, pero no las vivencias que se encerraba en él.
Era malo, por que a todos les había regalado el arte que hacía con sus manos, pero no les había dado el don que poseía.
Era malo por que les había otorgado los castillos que había construido piedra por piedra, pero no, el conocimiento para erigirlos.
Era malo por que les había regalado varias fotografías donde se lo veía en todas las partes del mundo por donde había viajado, pero no les había dado la pasión por hacer cosas.
Era malo, por que les había mostrado a uno y a varios maestros sabios, pero no les había dado la comprensión para llegar a sus palabras.
Era malo, por que les había regalado sus inventos, pero no la curiosidad para generar nuevos sueños.
Era malo, por que les había regalado la forma de morir en paz, pero no les había explicado como hacerlo.

Un día conocí a un hombre que era malo.
En su tumba dejé una rosa y hablé con él.
Y supe por qué era malo.
Por que en silencio y luego de visitarlo miles de veces, me había regalado el secreto de la inmortalidad; pero no me había dado, la forma de llegar a ella.


lunes 10 de diciembre de 2007

INVISIBLE COMO ANTES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Es viento, ahora que mis manos venosas y marchitas se entregan al compás de la locura, que escucho las voces de la oscuridad; que me llaman, que me nombran, y me dicen que falta poco para que esas caricias que ya me han abandonado, vuelvan a mí, como vuelve el mar solitario a contarle a las rocas, que vio un ave aventurera cerrar sus alas en pleno vuelo, y con paz, se dejó caer por que todo ya estaba hecho y cumplido.
Miren nubes mi andar errático que marca la única perdición que encuentro dentro de mí, que me detiene y me obliga a quedarme sentado junto a estos fantasmas de ojos negros, que con temor, miran los desperdicios de sus recuerdos y se preguntan dónde se encuentran; miren nubes, que ya escucho esas buenas nuevas que canta el rocío, y me dicen que quizás un día la niebla me envolverá y me posará sobre un relámpago, y juntos recorreremos el mundo, dejando tras de sí, solamente una luz de colores repleta de misterios.
Lugares que he andado, ahora que mi boca vacía de dientes está y mi lengua se ha dormido para nunca más despertar, es que comprendo que yo los moldeaba y les daba vida y no, ustedes, lugares, a mí.
Sitios ajenos a mi presencia por donde he dormido, trabajado; por donde mi sombra aun se pregunta adónde me he ido; lugares, ya no me aprisionen y no retengan mis recuerdos ni mis cosas ni mis ganancias, por que ya ven, que aquí, desnudo, entregado y solo, iré a bañarme de luz, a reír todas las alegrías y a llorar todos las yerros; lugares, váyanse sin mí, que lo que ustedes tienen, no me sirve para pagar las deudas que ahora tengo con esos, que no sé por qué, se aparecen en mis sueños y tocan mi rostro por las noches para que no los olvide.
Amores sexuales y fiestas sin control que aún me hacen reír al recordarlas, sé que todo fue mágico para remendar algunas soledades y algunos espacios en mi vida; me despido ahora sabiendo que no todas las olas mojan el alma aunque pertenezcan al mismo mar.
Espacios, mundo, abismos cavernas y misterios; perdónenme si no los he recorrido por completo, es que siempre fui temeroso de dejar mi espacio... y ahora que lo dejo, río y lloro, al saber que mi espacio era el mundo.
Ángeles centinelas que ahora me espabilan, y me sorprenden con sus historias; no dejen que parta sin antes devolverle al viento todas sus historias y secretos; no dejen que me vaya sin retornarle a mis caminos todos sus pasos y sus sinsabores; centinelas que ahora me espabilan, que me llaman, que me nombran y que me dicen que todo está presto para traspasar algún umbral... no me dejen partir, sin agradecer todos los alientos y perdonar todas las heridas
...Es vida, que ahora me pregunto: ¿Esto es la muerte?
Y me vuelvo niño, y ya me hago invisible como antes, y digo adiós a todos mis equipajes y me voy a pedirle al mar, que me lleve sobre sus olas, por que quiero ser como esa ave, que un día cerró sus alas en pleno vuelo, y se dejó caer en paz; por que todo, estaba hecho y cumplido.


CANCIÓN PARA CUANDO SEA UN FANTASMA II

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Tengo un modo certero de escapar a esta inconsciencia, esta impaciencia que se vuelve grave, muy grave, cuando me despido de lo que no tengo y voy a buscar eso que sueño y nunca alcanzo.
Invento una tarde de sueños; sueños fatigados que de ya ser tan soñados, se han vuelto pesadillas para los que desandan los caminos y se disfrazan de tristeza a la hora del recuento final; y sueño que soy un principio, y mira que gentil es el tiempo conmigo, que me ha dibujado un principio, que se muerde la cola con su propio final.
Y tal vez sea un viejo suspiro, una resonancia de la nada, un avatar de la ignorancia; un péndulo inmovilizado que marca solamente las sombras que se quedan... a esperar que el sol las refleje.
Y es que creo vida, que tengo una magia exacta, donde decido donde ir, donde caigo a un precipicio y finjo ser un ave que se ha quedado solitaria de vientos y esquiva de nuevos cielos.
Y es... que invento una noche de aciertos donde jamás estoy solo y las luces iluminan todo mi hogar, y no existen esquinas tristes, ni domingos por venir donde tenga que reencontrarme con estas canciones para cuando sea un fantasma.
Sé que tengo un modo exacto, para mostrarte vida, que aún no he muerto; pero me es tan ajeno, que mejor me quedo mintiéndome en esta oscuridad, que un día escaparé a esta inconsciencia, que me tiene atado, y que se ha vuelto grave, muy grave... como un sueño soñado tantas veces, que se ha vuelto una pesadilla.


CANCIÓN PARA CUANDO SEA UN FANTASMA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Mira las estrellas por mí, míralas caer relucientes, guerreras y distantes; mira las estrellas caer por mí esta noche y me verás ahí, llegando a empezar un destino desde el cielo, esperando por nacer en alguna luz que lleve un misterio que tiene mi nombre, y que no es diferente al tuyo; mira las estrellas caer por mí.
Mira al sol caer; míralo caer esta tarde y escucha las palabras que abriga el espacio cuando se despide hasta la próxima mañana, míralo caer y verás que siempre vuelvo a buscarte como él, y que siempre despierto cuando el alba me nombra; mira al sol caer por mí...
Quédate frente al mar por mí; quédate a esperar una madrugada con mi nombre, y sé que el viento te traerá nuevos caminos con los que construirás ciertas esperanzas; quédate frente al mar por mí, y no te apartes de las olas que ellas te avisarán que pronta mi presencia estará buscando tus sombras para volverlas pasado, y a tus plegarias una verdad.
Mira las estrellas por mí esta noche; míralas relucientes y distantes; y escucharás que te dirán mi nombre, para que puedas continuar, para que puedas reemprender tu camino...
Y ahora me llevo un misterio que lleva mi nombre, que te esperará en los sueños, en tus sueños... en silencio, en un cielo, que ahora es todo mío.


martes 27 de noviembre de 2007

DRAGONES DE LOS OCÉANOS (Mil Ojos)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Esos caminos que se hacen de promesas inconclusas se repliegan en mis ojos, y me vuelven ciego de fantasías y prometeo de otros finales que adoro en la letanía de una vida tenaz y aventurera, que sólo veo forjada en sueños y en recompensas inexactas que recibo por hacer algo; drama falaz de quimeras y astucias repartidas me llaman, y vacío despierto...
Sitios perpetuando algún crimen en contra de mis razonamientos recorro, que me pintan el alma de sucios recuerdos y esperanzas de lodo, que no tengo, que invento y aún sabiendo de mi ardid, soy feliz por instantes, por que eso, es lo único que tengo, lo único que llevo... un equipaje liviano, en el que persigo un mar de huellas que reviven cuando no sé hacia donde ir.
En rimas grises y desiertas, Quijotes perdidos en la niebla, viejos que sueñan con pescar un enorme pez de Cuba y en cementerios de Ginebra vaga mi mente atónita, estólida, recurrente a los mismos artilugios y a las mismas mañas, que se percatan de mis límites y me dibujan noches solitarias rodeado de voces, sentado a mi vieja Remington, esculpiendo ya viejas frases que serán renovadas algún día, por otro buscador de esqueletos, el cual les dará nueva piel y los hará hablar hasta que se vuelvan nuevamente dinosaurios olvidados de palabras.
Sinceridad que violo, y asertividad que a veces practico, se quedan encadenadas a la patas de esta mesa enclenque; vítores de papel picado y dinero fantasmal, se basan en los rescoldos de estas páginas que ya he encajonado mil millones de veces y que me han soñado, para que las vuelva a encajonar en la memoria de lo no-resuelto, que llevo en mi historia.
Y... pienso entonces, en esos caminos que se perpetúan en mi conciencia; ladrones aguerridos de incómoda diplomacia, que me lavan los ojos con lágrimas del ayer y me dejan repleto de obscena y perpleja nostalgia... que se forjan en sueños, y despierto vacío... hasta que me siento a mi máquina de invenciones y despiertos a los dragones de los océanos y me acerco a mi estimado Plutarco, a comentarle que hoy, la musa de mil caricias, no ha querido venir a despeinar mi mente.
He invento silencio... y lo decoro con momentos, y le pinto un día para que se vea verdadero; y, cuando todo termina, me despierto vacío, hasta que la magia vuelve a mis manos, y mil ojos se posan en mis locuras, Dios sonríe, y todo... todo... vuelve a funcionar una vez más.


sábado 24 de noviembre de 2007

CARCELERO DE ANGUSTIAS (Furia)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Navegante de mil mares, compulsivo de horizontes y distante de desaciertos soy, aquel que ves cuando no hay nada y la manada tiembla, yo salgo adonde acierta el jamás y donde enmudecen los vocablos; ahí voy, donde no hay nada... y levanto un castillo.
Lobo solitario y diamante en bruto voy, como esas llanuras hondas de preguntas son mis ojos; curiosidad latente que encierran mil preguntas debajo de mi lengua y aunque con un millón de dudas sigo y enfrento, como aquella ola que se deshace y se vuelve a armar sin preguntarse por el ayer y sin pensar en el mañana... ése soy, éste que le miente a la muerte un día más y a la vida una sombra de desaliento.
Y mi frente coronada de jamases y mis pies descalzos enlodados de artimañas, mis manos sucias de destierro y mi andar esperando un buen ritmo; ése soy, el que siempre falla, el que acierta cuando llueve y calla en las mañanas, un rey sin corona, un mar soñando faros que lo guíen a un descanso.
Navegante de mil mares; el que grita cuando todos callan, el que vuela en la niebla y desaparece entre mil lanzas de perdición sin temer a las heridas; maniático de olvidos vividos y constante ausente de las deudas de algunas heridas que aún sangran, ése soy, el que se cuela entre los mordiscos de animales carroñeros para elevar su alma, y entabla desafíos con demonios alados que un día encontrará prestos a la furia.
Aquí me ven, éste soy, ése que una vez dormitaron con palabras y ahora lamentan con ojos abiertos e incrédulos; ése, que una vez fue carcelero de angustias y mensajero de lo no escuchado; éste soy, el que viró su viento hacia lugares de los cuales todos se escondían, el que maniatado de pies y manos enhebró mil decisiones para construir un destino, y el que en silencio pródigo, estudió las raíces de la oscuridad para dejarse morir en las manos de esos ojos velados, que ahora aciertan en alarmarse...
Navegante de mil mares, desierto de distancias y de dudas; ése soy, éste, que vaga en el desierto, y aún entre risotadas y vehemente burlas, construye un palacio con sus manos atadas y su boca cerrada. Confuso de nostalgias y repleto de momentos latentes, éste soy... ahí voy... y donde nada existe, levanto un castillo.


viernes 23 de noviembre de 2007

EL POSEÍDO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

He despertado aún soñando, que era blanco de ridículas y destartaladas magias que amenazaban con fundirme en una obcecada y reluciente batalla entre ése y yo, que no éramos sino más, que un subterfugio de incontables apariencias; por que en sí, éramos lo mismo, unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, centinela de la discordia uno y, amante de la exactitud el otro. Ojos perversos; lejana luz de piedad, cercada por una intuitiva e invisible furia de tormentos y perdiciones.
Retahílas indescriptibles se aúnan en mi paladar; espesas palabras de oro, mezcladas con hechos de lodo, carcomido por la diferencia y el hartazgo, me entrego al más fuerte, aquel, que mira la vida como Aquiles y Alejandro, y canta las abundancias de Aristóteles y Séneca y destierro al fiel polizonte de las dudas y mentiroso de los hoy desaprovechados.
He despertado aún soñando, que era el fustigado perseguidor de inocencias perdidas, esas que no vuelven, aquellas que moldean el alma y la vuelven un diamante en bruto destellando promesas y pesadillas; y cuando lo ciego se cierne con sus lanzas, aparece ése yo, el mutilador de miedos, el león insensato que mata por el placer de acechar; el que lleva el rencor inmediato, que vocea el nombre de la frialdad en los letargos de las soledades y acapara la oscuridad, y con ella se envuelve en orgías de silencios y viles maniobras.
Y somos uno; sincero artesano de lo sensible uno, constructor de murallas normandas y espadas afiladas el otro. Ojos fugaces, riñas de lugares y sombras que cobran vida en lugares imperiosos, deshabitados, tenebrosos, donde habitan ángeles negros de miradas azules y victorias fáciles que mienten a un Dios, que pide dinero a través de hombres codiciosos; señuelo implacable que me lleva a revelarme contra el horror que he visto, y enmaraña el silencio de estos labios con secretos de vida y un infinito repertorio de muerte.
Silencio... Rancia y aletargada rosa que desflora en rincones de llantos que aún se escuchan; fantasmas sin ojos y sinceridades aparentando ser mentiras. Cielo desvestido de estrellas, luna creciente y sueños de caótica paz que está pendiente.
Guerrero destructor uno, sabio de realidades el otro; y ambos en uno... unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, que ya estaba perdida y ganada a la vez.
He despertado aún soñando... que era... uno.



miércoles 14 de noviembre de 2007

CANTAR DE DESILUCIONES Y TORMENTOS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Descansan en mis trivialidades, estas hordas de esgrimidas lamentaciones sin justificaciones que hoy, se vuelven ciegas transeúntes de esas calles que ya estoy harto de caminar.
Repelen estas magias disueltas que una vez supe tener entre mis manos, las sonrisas que me regalaron en justa contienda con la vida, y que tal vez, por creerme tan merecedor de ellas, las vestí de soberbias y eternidad, pues creí, que siempre iban a estar a mi lado.
Se funden entre estas escasas posibilidades, las maltrechas acechanzas de algunas alegrías que alguna vez fueron mías, y que hoy se quedan harapientas esperando a mi puerta por un poco de comida y exquisita pensión que ya no puedo otorgarles; se calman, aquellos impertérritos y dolientes resquemores que me dejaron algunas traiciones; que por un momento, me dejan ver mi cuerpo flaco y disuelto en tanta agonía imaginaria, que no sé, como puede ser que un sentimiento tan distante hoy para mí, me deje tan esquelético y afanosamente perdido en medio de este cantar de desilusiones y tormentos.
Ruedan algunas plegarias sobre mi lengua; se gritan a sí mismas, estas atontadas secuencias de palabras, que no hacen otra cosa que llamar lo que ya no espero; fiebre de perdición es lo que hay, silencio consonante con esas lamentaciones que dejé en el perchero y que azuzo algunas veces para que me encuentren distendido en algún sitio, y recordarme que la felicidad es prudencia de acción, y pureza en el tiempo que se regala en abrazos si se sabe aprovechar.
Parece quizás, que se amargan estas insensatas peroratas, para informarme que sólo sufro un poco de amor perdido en el tiempo; y se ven mis heridas, a través de prismas que agigantan mis dolencias.
El viento zumba con aullidos y ya duelo los placeres de los sentimientos no correspondidos, y fiel me quedo a mis convicciones, antes de despertarte y susurrarte que ya caigo en tragedias, antes de haberte perdido.



sábado 3 de noviembre de 2007

MANOS DE VIENTO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Hubo un hombre que lloró sus días, y de sus ojos cayeron perlas preciosas; junto a él, hubo una mujer que las recogía y se hacía collares de amores vacíos que jamás volvería a ver.
Hubo una mujer que soñaba su vida como el mar, y de sus labios crecían olas enormes, como esas olas solitarias que quieren alcanzar la luna; y en ellas, se bañaba un cuerpo de hombre que era tocado por miles de olas y que luego de un tiempo, invariablemente se perdían en lamentos.
Hubo un día un hombre que soñó que era libre y de sus manos nacieron caricias de mañanas y en él, bailaban las clemencias de una mujer que era presa de su amor por los horizontes.
Hubo un día una mujer que rió su felicidad por ver la luna nacer, y en su inocencia de lo simple se escondía la vehemencia de lo infinito... y cuando me acerqué a ella y me senté a su lado comprendí que aún teniendo lo soñado, mis manos eran de viento y mis razones logros inanimados que un día se perderían.
Le pregunté que era la felicidad y el amor, y ella riendo nuevamente, me señaló el mar y me dijo: “Hubo un hombre que lloró sus días...”
Y todo lo que tenía fue nada, a la simpleza de un momento.



viernes 2 de noviembre de 2007

BRUMA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Solamente un extraño que va lamentando el haberse encontrado soy, ya que ahora hasta el poco tiempo que me queda se enmudece consternado ante la presencia de mi sensatez repentina, que es digna de verse cuando reconoce que soy un ser, que fue dando más interés a las cosas que a su propio designio de ser alguien.
Entonces habité casas y no hogares, transité por caminos y no destinos; me embriagué de agua y no de mares, disfruté de compañías y no de amigos; cavilé en desatinos y no en sueños y vestí algunas modas pero no ropas, compuse algunos compases y no melodías, viví algunos días pero no, una vida.
Solo y lejano, indeciso tal vez y un poco acertado al decir que voy muriendo, me encuentro siendo un contrincante de todo lo que he juntado a lo largo de mi existencia, que ahora no sirve, que ahora me molesta, y no me deja ver lo que realmente necesito.
Estupefacto de conciencia y rodeado de un halo de inteligencia, le exijo a mis sentidos que me dejen en paz, y se dignen de evadir los yerros de este no-muerto, que pide un poco de clemencia cuando realmente se da cuenta que lo realmente importante, se le ha escurrido de las manos.
Desalentado e incongruente, le digo a mi paladar que deje