miércoles 24 de diciembre de 2008

CAÍDA PRIMORDIAL

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Y el viejo samurai ya obsoleto de toda causa, duda y objeto, atento solamente a las crecidas del mar, a las venturas de los árboles; iba caminando mirando el horizonte y decía casi en susurros:
—El destino es una prisión en la que existen variantes, sí, pero jamás se escapa de ella porque cada cual tiene su espacio dentro de esa celda que tanto se parece a la libertad.
Los lobos marinos se dejaban caer sobre la arena, firmes, opacos. Una gaviota con su andar patoso, llegaba a un tronco caído muy cerca de una duna y se quedaba ahí.
—El esperar al tiempo, es la tregua que da el alma para reconocerse y seguir andando. No es más que eso, sólo eso, y nada más —dijo, miró el sol asomarse sobre las olas furiosas y prosiguió—: Dios latente que vive en todas las cosas y en todos lados está, sin saber cada uno, que está en todos lados porque lo llevamos dentro y cuando viajamos lo esparcimos, como esparce el viento el anuncio de la primavera venidera; dime Dios ¿Qué ganaré retando a mis días que ya se han ido? ¿Qué ganaré retando a mis días que aún no han llegado? Pues es tal vez que si reto a mis días que ya no existen, yo tampoco existiré en este momento; y si reto a los días que aún no han llegado tampoco existiré en este momento ¿Y qué es este momento Dios de todas las cosas; sino, yo mismo?
Miró un bote rolando muy cerca de la bahía. Los pescadores ya preparaban sus sedales y los barcos de mayor porte ya elevaban sus anclas para adentrarse a las aguas.
—Seré nada. Seré como una palabra que es hablada y luego olvidada si no me transformo en este momento; y así, solamente así, me volveré tiempo y jamás, jamás volveré a perseguir mis otoños y veranos —Dijo. Una sonrisa se dibujo en su rostro—. Dejaré de vagar entre la niebla y trataré de asir las nubes con mis dedos y a la luna con mi corazón; beberé de la inocencia que deja lo visto mil veces multiplicado por un millón y daré rienda suelta a la imaginación para entablar una nueva relación entre mi mundo y el mundo en el que siempre he tratado de vivir.
—Dejaré en tus manos lo que veo y dejaré en mis manos lo que no veo. Me dejaré caer en las tinieblas de lo que es, y saldré renovado como sale renovado el hombre luego de probar su valía, como sale renovada la mujer luego de dar vida. Será una caída primordial y me transformará; porque de no caer, no sabré como volverme tiempo; no sabré como volver a percibir mis días con la magia que trae cada amanecer.

El viejo samurai siguió caminando tranquilamente.
Sus sandalias se hundían levemente en la arena; aspiro un poco de aire que le traía salitre del mar. Miró al sol elevarse un poco más y lloró por ese espectáculo grandioso que le era entregado directamente a su alma. Fue que descubrió por vez primera la alegría de la vejez y la pasión de no perder el asombro más allá de tantos años vividos.
Se sintió rico, se sintió pleno; y, lentamente tomó el momento entre sus manos y la valoró como algo irrepetible.
Dijo algo en voz baja. Rió emocionado y dio gracias por ese espectáculo grandioso.
Cuando ese instante pasó, él también pasó; y lentamente, desapareció con el viento hacia el mar.
Sus huellas quedaron truncas muy cerca de algunas estrellas de mar. Dicen que se ahogó; dicen que subió a una barcaza y desapareció para siempre.
Yo digo que solamente partió a buscar un momento intenso, donde siempre pudiera asombrase y dejarse llevar por los milagros que se encuentra en lo simple y efímero.


DESEQUILIBRADAS LÓGICAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

El miedo me ha llevado una porción ganada de desafíos por venir y la valentía, sueños y reproches por las noches donde habitan fantasmas de lo que no fue, que se burlan de mi porte oscuro y desalentado.
La ansiedad me ha dejado imperfecto y la pereza incompleto; la avaricia con un saco a cuestas que no puedo mover, y la desidia con la miseria abrazada a mi aliento.
Soy el portador de la insensatez que a veces se vuelve lógica y habla de un equilibrio que aún busco.
La confianza excesiva ha dejado recuerdos que no deseo ver, y la cobardía, días que miro de soslayo a otros vivir mientras rechino mis dientes.
El fanatismo me ha dejado pobre de decisiones e inteligencias, y el descreimiento la incapacidad de asombrarme por lo cotidiano.
Lo excesivo me ha llevado al aburrimiento, y las carencias al resentimiento.
La envidia me ha dejado un vacío extremo luego de obtenerlo todo; y el desinterés, el resurgimiento en mi vejez cuando ya todo había pasado.
Es, que soy el portador de la insensatez, que a veces, se vuelve lógica.


EL ESPERANZADO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Existieron saberes que me hicieron libre, y otros, que apresaron mi libertad; y cavilando sobre mis ciencias, tomé mis instrucciones necesarias y las cambié por decisiones nuevas jamás tomadas, y me llamaron sabio.
Existían por entonces, placeres que cobijaron mi curiosa humanidad, y otros, que esclavizaron mi integridad en una porción de piel; pasó entonces que pensando en mi naturaleza, percibí mis instintos básicos y los cambié por sentimientos que dejaran algo en mí, y me llamaron conocedor del espíritu.
Había temores que me hicieron valiente, y otros, que habían saciado mi sed de cobardía; y comprendiendo mis limitaciones, conocí las sombras tribuladas de mi alma y las cambié por entendimiento sin perjuicios, y me llamaron precursor y temerario.
Existían amores que habían hacinado mi corazón en caminos sin nombre, y otros, que me habían llevado al cielo a conocer la eternidad; y despertando mis heridas, las cambié por la fascinación de entregarse a la vida, y me llamaron sincero.
Existió una vida que me había dejado días a la deriva de mis sueños, y otros, que me habían dejado la sensación de ser magnánimo e imperecedero; así que los tomé, y los cambié por realidades esperanzadas y palabras que siempre seguirán rondando en la mente de los que desafían al silencio; y, me llamaron inmortal.


viernes 5 de septiembre de 2008

NÚMERO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Y ahora, ahora me llevaré tu vida en mi cruel corcel de estirpe de nunca más, y ella, se relajará a mis manos y seducirá mis sueños. Ahora es mortal que os verán tal cual sois, tal cual eres, tal cual jamás serás.
Vente a mis efluvios de pesadillas, y quédate allí a esperar a que se nuble la vergüenza de tus matadores y que se cubra de fino desdén el adiós de aquel que te amó... sabes que nunca sucederá...
¡Quédate ahí mismo y escucha mortal! Inacabado de irá tendrás que recorrer las injurias de tus vetustos dictámenes y tus innecesarias lógicas, cuando tus huesos empiecen la danza hacia mi lugar y tu boca hable de mi sombra y de mi halo.
Vente a mi hado de nostalgias y a mi sino de locos, que mojaré mis pulgares con tu sangre y esconderé tus párpados bajo una obscura y dorada diadema de silencio, que vendrán a preguntar por ti, y yo, les diré que nos estás aquí, y nunca lo estarás.
Sabes que jamás sucederá.
Seduce a mi suerte desmedida que ya renace en tus entrañas, y siente el fin del comienzo de tu viaje negro. ¡Vente con éste legionario de siempre que se llama muerte, y mortal...! siente la dicha de ser uno más, y siente el número de ser distinto.
Aparta la locura de tus retinas y que se vista de fino y pulcro desasosiego, porque jamás comprenderás lo que sucede aquí.
Sabes que nunca sucederá...


BORGES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Exacerbado espíritu de misterios, que se fue quedando ciego y tan afilado como una Excalibur perpetua que aún, acapara las mentes y los corazones de algunos buscadores de tesoros dentro de un papel, ¿Dime que haré? ¿Adónde iré a buscar mis fuegos fatuos y mis excelsas frases, que aún no adornan mis sueños...? dime viajero de un final escocés, qué hacer ahora, que los compadritos se han callado y las esquinas de un viejo Buenos Aires se han quedado a la espera de otra vuelta de hoja.
Quimérico y delicioso deletreo del más allá, que elevado en los cielos aún sigue parafraseando a Dante y a Aristóteles, dime qué haré con estas letras sueltas dentro de cajones húmedos, que bogan por salirse de sus pesadillas y formar parte de algún risueño principio que no cuenta sus finales. ¿Qué haré ahora paso lento e inteligente y tacto versátil sin vueltas y sin miedos? dime qué hacer, ahora que no se renuevan esos espacios blancos, que sin tener en cuenta su estatura y grandeza, trato de llenar con un suspiro de intrínsecas y locas letras que, sólo atienden lo efímero del momento y se quedan en el olvido de una página amarillenta, nunca más leída ni revisada.
Líder de un paraíso algo tremebundo y díscolo hombre que supo de sus verdades y sus verdades supieron de sus caminos, dime qué hacer, cuando las ansias de un amanecer con mil frases en la mente y mil hojas ataviadas de oraciones, no se presentan, y me ejecutan con un silencio sepulcral casi indómito y demoníaco; dime qué hacer... dime qué hacer; rostro mágico que se presenta una y otra vez sin ser recuerdo, sino, la memoria de un testigo viviente de que realmente existe la perfección cuando el alma dispuesta está.
Silencioso y mágico espíritu que se fue a soñar más bibliotecas a un ancho mar de sabiduría, visítame a toda hora, cuando ya no quepa en mí la valentía de decir algo y quiera decirlo en la forma exacta, para que el amante del ejercicio silencioso, quede maravillado, como queda maravillado el niño al escuchar las historias del que bien las sabe relatar.
Espíritu de misterios, y grandeza que ha cambiado de forma para escribir otros versos que aún no han sido descubiertos... dime qué, hacer, cuando la lluvia de ideas pasa de largo y la página matinal aún no se desespera por ser parte de esa historia que tanto espero.
Mágico y silencioso espíritu, dime, qué hacer...


MIGAJAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Perdurable emoción que se arraiga en mis huesos, es la que me ve con el alma partida, buscándome en los recovecos de mi conciencia, para apartar esa inconsciencia a la que me veo sometido.
Reacción violenta que se solventa en palabras y que huele a destierro, es la que me atiende con el alma a pedazos, cuyos trozos voy juntando, mientras la vida me explica el dolor del amor y el descanso de la muerte antes de morir.
Bajeza y letargo de acciones que se remilgan bajos mis párpados, son lo que me ven volver al punto de partida, cuando tomo malas decisiones y me atrevo nuevamente a culpabilizar al idiota de turno que me mira de soslayo y se escapa invisiblemente antes que le amerite el hecho de consumir mi tiempo en ese escaparate de momentos perdidos y olas del ayer que se llevan todo y sólo dejan aquellas migajas que ves allí.
Perdurable emoción que vela por mis palabras a destiempo y por mis estupideces venideras, no me dejes aún... que siento a veces, que acertando me estanco en estas risas de papel y algarabías de espumas; y errando, aprendo más adonde voy cada vez que me yergo y enjugando la sangre de mis rodillas, sonrío, porque me siento vivo al saber donde van mis pasos y donde se dirigen mis días.
Perdurable emoción que vela por mis estupideces venideras, no me dejes aún, que el cielo se sienta a esperar que mis huesos bailen y mi boca se despierte, que acertando, sólo hago silencio, y errando, hago caer el velo de mi estoica eficacia y se revelan millones de caminos.
Perdurable emoción...


viernes 8 de agosto de 2008

MENSAJEROS DEL OLVIDO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Creo que una tarde, me dispuse voluntariamente a cruzarme en el camino del viento, para esperarlo entre los árboles y decirle que se acordara de traerme aquellas veloces nuevas oportunidades que mis ojos esperaban.
Si mal no recuerdo, una noche me dispuse casi cansinamente, a robarle un poco de tristeza a la luna para redactar algunas frases; y mientras eso sucedía, le dije que no se olvidara de crearme nuevas voces de aliento, para aquellos que caían presos de sus amores.
Una madrugada sin más, me apeé de mi cuerpo dormido y con los ojos entrecerrados y el rostro mullido de misterio, volé cerca de algunos ángeles que se cruzaban entre nubes de marfil y cielos de octubre; y, mientras eso pasaba, les pedí que no tejieran leyendas en sus mentes sobre esos seres perfectos que paseaban debajo de sus alas, que, de tan deseosos de la vida, se habían vuelto brutales bestias que soñaban la nada, y sus sonrisas, solo reflejaban gestos soberbios de los mensajeros del olvido.
Quizá una tarde, me quedé sentado en este banco de plaza, descascarando los días y peinando los errores para que no fueran tan visibles, y mientras eso sucedía, me quedé dormido sobre mis contrariedades; y sin saberlo, un día por venir se cruzó con mi sombra, y me fui con él, mientras me pedía que no me olvidara de reclamar mis momentos presentes que envejecían entre el deseo y el primer paso.
Creo que una tarde... desperté entre una fina llovizna que se colaba entre las copas de los cipreses y andaba latente esperando el movimiento de los pinos; y, mientras eso pasaba, pude ver como se despedían los segundos de mi existencia, y puse en aviso a mi alma, de que un fino hilo de plata tan frágil como una caricia, era lo único que nos unía a los pensamientos del ahora y la eternidad.
Tal vez fue una tarde, en que creo dejé de ser mañana y me volví hoy, dejé de ser sueño y me volví hecho; dejé, de ser palabra y me transformé en camino, dejé de ser planes y me volví vida.
Si mal no recuerdo, creo que una tarde, empecé a vivir.


APÓSTOLES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Y es que el hombre se detiene al borde del mar y me dice:
—El rito de la vida se había vuelto imperturbable, y la estoica manera de enfrentar los hechos, era ya solo una franja de memoria distante, que traía ecos de algún asombro. El sueño de un atardecer en amores, se había vuelto una retahíla de números absorbentes que se los llevaba el dinero, y las sonrisas por el descubrimiento de lo cotidiano, era ya una figura quieta que no llevaba distinción a lo burdo y a lo ordinario. —Baja un poco la voz, mira sus pies, me mira. Mira el sol cayendo, sonríe y prosigue:
—El tacto y las caricias pasaron a ser una fascinación por el lujo de parecer idiota y la manera de atreverse a aventurarse al ridículo; una potestad propia de los que deseaban ser simios. El arte pasó a ser de valía para esos de caras enjutas que no sabían más que pensar y repensar dentro de sus pensamientos; y el canto de los pájaros, una molestia desafinada que horrorizaba a las latitudes de mis máximas aspiraciones. La muerte no era un hecho, y la vida sólo un simposio que albergaba a ganadores que paseaban a sus vencidos como perros falderos o huéspedes de derrotas a las que había que subrayar, estudiarlas y jamás repetirlas; el miedo, un infatigable y achacante error de los que sabíamos, jamás llegarían a ser o hacer algo de su vida.
—La nieve era una tortura blanca, la sonrisa de los niños un aventón a la ridiculez; el dinero, una herramienta para comprar almas y violar cuerpos incorruptibles de bajo y alto valor; la lluvia, sólo una sinfonía dislocada que no traía más que lodo, suciedad y un viento agostado que aún en los más hermosos paisajes yo no quería ver ni sentir. El cielo se volvió un transeúnte rígido que emigraba con sus andanadas de nubes mocas y molestas, y el alma, una tibia mentira que había que inculcarle a los apóstoles que buscaban una salvación de cartón que siempre... tenía un precio...

Y es que el hombre da una pitada más a su cigarro, me mira cansinamente y me dice:
—El día que empecé a sentir todo eso amigo... fue el día en que empecé a morir —vuelve a sonreír un poco lastimosamente. Aspira un poco de aire nuevo, cierra los ojos y exhala. Silencio de palabras y el sonido de las aguas furiosas se lleva un poco de tiempo y de experiencias pasadas—.
Entonces nos quedamos mirando caer el sol en silencio, mientras el mar nos contaba sus secretos entre murmullos de olas y gaviotas; esperando, tal vez al igual que nosotros, esas respuestas que nunca vendrían.


sábado 2 de agosto de 2008

CAMBIAR (para siempre)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

En algún silencio, fue que se ha escondido el secreto de mis visiones y pasiones, y hecho eso, se quedó dormido en un rincón de mi hogar, para sucederme y perderse en mis días y a fin de cuentas, acertar al que venía después de mí, para que fuera feliz y pudiera disfrutar de mis valores y decisiones.
Fue que en algún silencio, se quedó grabado un santiamén de mis dudas y una eternidad de mis convicciones; y luego, se fue a navegar entre mares de otros mundos, lejos de mí, lejos de aquí, y no fui más que un espectador gris, de un nuevo mundo que sabía jamás vería.
Renegado de supuestos y faltante de certezas, me adueñé de algunas explicaciones y escapé de mis lugares para recorrer el planeta y comprender los momentos que se rejuntaban en mi conciencia...
Y encontrando los cielos, sólo pude comprender los infiernos, y ganándolo todo, solamente pude comprender la escasez. Fue que amando la vida vislumbré la verdadera muerte, y hundiéndome en orgías de amores, comprendí las melodías de la soledad. Y encontrando leyendas encontré algunas historias y despilfarrando sonrisas fue que albergué la verdadera tristeza en mis labios. Encontrado a Dios fue que supe la verdad de mi naturaleza y forjando un camino, encontré la explicación de todo lo creado y lo que se avecinaba en materia y aún dormía en los pensamientos de los que ven antes de parir la verdad.
Y supe...
Que las distancias son sólo pasos, y lo imposible sólo una palabra antes de obtener; fue que diluviando entre lágrimas comprendí la grandeza de la felicidad, y conjeturando caminos que se atrevían a desafiarme, encontré la verdadera aceptación de lo que era la libertad.
Es que creo que una tarde y en algún silencio, fue que se había escondido el secreto de mis visiones y pasiones, y hecho eso, se quedó dormido en un rincón de mi hogar; entonces, lo desperté lentamente y me dije que ya no deseaba ver pasar la vida... entonces abrí la puerta, y me fui a recorrer el mundo, con él a mis espaldas, y una esperanza que se abalanzaba como un torrente de nuevas cosas, que sólo eran para mí; y fue que comprendí entonces la verdadera noción de lo que era una decisión, di un paso, y cambié mis días y mi vida... para siempre.


viernes 4 de julio de 2008

EL CREYENTE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Aquel, me había enseñado que era imposible hacerlo.
Hoy que se ha ido, sólo me dejó la enseñanza certera, de que lo imposible es un comienzo, y no intentarlo es perder.
Ella, me habían inculcado que el miedo es lo que agradaba al cielo. Y hoy, que se ha ido, sólo aprendí que el miedo es ver pasar la vida y ser valiente, es crear nuevos caminos.
Ellos, me habían convencido que ser servil es ser bueno y temeroso.
Hoy que se han ido, sólo aprendí que ser servil es vivir de rodillas y rebelarse a lo ordinario, es tomar decisiones únicas y responsabilizarse por ellas.
Aquellos, me habían explicado que ser exitoso desagradaba a ese Dios.
Hoy que se han ido, sólo aprendí que ser un fracasado agradaba a los hombres que administraban a Dios, y que ser exitoso y pensar por sí mismo, un peligro para el poder.
...Y ahora que quedé solo bajo estas luces de invierno, el viento es el que me azota el rostro.
Yo, fui el creyente de otras voces que se disiparon y que ya no existen; y por hacerlas verdad, vendí mi destino a un céntimo de su valor real.
Hoy soy un anciano que murmura que un día alguien le dijo que era mejor vivir, que perder la vida por un sueño.
Y hoy que se ha ido, sólo aprendí que la vida se empieza a apagar cuando los sueños que pudieron ser, lentamente carcomen el alma y el resentimiento cubre los ojos.
Y ahora que soy anciano, sólo me quedo aquí, relatando las leyendas de los que fueron tan dignos de la vida, como para hacer realidad sus esperanzas…


IR

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Debo decirte que algunas veces aparezco en ausencias y me pierdo en los días que me esperan pacientes.
Creo y debo confesarte, que amo el peligro que encierra la soledad y las historias cuarteadas que esconde la muerte; y no, por ser tan oscuro como debes pensar, sino, porque sé, voy hacia un fin inalterable e inexorable, y no dormiré esta noche, si no siento que voy hacia allí con mis alas desplegadas y dando gracias por todo lo que he sentido.
Debo aclararte, que muchas veces camino solo en mi habitación a oscuras y le hablo a los cielos tratando de esparcir esas nubes de dudas que cubren mis ideas.
Creo y debo jurarte, que no soy más que un despojo de sueños de mi soñador, y la esperanza intacta de mis padres, que se van hacia donde yo los espero.
Y no creas que soy un don único de la vida; sino, soy el primer aliento de la muerte y el último recuerdo de este cuerpo que amablemente ha transitado mi verdadero ser por estas tierras; y te digo, que no dormiré esta noche, si no siento que voy hacia allí con mis alas desplegadas; tal vez, resistiendo un adiós que nunca será y dando gracias por una bienvenida de los que me enseñaron a esperar.
Debo decirte, que algunas veces creo que soy un inmortal que le teme a la muerte, y de vez en cuando, un muerto que sueña inmortalidad, y solamente se despierta, con las manos repletas de vida.


sábado 31 de mayo de 2008

LATITUDES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Imagino a un ser que una madrugada se despide de su hogar, y antes de partir mira el cielo y empieza a caminar bajo las luces tenues de las calles vacías.
No importa si es hombre o mujer, sólo existe su sombra, sus deseos, sus ambiciones y su voluntad para descubrir caminos y suertes; en sus bolsillos se agolpa el aire una y otra vez; nada hay, nada tiene; y, sin embargo, todo le pertenece.
Imagino a ese ser que se despide de los lugares donde solía jugar, donde sus deseos y esperanzas se abrigaban bajo los años por venir, que no traían más que días iguales y responsabilidades iguales a los de sus padres, a las de sus abuelos, y a las de sus ancestros.
Imagino, que una noche soñó con ser un ave reconociendo su vuelo, mientras hablaba con el cielo de las tormentas y de los horizontes que el sol se ufanaba en vestir de colores parecidos a la voluntad; imagino, que una noche soñó en ser una fiera bajo una luna menguante, recorriendo las latitudes de sus dominios con su temeridad y con la conciencia exacta de saberse rey de todo lo que lo rodeaba.
Imagino a ese ser yendo y viniendo por las calles como un único y excelso coloso atrapado en medio de las tardes y las lluvias; lo imagino despidiéndose de todo lo que había conocido, y llorando en silencio porque no sabía si algún día volvería a ver las huellas que lo trajeran de regreso a su lugar.
Y tras de sí, toda esa vida que le pide que se harte, que se rebele de su jaula, para crear caminos y marcar la tendencia que luego otros conocerán para inspirarse en los momentos críticos y de duda.
Veo o imagino, a ese ser viajando de aquí para allá; conociendo lugares, trabajando, negociando; esculpiendo sus caminos a cada decisión correcta o errada, sin culpar a nadie, sin creer en límites ni en astucias de magias ni en hechizos delatores.
Imagino a un ser que luego de un tiempo, se ha vuelto legendario entre los que lo conocen; sabiendo que es respetado, amado y querido por todo lo que ha dejado en los demás.
Veo a un ser que se ha creado a sí mismo y que ha enfrentado las olas que ha encontrado en el camino, como un guerrero de esos que dejan su nombre grabado en el grito de los que buscan la valentía y un destino.
Imagino entonces, a un ser que una madrugada vuelve a su hogar, bajo una luna que lo recibe en silencio y un viento que lo despeina con recuerdos de cosas, personas y horizontes que se llevará con él a la nueva vida.
Y digo entonces, que imagino a un ser que lleva solamente su sombra, y en sus bolsillos se agolpa el aire una y otra vez; nada hay, nada tiene, y, sin embargo, todo le pertenece.


EL EJECUTADO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Aquel que va perdido, es un ser doliente, un ente pacifista, que jamás se detuvo a dar batalla por lo que le parecía valedero.
Ése, al que ahora le besa el cuello una gruesa cuerda que se llevará sus días, es un pendiente deudor que siempre le había pedido soluciones a su Dios, y que le culpó siempre por sus fallos y por todo lo que jamás pudo obtener.
Mira, pobre ser ése que ves ahí que pronto será colgado, que dejó su vida y su destino creyendo en la suerte, y olvidando que cada día era un nuevo y silente camino para empezar alguna nueva historia.
Quédate hijo y mira atento, a ese ser que pronto se irá, el cual prontamente se dejó caer en los brazos de un azar lujurioso, y le pidió a gritos a los elementos, que le construyeran una casa, le formaran un hogar, y le regalaran amores adonde él fuera; mira atentamente, y ahora susurrando te digo, que éste que pronto será ciego de todo dolor y caminos, fue un señuelo para la nada y un criadero de dudas.
No hay paz he de decirte, en un ser que sabe que los tiempos pasan a su alrededor, mientras se sienta a esperar esas promesas que se hacía cuando era niño; no existe reflexión alguna, que se equipare a aquel que reconoce sus heridas y las atiende cuando aún son heridas y no, recuerdos que luego traerán resentimientos y perdición.
Reza ahora hijo por éste que pronto será un ejecutado de historias, que es el que lleva esa gruesa cuerda alrededor de su cuello; y no veas quién es, porque lleva tu rostro, mi rostro, y el de aquel que supone, que vivirá para siempre caminando bajo senderos soleados.
Entonces te digo, que él tiene todo tu tiempo en sus retinas y envidia de ti lo que jamás obtendrá; y tú, tienes toda su voz, y relatarás este día, como el momento en que has visto la diferencia entre ser ave o viento.
Mira hijo que cada nudo que tiene esa cuerda, es atado por tus manos, por mis manos, y no, por las manos de dioses, demonios, ángeles ni entes que merodean por ahí... no alucines hijo por ahora, ya tendrás tiempo de eso.
Por ahora has silencio, y sólo mira a aquel que va perdido, envidiando de ti, lo que jamás volverá a vivir...


A TIEMPO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Me había llegado la avaricia cuando ya no tenía qué guardar, y la magia de los sentimientos, cuando todos a los que había amado ya se los había llevado el viento.
Me hubo de llegar los mejores libros y las más vastas leyendas, cuando mis imaginaciones solamente divagaban entre el ayer, y un mañana que era igual a otros que había visto nacer.
Llegaron otoños cuando ya no había árboles en mi casa, y las nubes cuando ya no podía apreciar el cielo; llegó la ira, cuando todo estuvo perdonado, y se presentó mi Dios, cuando ya todo lo había solucionado por mi cuenta.
Me había llegado la fortuna cuando hube aprendido el valor de la verdadera fortuna, y llegó la paz, cuando mi cuerpo destartalado quiso entrar a batallar por el honor perdido.
Me había llegado el silencio, cuando mis mejores ideas se presentaron, y con él, la magia del asombro, cuando todo se me había explicado.
Me habían llegado las sonrisas más bellas, cuando ya no había motivos para la alegría, y las justificaciones más exactas, cuando todo era válido e ilimitado.
Me había llegado el tiempo a destiempo y junto a él, una leve brisa de madrugada, que cantaba la desdicha de todos los que llegaban a tiempo a su pasado, y dejaban en el hoy su reflejo en las aguas de un río que lloraba primaveras; me había llegado el tiempo a destiempo, y con él, mis pupilas se empezaron a vestir de ayer y mis oportunidades de sueños; y aunque yo aún era joven, parecía que me habían llegado los años por vivir, cuando mi alma soñaba con la eternidad.
...Y mientras cavilaba en todo esto, me desperté una madrugada cantado las desdichas de todos aquellos que llegaban a tiempo a su pasado; sé que era una canción bella; que me había llegado cuando ya no había melodía perfecta, que endulzara los días de los que se habían quedado soñando algunas esperanzas.


jueves 8 de mayo de 2008

EL IRACUNDO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy el inquisidor de caminos, un transeúnte de nubes y tormentas, que se acerca de vez en cuando a la sabiduría y se queda con las manos repletas de ignorancia por el sólo hecho de pensar en ser sabio. Pescador de lo insalvable y un desertor de leyes, armando mis propios horizontes voy buscando puertos y destinos repitiendo plegarias de dioses en mis intentos por ser mortal, pero muero a cada instante en que me resuelvo como un ser distante de toda divinidad aparente.
Invento ardides que me lleven a intensificar mis logros, mientras pierdo vuelo entre nubes y los vientos me agostan los días y los intentos; me vuelvo necio y prohíbo a mi alma que se rinda a lo simple; me vuelvo Dios y ciego, voy matando mis ideas y resucitando caminos que jamás pensé que iba a transitar.
Soy lo necesario para los ojos de aquellos lobos, y lo inminente en el corazón de los que no se atreven; pasajero raído de luchas sin resolver y fantasma de cuerpo muerto y mente activa; eso soy, un noble sin tierras, y un halcón esperando el despertar de los ángeles; un inquisidor de caminos, buscador de los artilugios de lo divino e incesante emancipador de lo soñado... un transeúnte de nubes y tormentas, que va soñando ser sabio y sólo se queda preguntándose qué es esa ignorancia, que se ha quedado a dormir a los pies de sus huellas.
Imagen y semejanza de la destrucción, un hipócrita que va cantando salmos mientras asesina impiadosamente a lo débiles y engaña a los ignorantes; político locuaz que va rifando vidas por un poco de poder; mezquino de lo eterno, que compra y vende con los oros que gritan su verdad bajo las cúpulas blancas de ciudades santas que no lo son, y nunca lo serán; soy un perdedor bañado en plata, un vencedor de imaginerías y el visitante perfecto en los sueños de los que buscan algo de cierto.
Soy misterio a la vista, canción del océano y servidumbre que domina. Magnífico ejemplo de lo poco que da la soberbia y lo mucho que entrega el perdón; llevo tormentas en mi bolsillo y una oración en mi lengua; demonio desatado que se entrega al cielo y miente sus muertes, pacifista de armas tomar y un entregador de lo humilde, que sólo sabe blandir la espada, cuando el rocío anuncia las almas nuevas que se perderán en situaciones sin control.
Soy un inquisidor de caminos; que se queda con las manos vacías... por el sólo hecho, de pensar en ser sabio.


lunes 5 de mayo de 2008

CORTÁZAR

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Existen asuntos pendientes dentro de esas calles empedradas, que aúllan al recordar, que algunas estrofas quedaron inconclusas y ya no volverán.
Exilio del cuerpo más que del corazón y estadía perpetua en algunos estados alterados de alguna conciencia, que venía a decirme que existen en el mundo fantasías por cumplir; pero que gran parte, ya habían viajado en la mente de un ser que un domingo se confundió con la leyenda y en alguna autopista del sur, se quedó viajando a escribir algunas nuevas genialidades.
Teatro desierto de realidades y rebosante de sueños, donde reviven algunos cronopios, es lo que veo, es lo que siento, cuando llamo algunas musas que descreen de nuevas oportunidades para crear nuevas viejas obras que prontamente se reestrenarán en algunas calles francesas que andan por ahí, extrañando algún cansado y curvado semblante, que riegue en una mañana algún ardid para cambiar el olvido por unos minutos más, frente a alguna vieja máquina de escribir que quedó despierta y paciente, perdida y reducida a la servidumbre del silencio.
Sueño a veces que me despierto con algún eco de ese genio que no logro traspasar; y cuando trato, incomprensible me coloco detrás de estos huesos destartalados de historias que se reprueban por sí solas junto a esa salud de los enfermos, que aún trato de igualar y que seguro, jamás lograré siquiera retenerle un poco de su sabiduría.
Inspiración sosegada y política de nivel, que se encerró alguna vez tras ese cigarrillo de fotografía, y ese retorno que jamás se volvió retorno por tener algunos lugares tan cercanos, que no era necesario volver como cantaba el gran zorzal, sino, que volver era una manera de despejarse en el papel, de alejarse de esos demonios que ahora sé, se quedaron quietos y desdichados, el día que el sueño se cobró el tiempo por venir, aún no soñado.
Y aunque viajo... Y aunque viajo, debo decirlo, no llego a ningún sitio: ni a D’ anjou ni a Florida, si no paso antes por las letras que me dejan extasiado de días tormentosos y dudas por resolver.
Y aunque viajo, sombras tengo, y una revelación de algunos espíritus que me dicen, que todavía quedan frases y fantasías por inventar, aunque gran parte se llevó un ser, que un domingo se confundió con la leyenda.


CIEGO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ambiciones sin piel decoran mi esqueleto, perlas de instantes mis ojos, y baratijas insensatas mi lengua.
Hilada tengo la mente de secuaces oportunidades que me trajeron algún desperdicio de platas y zafiros, bruñidos en peltre mis brazos y tallada en esmeraldas mis piernas.
Soy rico, soy pobre; vagabundo fiel que recorre un palacio vacío de vida repleto de rubíes relucientes, donde cae el haz de la luna y se vuelve polvo de estragos, donde cae el rayo del sol y se vuelve silencio que recorre mi cuerpo.
Inquisidor de la dádiva y matador de lo humilde; sobriedad de neblina ajena a la artesanía del ser; y, distraído del río que se lleva lo importante, voy juntando cosas.
Y me siento desesperado e imposible, como el lince raído de envidia que va a cazar al tornado, o el capitán celoso que arremete con furia al océano para robarle algún secreto, y se queda con las manos vacías y el alma latiendo por una nueva oportunidad.
Soy rico, soy pobre, un vagabundo fiel, que recorre un palacio vacío de vida.


viernes 2 de mayo de 2008

RECAPITULADOR DEL DESPUÉS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Soy magia de algún lugar, una extraña y repentina ausencia de toda duda a lo desahuciado que trae buenas nuevas y cierta oportunidad; soy magia de algún lugar, una sensación que no acata tiempo ni razón.
Eres una isla dentro del atolón de las inconstancias, una marejada de genialidades, una distracción de lo imposible y el viento que se mueve entre los dedos de los niños, que saben que todo es tan simple como un amanecer callando sus secretos, y cantando lo que le adeuda a ciertos ángeles, que se cuentan el vuelo del sol, buscando esperanzas entre las nubes.
Soy dubitativamente altanero de un mañana; un recapitulador del después que va dejando libre a su futuro, para que vaya a recorrer lo que nunca será de la mano del ayer; y, quizá, alguna memoria que se acuerde de esos caminos, que aún velan por mí y que nunca los he recorrido.
Eres cierto desparpajo, entre la locura sin trazos y una fina línea de formas audaces, idea destartalada que se ha quedado muda al apreciarse como la invención más absoluta soñada entre lodo y miseria, que se transforma en magnífica liberación y luego, se vuelve a dormir, para soñar nuevas mentes, que las vengan a buscar, que las vengan a rescatar...
Soy, una montaña solitaria que se alza en medio de lagos de intentos y planes de sueños, que yacen quebrados y hastiados de tanta huella y tan poco andar; eres, el tentempié de los que saborean las almas, y una lujosa ensoñación que pronto se quedará dormida, para renacer una tarde y volver a contar las historias, que alguna vez yo he contado.
Eres, magia de algún lugar...


martes 1 de abril de 2008

LO QUE SIEMPRE FUE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Mira ese lugar... sé que siempre vive una historia durmiendo que espera ser contada, y no es que nace, sino que se deja desnudar, para luego devolverse al viento, hasta que otra alma inspirada la encuentre y la arrope.
Detente aquí, mira, sé que existe un camino sediento de huellas que espera ser andado, y no es que se muestre, sino que se deja recorrer para luego volverse dirección, hasta que alguien perdido lo reconozca y lo transite.
Espera, escucha; mira aquella montaña; sé que siempre vive una esperanza latiendo en ese sitio, y no es que nace, sino que se deja alcanzar, para luego volverse leyenda, y renacer en los corazones de aquellos que creen en sus sueños.
Haz silencio, eleva tu mirada, sé que existe un amor esperando ser vivido; y no es que se deje padecer, sino, que se deja disfrutar para luego volverse silencio, hasta que otro ser amado lo llame con sus lágrimas.
Créeme, espera... sé que siempre hay una oportunidad esperando a ser tomada; y no es que se descubre, sino, que se deja seducir por el más valiente, para luego volverse batalla y victoria, hasta que un espíritu moribundo la encuentre y la vuelva su escudo y señora.
Mira ese lugar... sé, que siempre vive una historia durmiendo...


INMORTAL

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ya no vivirá en mí esa distancia que lleva nombre, sino, solamente el recuerdo de que fue distancia en mis momentos y nada más... sólo eso vivirá en mí, porque lo demás, sería arbitrario que se aloje en mis pensamientos; tal vez porque sé, que siempre he sido un suceso aparente, que repetitivamente se iba mostrando en el mismo lugar como una ánima atrapada en sus felicidades ilusorias que jamás llegarían.
Descansará en mi historia, aquellas horas indecibles y pretéritas que se vuelven tiempo, sólo porque yo las he recorrido y nada más.
Volverá a mí, ese aroma que una tarde me había embaucado y me había convencido que este era mi lugar y mi quietud; volverá a mí, esa pureza con la que los niños hacen milagros, y con la cual de desiertos hacen montañas; con la cual, en los cementerios juegan con los que viajan en las estrellas.
Volverá un día todo a mí, lo sé.
Creo, que los días contados para mi lugar se han perdido en alguna luna que no veo, que no escucho, y no deseo que me susurre las lágrimas que he derramado por lo que se han ido a vislumbrar los misterios que siempre he desconocido.
Vagar es mi aflicción y perecer mi sueño, tener manos que atienden mis esperanzas y voces que llaman a mi silencio, fueron las hermosas pinturas que me llevaré algún día a ese último latido que por ahora, es sólo un deseo manifiesto.
Sentir todas las sensaciones, y caminar todos los errores; bailar con la desgracia y sonreírle a la muerte, fueron secuelas que me han dejado los atentos deleites de no conocer el descanso que alguna vez me había merecido.
Librado al azar estoy aquí; y en un puño llevo la palabra de mi Maestro, y en mis ojos la aspereza demencial de ver a esos demonios que me llenan las noches de odios, y los días de pasmosa ansiedad, por conocer tantos mares y ningún puerto.
Tristeza absoluta, como total mi alegría; y muerte sueño a lo lejos, cuando la vida ya se ha cansado de darme chances en todas las madrugadas que cupieron en mi aliento.
Atroz centinela de niebla, que cubre mis horizontes y se cuela en mi mente a contarme la misma historia; ridículo tiovivo que agoniza en un mismo lugar, mientras ve pasar la vida en un segundo y todos los aromas en un invierno.
...Y lloro, y grito... Porque sé, que no me iré, hasta que mi cuenta sea saldada hasta el último denario de esos oros que parece, nunca acabaré de juntar.
Y lloro y grito, porque sé, que el silencio es un don inconstante, que lo único que hace es parir hechos y destinos que veo nacer y morir en un suspiro que viaja con rapidez al reencuentro de sus recuerdos.
Coraza indómita, y fatal desencanto que se ha llevado esta vida que se niega a terminar: solamente pido, que cuando te alejes de mis huesos, borres mis pasos de aquellos caminos, porque no deseo, que alguien se cruce con ellos y se vuelva un errante alquimista, que un día buscó la paz en la vida, y no se dio cuenta que la vida es sueño, y la verdadera vida se hallaba detrás del último suspiro...


jueves 20 de marzo de 2008

MANIFESTADOR

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


En algún sitio, sé que descansan las sombras que dejé en algunos caminos que he recorrido, los aires que he exhalado y los amores que jamás he amado, o los que nunca me han correspondido.
Sí, en algún instante de lo que he sido, vive aún alguna dádiva del tiempo que me ha correspondido, como esa presencia ausente, que ha sabido merecerse el hoy a sí misma, y que deja su historia para que los demás la hablen por las noches.
He sido una aparente leyenda de discursos e ideas, una silueta recortada en la benevolencia de las sombras de los muertos, que me hablaban de sus yerros y sus aciertos.
Sé que tal vez, he vivido en un tiempo que ha sabido abrigarme y adelantarse a mis pasos; y, sin embargo, yo no he sabido acompañarlo, porque ahora justamente que me despido de lo que tanto había anhelado, es que nacen los secretos de lo que siempre he sabido, pero jamás había intentado comprender.
Soy y seré un descanso en las tinieblas de mis ciencias, que me han llevado a superarme; pero sólo eso fui. Un descanso en la carrera y un oasis dentro de un océano.
Y todo lo que he tenido, no me ha llevado a comprender el porqué de lo que he sido; más todo lo que he dicho, todo lo que he construido, y todo lo que vivido, se guarda en este grano de arena.
Seré tal vez, una cosecha de compendios y dictámenes, que ahora se va volviendo polvo bajo esta tierra que reclama el cuerpo donde he renacido, que si bien, era yo, no albergaba mi ser, sino, el pensamiento de lo que sido en este lugar.
Tal vez haya sido un impostor de cielos y un causante de tormentas que ha cambiado los cielos; pero en sí, he sido sólo eso.
Traté de crear algún hogar, en las promesas que había dejado bajo mi lengua, y elevar castillos de logros que guardaría bajo las fotografías viejas de mis padres, mis abuelos, y aquellos que me vieron crecer...
Y fui una temible tempestad en la alegórica pérdida de sueños, un huracán de tiempo dentro del lodo de las pérdidas; fui sé, miles de caminos dentro de la perdición de algunos horizontes, y el señuelo perfecto para atraer lo peor de mi ser, y dejarlo perdido en aquel mar que se lleva su parte; por que aprendí luego, que el miedo nos hace perder todo, como el dragón que reclama víctimas para su fuego, y la lluvia que baila con las olas.

Ahora, que realmente se inicia este juego, es que se despiertan los verdaderos demonios de esta cadena de eventos; y se ve, que los lugares que he andado, se renuevan; porque he aprendido, que cuando uno se estanca en algún sueño, los lugares se vuelven nostalgias, y cuando uno se hace a la mar en busca de nuevas aguas, los lugares se vuelven anécdotas que recordar con distintivo cariño o aprecio.
Y fui un elemento básico e indispensable en el molino de las probabilidades; una gema indiscutible en la búsqueda de los tesoros más preciados, un ángel sustentado por alas de logros y un certero equilibrio entre todo lo que había soñado, y lo que algún día desaparecería en las manos del tiempo y los elementos.
Fui un guerrero temerario, canto maravilloso de buenas nuevas, y carne perfecta que agradaba a los sentidos; inmensa fuerza que se llevaba todas las penas, y gracia divina que se erguía frente a todo lo que atrasaba.
Es que fui algo, que vivía dentro de ese disfraz que hoy se marchita, un impostor de caricias y amores, un libro elemental de frases que se van al cielo; una vida que había vivido como nadie, y que ahora, sólo cuando me voy, me empieza a contar el verdadero nacimiento de los secretos; los cuales, yo guardaba bajo mi último aliento que ahora no es, y me deja solitario y grandioso, viendo realmente quien fue el que había traspasado el llamado de esa madrugada, que ahora, desteje sus calendarios, para avisarme que soy un poco más comprensible de mi perdición, frente a este comienzo que me dará un motivo para ser el creador de nuevos destinos.
Y fui, un enorme soberano de tierras sin nombres en los desiertos de la miseria; una ola descomunal que se elevaba sobre el mar de las confusiones; un ave silenciosa que se volvió misterio y se acercó un poco más, al nacimiento del alba.
...Y aunque ahora esté desnudo bajo este cielo que tiene mil colores, mis manos abrazan el placer de sentirme uno; por que fui un vencedor de lo insondable, y un temible manifestador de buenas esperanzas...

Por que fui un rey, un fugaz milagro que ha aprendido a caminar por las huellas de la paciencia, que me dice que los secretos de todo lo que había sido, se encierran en un grano de arena,
Por que fui silencio, un eximio manifiesto; melodía exquisita entonada por las ráfagas de un viento que siempre trae esperanza.
Porque fui un creador... pero sólo eso, y nada más.


viernes 7 de marzo de 2008

LA ISLA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Me vestí de silencio y merodeando en algunas abrigadas esperanzas, me reencontré con esta soledad que esperaba agazapada y vestida de invierno en algún rincón de mi corazón, el que yo me durmiera en los brazos de esta seguridad que hoy, se fue a acariciar algunas otras vidas y me ha dejado como una isla latente, esperando algún certero naufragio que le traiga vida.
Traté de asirme de algunas nubes pasajeras para transformarme en viento y jamás nunca volver; y sólo lo que conseguí, fue atrapar un cielo gris sin explicación, que dejó caer una lluvia de recuerdos en mi mente y mis palabras, que se transformaron en heridas que aún lamento gritar, pero que en sí no me atormenta el tenerlas, sino, el camino que transitaron para llegar a mí.
Me vestí de dolor una madrugada, por que el disfraz de felicidad ya me quedaba holgado y creo que hasta esta ventisca de julio, ya lo quiere reclamar... y se lo daré, se lo daré, por que si bien es mí disfraz, la felicidad no es mía, y hoy, el único disfraz que mejor me va, es éste que tiene botones de lágrimas y parches de domingos grises; y sé, que por alguna razón, un día tenía que vestirlo, por que estaba ahí, en algún lugar de mi casa, esperando a que el equilibrio se presentara en mis momentos donde nunca nada fue seguro, donde antes del camino estaba la incertidumbre, y antes de la sabiduría el desconcierto...
Ahora, sólo espero encontrar algo justo a mi medida... Sé que llegará, sé que esperará por mí, sé que esperará...


viernes 29 de febrero de 2008

EL ILUSORIO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

CANTO I
Estábase yo inmediato a mi habitación, filosofando sobre el alma y sus implicancias.
Entonces de la nada, aparécese un inmundo demonio de los abismos de mi mente.
No era demonio fantástico o de fantasía, sino que mi alma había regalado a este ente, porfia contra mi voluntad.
Era negro como una bruma todo su cuerpo y ojos de ira rojo sangre vestíase en su rostro de locura indómita.
Acercóse a mi cama y desplazóse sobre mi cuerpo y señalando mi rostro exhausto de mortal grito me dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Dime que hacer!
Insensato yo y toda mi realidad, solamente pude llorar al ver que mi boca cerraba toda razón y lógica.
Devoróse el espectro o ente diabólico toda palabra de mi vocabulario para responderle con inmediatez o prisa.
Entonces mi mano trémula sólo mueve un dedo que señala mi corazón negro, dentro de mi pecho que palpita sin son.

CANTO II
Parecíase que el demonio no comprendía sobre mi señal.
Y brusco como tormenta y quemante como llamarada de pira, señala su pecho.
Apartóse de todo dominio mi inteligencia y diligente raciocinio, vi como ésta cosa se habría el pecho en dos.
Tristemente él me mira y me dice:
—¡Amo de mi necesidad, amo de mi necesidad! ¿Es que no tengo corazón?
Y mi lengua desplegóse en oración al Eterno Dios, por cuanto mis ojos y mi realidad sofocabáse de tan perverso ilusorio.
Como cuervo silencioso el demandante del infierno abre sus brazos y gritóse para sí, una plegaria en lengua reacia a mi conocimiento.
El ente lloróse el camino elegido por mí y su falta de humanidad y grita con toda su alevosa y enorme voz:
—¡Amo de mi sueño! ¿Por qué imaginas mi pesar?

CANTO III
Sollozante y perdido, caigo en desvanecimiento indómito aterrorizante, cuando el ser desplegóse alas inmensas.
De donde pendían cabezas sin ojos que esparcían alaridos de terror por toda mi presencia y lugar.
Clavóme los ojos perdidos el demonio y grita:
—¡Amo, me darás tu corazón! ¡Amo, me darás tu corazón!
Parecíase que el cielo detúvose a contemplar tal fatal desdicha de mi destino.
Cuando el ente alado con garras de muerto y uñas de bestia, abrióse mi pecho para buscar un latido de mi carne.
Como raíz roja y preciosa de valía; ríose el ente al arrancar de cuajo mi corazón y contemplarlo.

CANTO IV
Y solamente mírose el demonio el pecho surcado por un hondo vacío.
Abróse una boca pestilente de dientes marchitos y con ella muerde mi corazón y como lobo hambriento devoróse la mitad de él.
Así como robase mi latido, el infernal visitante de un zarpazo tremendo vuelve a colocar la mitad de mi músculo en mi cuerpo.
Tragóse el corazón de mi pecho y ríose inmediatamente por su atroz faena completada.
Bate esas alas de Ícaro y dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Ahora yo también le soñaré!
Rápidamente mis brazos se mueven en locura potestad por lo mío.
Pero retírose el demonio de mi vista y de pie cerca de un ventanal cierráse su espantoso vuelo.
Mi sangre derramada huele a futuro ciego y ábrose mi boca con dientes pintados de rojo y grito éste interrogante:
—¿Qué te he hecho ser infernal para que en tu pecho de furia lata mi corazón?
El fiel perseguidor de la oscuridad mirabáse el pecho latiendo y acariciándolo como tesoro responde:
—¡Me has soñado mi amo, y todo lo que soy de ti ha partido! ¡No soy corazón de maldad, sino que en ti he dejado la mitad del latido que a ti corresponde!

CANTO V
Dando gemidos de herido y mortal llamado a la muerte.
Palpo mi pecho y escuchábase un latido en mi interior.
Y el latido siguiente en el pecho del ser del infierno
Gritóse entonces el ser su victoria y desaparece como humo en viento.
Y grita mi garganta roja que suplicábase al desconcierto por la explicación de tal suceso increíble.

CANTO VI
Escuchóse mi relicario de tempestuosas palabras un ángel del cielo.
Presto y magnífico presentóse a los pies de mi cama y señalando mi pecho pregunta:
—¿A quién le has dado la mitad de tu corazón?
Yo atento a ser salvado por magnífica presencia celestial, apresúrome en mi dictamen y respondo:
—¡Un demonio con alas me lo ha arrebatado mientras yo descansaba!
El precioso ángel que tenía presencia de luz y enorme en su altura grita colérico:
—¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo! ¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo!
Confundiéndose entonces con la luz de la luna el ángel desaparece de mí.
Y gritose en todo mi interior una locura de preguntas, pero sólo éste interrogante se eleva a la oscuridad:
—¿Es que yo puedo crear lo que sueño?
Y el silencio apoderose de mi estancia, de mi cuerpo y de mi habitación.
Quédome con la mitad de mi corazón en silencio.
Y escuchóse en la penumbra, la mitad de mi latido.
Entonase entonces, el siguiente latido en el infierno de mi imaginación.
Esperando a que sólo haya sido un artilugio de mi mente.
Cierranse mis ojos y mis palabras se apagan.
Y reposo entonces, sobre un manto de sangre.
Llégame el cansancio y empiezo a soñar.


AVE

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy un ave de paso, un desmemoriado camino que otros seguirán tarde o temprano; una estadía en un mar que ya no recordaré, la esperanza de una madre que un día me ha parido, y tal vez me vea volver al milagro desde donde he llegado aquí.
Soy una exacta presunción entre lo que llegará y lo que jamás se acercará, una palabra que quedará escrita en un viejo papel que cambiará de color y de tiempo, una tumba ajada por los elementos y un solitario espacio en las galaxias de lo insondable.
Temeraria y cobarde existencia tendré, pasos de nadie que conducirán a caminos que se llevarán las nuevas olas, una opinión que se refugiará en la nada, y un silencio que se quedará a dormir en las manos de los secretos.
Llantos y risas pasarán por mi horas, rostro magnífico de mis posesiones, y gozo excelso de cuerpos desnudos que tocarán mi placer. Ciencia justa que me dará dominios y lugares, que llevaré en mis retinas.
Soy un ave de paso, un magnífico e inigualable desatino de un celestial omnisciente, que llevará a veces muerte y a veces vida; un perplejo cuerpo que se marchita, un condenado a muerte que se creerá inmortal; un innato jugador que ha ganado todas las artes, que creerá ganarle al último suspiro, un reluciente portador de la necesidad de tener un fin para tantos principios...
Eso seré; solamente, un ave de paso.


martes 12 de febrero de 2008

EL APRENDIZ

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Y, cuando el silencio se hubo ido lejos, me había dejado varias palabras para explicarlo, pero se había llevado mis sonidos y tuve que ceder a ese momento, en el que no pude más que resignarme.
Entonces, cuando el amor ya había partido de mí, me había dejado grandes lecciones y sabidurías, pero se había llevado mi belleza; mi apariencia ya no era más que debilidad, y no tuve a quien corresponder, y tuve que amoldarme a mi situación.
Fue, que el orgullo ya no se había visto más cerca de mí, y me había dejado grandes caminos y teorías, pero se había llevado mis riquezas y mis cosas; y no tuvo entonces más sentido el tener para saberme digno de dar. Me tuve que acostumbrar a sólo tener como únicas posesiones al viento, y a un pájaro que venía a cantar de vez en cuando una alegre melodía cerca de mi ventana.
Y fue, que la ignorancia había partido muy lejos de mi espacio, y me había dejado grandes ciencias y dictámenes, pero ya se había llevado mi inteligencia y mis razonamientos; entonces, no tuvo más sentido el procurar resolver alguno de mis problemas y contratiempos, y tuve que compenetrarme en lo que estaba sucediendo ahora.
Creo, que el miedo tardó un poco más en alejarse de mí; pero finalmente cuando partió, me había dejado grandes valentías y conquistas; entonces creo, no tuvo más sentido el vencer todo aquello que tenía que vencer y ser valiente; entonces supongo que...

—Disculpe que lo interrumpa —me dice alguien. Me sobresalto y volteo rápidamente, dejando de ver y escuchar a mi pájaro preferido—.
—¿Quién es usted... señora...? —pregunto.
—Señorita por favor.
—Perdón...
—Soy la muerte —me dice y agrega—: disculpe que lo interrumpa en sus pensamientos, pero creo que el miedo le dejó valentía... ¿No es así?
Yo, hago silencio asiento lentamente y vuelvo a posar mis ojos en mi pájaro. Dejo caer los hombros; sé que estoy vencido y no tengo nada más que hacer.
—No quiero ser una carga para usted... pero ya que el miedo, le dejó valentía... y por ende no me teme... ¿Podría usted hacerme compañía en esta tarde lluviosa? —me pide.
—¡Claro! —le digo un tanto alegre. ¡Siéntese! —le ofrezco. Y se sienta a mi lado, en una silla de madera despintada un tanto enclenque—.
Creo, que trata de consolarme contándome algunas de sus historias; y yo le cuento algunas de las mías.
Reímos, y sólo nos quedamos en silencio de vez en cuando, cuando mi pájaro entona su canto.
Y así, ambos nos quedamos dormidos cuando llegó la luna.
Creo; que la muerte, ya se había alejado de mí, y cuando partió me había dejado la sensación de la verdadera libertad y de la verdadera vida, entonces, ya no tuvo más sentido el temerle a mi final...
Es sólo...
Es sólo que ahora, que aprendí... que sé tantas cosas, y mi corazón está repleto de explicaciones, deseo decírselo, contárselo a alguien... pero a nadie encuentro.
Creo que envejecí velozmente y velozmente, mi tiempo se fue de mí y cuando partió me había dejado... me había dejado...
Creo... que me había dejado, otra oportunidad de volver; de renacer, de comprender; entonces, no todo fue en vano.
—Entonces no todo fue en vano —murmuro.
Entonces volveré... volveré para seguir aprendiendo.
Adiós.

jueves 7 de febrero de 2008

HORAS ROTAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un viento insensato, se adueñó de mis pies toda una vida, y me llevó a vivir aventuras por ahí, por aquí; donde las almas duelen de tanto penar, y las historias se cuentan entre ellas, sin finales, sin tristezas, sin deudas ni deudores, sin mañanas ni héroes.
Una noche clandestina creo, me invitó a fomentar una alegre gallardía, cuando me desafió a celarle la luna a un sol que nunca cejaba en perseguirme; y me hice noche y comprendí sus secretos; y me afiancé en el día y adoré el cielo.
Tal vez entonces, fui nube o guirnalda de aguacero; ave salida de la nada o gris tornado que le cantaba al mar la última odisea de Homero y lloraba lentamente los últimos versos inconclusos de ese pescador de Cuba, que se codeaba con un anciano ciego, que con su bastón blanco, acomodaba refunfuñando algunas frases para que yo las escribiese.
Y persiguiendo a mi sombra, una sombra incipiente y traicionera, que me había enlazado desde el cuello y me obligaba a pisar cada huella que ella dejaba, me fui alejando de mis sitios, y me encontré cierta madrugada, borrando versos a orillas del Mediterráneo en compañía de esos fantasmas que bailan hasta el anochecer con los corazones partidos y las horas rotas.
Y fue que mis pupilas se volvieron letras y me nacieron alas de sueños, esos sueños que sólo llegan cuando el miedo está dispuesto a partir, y la valentía se despierta de madrugada y nunca más se va a dormir sin haber cumplido una promesa.
Y ahora que viejo mi cuerpo, se vuelve a encontrar con esta quietud que le sonríe de lado, no tengo más que decir, que mi sombra aún sigue señalando un horizonte un poco más allá de donde me encuentro; entonces esperaré en silencio, ese nuevo viento, que me llevará de aquí, a vivir nuevas historias sin mañanas ni héroes.


sábado 2 de febrero de 2008

EL CÉSAR


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ahí está el fingidor, buscando más causas para aparentar su sensatez en la codicia de mentiras sin sentido, y finales cenicientos que sólo opacan la verdad, y la vuelven un modelo para armar siempre mal; siempre, mal soñado, siempre mal mentido y mal parido.
Obsecuente fingidor de lo mundano bajo, destilando miseria y abandono en sus ojos y relucientes avaricias en su sonrisa.
Ahí duerme el manipulador de lo poco y el astuto que mueve los rosarios de plegarias, contando los billetes que le paga a su dios y le debe a su diablo; zorro de mil caras, sensual pacificador que aterra la paz, ahí está el gran fingidor, el que lleva y trae, el que mata, hace matar, muere y tal vez revive en enajenadas memorias que recorren sus mismos idiotas o sabios caminos.
Socio minoritario de la estupidez universal, aquí duerme el gran manipulador del aire, donde duermen esas leyes viejas que aterran a los que ciegos las siguen, y despiertan la ira de aquellos que saben, de que está hecha la verdadera libertad.
Aquí yace el gran manipulador de las cosas, que fue cosechando oros y se fue olvidando de la gente y de los lugares; raza de víboras piadosas, que da bienes a los que actúan como bufones y otorga muerte a los que hablan de libertad.
Ahí está el as de los fingidores... el zorro que anhela la uva, el gato curioso que al fin muere; cítara desafina que le canta a esta Roma que se incendia, ratas asustadas que se escapan de este París repleto de calaveras.
Aquí camina el gran fingidor, que se roba mi rostro, tu rostro; y en su sonrisa despliega un ardid de incongruentes explicaciones, donde habita un dios y muchos demonios esperando por salir.
Aquí va el gran manipulador que se baña en la vida y que lleva mi nombre, tu nombre, y que se parece al nombre de todos y al de pocos; ahí va el que llora por su dinero y salta como una langosta cuando sus arcas se llenan; ahí va el del disfraz blanco que vive en una ciudad de plata, enceguecido por las buenaventuras de sus bufones que ya lo quieren matar y ocupar su lugar; aquí va el que mata por su dios y a la vez lo odia por que mata a su mejor creación o tal vez lo ayuda por que mata a su peor creación.
Ahí está el omnipresente; enjuto su rostro y repleta su sonrisa de venganza sin sentido.
Aquí está el César; ése, que tiene mi rostro, que tiene tu rostro, y se parece a todos y a nadie a la vez.



viernes 1 de febrero de 2008

SIN LUGARES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Entro...
E invito al viento una copa de tiempo y a la nada un vaso de horizonte aún sin soles.
Y entra alguna esperanza atisbando mi sombra sobre la barra, se revierte a la hora de hacerse hecho, y viene hacia mí con cara de pocos amigos; le invito un trago de atajos sin salida y quedamos a mano, abrazados, como dos marineros esperando zarpar un barco bajo una madrugada de julio.
E insisto a la tristeza con una medida de locura y a la inconstancia con una botella de decisiones.
Tambaleando ya, le robo la trompeta a un ángel que se quedó merodeando por aquí, y que entre copas murmura una y otra vez, que se le ha aparecido un ser extraño al que llaman “hombre”. Decidido me uno a una banda de ebrios, que sólo saben entonar las notas de esos “tal vez” y las primeras estrofas de una canción que no lleva nombre, pero que cada vez que suena, hace encoger el alma de preguntas si se la escucha estando en esos lugares, y en esas situaciones, adonde se beben las malas decisiones. Cantamos hasta casi morir, y parimos otras melodías distintas que nunca más serán ejecutadas; y entre lágrimas, cerramos los ojos y abrimos el corazón, para imaginarnos otros nuevos pentagramas para las mismas notas.
Me quedo tieso. La buenaventura vomita algunos azares sobre mis zapatos viejos; y la suerte me guiña un ojo, y se escapa nuevamente por la ventana sin pagar la ronda de whisky.
Sin sentirlo, me siento sobre una silla enclenque, junto a un invierno sin compañía y detrás de una primavera sin sorpresas.
El demonio aún corretea por los pasillos a una prostituta gorda; que, según dicen, le había prometido algún secreto de Dios que nunca le dice y que siempre le promete; entonces, entran algunas quimeras aún levantando sus torres de Babel, y todas piden una botella de ceguedad.
La avaricia que está tratando de deletrear la palabra “inmortalidad”, ebria, me codea y me señala a algunos reclusos de pasiones y desaciertos, que siempre piden tragos de resoluciones, pero que nunca los beben y se quedan mirando el techo, repleto de perdones pintarrajeados, que dicen sólo se ven, cuando las lágrimas llueven sobre los ojos de los que nunca se atrevieron a llegar a ningún lado.
Miro, y deseo otra ronda; trato de erguirme, pero mis piernas temblequean ante un peso feroz; y veo, que la muerte se ha quedado dormida sobre mi hombro y el miedo me revisa los bolsillos para robarme algunos sueños valientes.
Creo que pierdo el conocimiento y caigo junto a la nada, mientras la imaginación ríe a carcajadas y el porvenir se menea al compás de una melodía muda que llega desde la calle.
Y cuando vuelvo a mí, despierto siempre en mi cama, saboreando mi paladar vacío y buscando un poco más de días entre mis dedos.
Sin pensarlo entonces, empiezo a caminar sin lugares y con rutinas disfrazadas de aventuras; y llego a la puerta del bar de mis locuras, de mis pasos perdidos.
Y entro... una vez más.


jueves 3 de enero de 2008

OTROS CIELOS, OTRAS VERDADES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Magnífica y atroz providencia, que me inventa ciénagas de duelos y desiertos de esperanzas, búscame en el aquelarre de esta monotonía empírica y enorme a la cual llamo vida, y que se ha vuelto tan ella, tan misma, tan igual, que solamente la muerte podría cambiarla para darme un poco de ese paraíso infernal que sueña el guerrero antes de ir a batalla.
Trueno inquebrantable búscame en la lluvia de sensaciones; daga de lo inconcluso, ojalá no vengas cuando esté en los brazos de Morfeo y tenga que convencer a mi ánima para que vuelva a refugiarse en esos días que ya no le pertenecen.
Ya he medido la talla de estas esperanzas que aún mantengo, y no quepo en ellas. Vara y viga con que se miden lo celestial, no hagan sus cuentas delante de mi triste destino y en el silencio que inunda mis ojos.
Runas y presagios que alguna vez he visto ¿qué me dirán ahora que desatiendo las leyes de lo que era real?
Rezos apocalípticos y certeras dudas de los que no es, no quiero llegar a ser un oráculo de falsedad; un recuerdo sosegado, de lo que tendría que haber sido.
Vaga crueldad que muere cuando muere la necesidad y la avaricia, déjame seguir, no me tomes prisionero de éste rodeo sin nombre, que ahora me libro de algunas palabras y salgo de mí, a ver otros cielos y otras verdades.
Vida que llamo muerte, y final que llamo liberación, calla y sigue, que yo te sigo y luego hablaré de todo eso que tendría que haber sido, y jamás fue.


EL MALO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Había un hombre que era malo.
No era malo por que no compartía sus cosas.
Era malo por que todos decían que no compartía lo mejor que tenía.
Era malo por que a todos les había dado sus posesiones, pero no la voluntad de obtenerlas.
Era malo por que a todos les había otorgado su tiempo, pero no las vivencias que se encerraba en él.
Era malo, por que a todos les había regalado el arte que hacía con sus manos, pero no les había dado el don que poseía.
Era malo por que les había otorgado los castillos que había construido piedra por piedra, pero no, el conocimiento para erigirlos.
Era malo por que les había regalado varias fotografías donde se lo veía en todas las partes del mundo por donde había viajado, pero no les había dado la pasión por hacer cosas.
Era malo, por que les había mostrado a uno y a varios maestros sabios, pero no les había dado la comprensión para llegar a sus palabras.
Era malo, por que les había regalado sus inventos, pero no la curiosidad para generar nuevos sueños.
Era malo, por que les había regalado la forma de morir en paz, pero no les había explicado como hacerlo.

Un día conocí a un hombre que era malo.
En su tumba dejé una rosa y hablé con él.
Y supe por qué era malo.
Por que en silencio y luego de visitarlo miles de veces, me había regalado el secreto de la inmortalidad; pero no me había dado, la forma de llegar a ella.


lunes 10 de diciembre de 2007

INVISIBLE COMO ANTES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Es viento, ahora que mis manos venosas y marchitas se entregan al compás de la locura, que escucho las voces de la oscuridad; que me llaman, que me nombran, y me dicen que falta poco para que esas caricias que ya me han abandonado, vuelvan a mí, como vuelve el mar solitario a contarle a las rocas, que vio un ave aventurera cerrar sus alas en pleno vuelo, y con paz, se dejó caer por que todo ya estaba hecho y cumplido.
Miren nubes mi andar errático que marca la única perdición que encuentro dentro de mí, que me detiene y me obliga a quedarme sentado junto a estos fantasmas de ojos negros, que con temor, miran los desperdicios de sus recuerdos y se preguntan dónde se encuentran; miren nubes, que ya escucho esas buenas nuevas que canta el rocío, y me dicen que quizás un día la niebla me envolverá y me posará sobre un relámpago, y juntos recorreremos el mundo, dejando tras de sí, solamente una luz de colores repleta de misterios.
Lugares que he andado, ahora que mi boca vacía de dientes está y mi lengua se ha dormido para nunca más despertar, es que comprendo que yo los moldeaba y les daba vida y no, ustedes, lugares, a mí.
Sitios ajenos a mi presencia por donde he dormido, trabajado; por donde mi sombra aun se pregunta adónde me he ido; lugares, ya no me aprisionen y no retengan mis recuerdos ni mis cosas ni mis ganancias, por que ya ven, que aquí, desnudo, entregado y solo, iré a bañarme de luz, a reír todas las alegrías y a llorar todos las yerros; lugares, váyanse sin mí, que lo que ustedes tienen, no me sirve para pagar las deudas que ahora tengo con esos, que no sé por qué, se aparecen en mis sueños y tocan mi rostro por las noches para que no los olvide.
Amores sexuales y fiestas sin control que aún me hacen reír al recordarlas, sé que todo fue mágico para remendar algunas soledades y algunos espacios en mi vida; me despido ahora sabiendo que no todas las olas mojan el alma aunque pertenezcan al mismo mar.
Espacios, mundo, abismos cavernas y misterios; perdónenme si no los he recorrido por completo, es que siempre fui temeroso de dejar mi espacio... y ahora que lo dejo, río y lloro, al saber que mi espacio era el mundo.
Ángeles centinelas que ahora me espabilan, y me sorprenden con sus historias; no dejen que parta sin antes devolverle al viento todas sus historias y secretos; no dejen que me vaya sin retornarle a mis caminos todos sus pasos y sus sinsabores; centinelas que ahora me espabilan, que me llaman, que me nombran y que me dicen que todo está presto para traspasar algún umbral... no me dejen partir, sin agradecer todos los alientos y perdonar todas las heridas
...Es vida, que ahora me pregunto: ¿Esto es la muerte?
Y me vuelvo niño, y ya me hago invisible como antes, y digo adiós a todos mis equipajes y me voy a pedirle al mar, que me lleve sobre sus olas, por que quiero ser como esa ave, que un día cerró sus alas en pleno vuelo, y se dejó caer en paz; por que todo, estaba hecho y cumplido.


CANCIÓN PARA CUANDO SEA UN FANTASMA II

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Tengo un modo certero de escapar a esta inconsciencia, esta impaciencia que se vuelve grave, muy grave, cuando me despido de lo que no tengo y voy a buscar eso que sueño y nunca alcanzo.
Invento una tarde de sueños; sueños fatigados que de ya ser tan soñados, se han vuelto pesadillas para los que desandan los caminos y se disfrazan de tristeza a la hora del recuento final; y sueño que soy un principio, y mira que gentil es el tiempo conmigo, que me ha dibujado un principio, que se muerde la cola con su propio final.
Y tal vez sea un viejo suspiro, una resonancia de la nada, un avatar de la ignorancia; un péndulo inmovilizado que marca solamente las sombras que se quedan... a esperar que el sol las refleje.
Y es que creo vida, que tengo una magia exacta, donde decido donde ir, donde caigo a un precipicio y finjo ser un ave que se ha quedado solitaria de vientos y esquiva de nuevos cielos.
Y es... que invento una noche de aciertos donde jamás estoy solo y las luces iluminan todo mi hogar, y no existen esquinas tristes, ni domingos por venir donde tenga que reencontrarme con estas canciones para cuando sea un fantasma.
Sé que tengo un modo exacto, para mostrarte vida, que aún no he muerto; pero me es tan ajeno, que mejor me quedo mintiéndome en esta oscuridad, que un día escaparé a esta inconsciencia, que me tiene atado, y que se ha vuelto grave, muy grave... como un sueño soñado tantas veces, que se ha vuelto una pesadilla.


CANCIÓN PARA CUANDO SEA UN FANTASMA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Mira las estrellas por mí, míralas caer relucientes, guerreras y distantes; mira las estrellas caer por mí esta noche y me verás ahí, llegando a empezar un destino desde el cielo, esperando por nacer en alguna luz que lleve un misterio que tiene mi nombre, y que no es diferente al tuyo; mira las estrellas caer por mí.
Mira al sol caer; míralo caer esta tarde y escucha las palabras que abriga el espacio cuando se despide hasta la próxima mañana, míralo caer y verás que siempre vuelvo a buscarte como él, y que siempre despierto cuando el alba me nombra; mira al sol caer por mí...
Quédate frente al mar por mí; quédate a esperar una madrugada con mi nombre, y sé que el viento te traerá nuevos caminos con los que construirás ciertas esperanzas; quédate frente al mar por mí, y no te apartes de las olas que ellas te avisarán que pronta mi presencia estará buscando tus sombras para volverlas pasado, y a tus plegarias una verdad.
Mira las estrellas por mí esta noche; míralas relucientes y distantes; y escucharás que te dirán mi nombre, para que puedas continuar, para que puedas reemprender tu camino...
Y ahora me llevo un misterio que lleva mi nombre, que te esperará en los sueños, en tus sueños... en silencio, en un cielo, que ahora es todo mío.


martes 27 de noviembre de 2007

DRAGONES DE LOS OCÉANOS (Mil Ojos)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Esos caminos que se hacen de promesas inconclusas se repliegan en mis ojos, y me vuelven ciego de fantasías y prometeo de otros finales que adoro en la letanía de una vida tenaz y aventurera, que sólo veo forjada en sueños y en recompensas inexactas que recibo por hacer algo; drama falaz de quimeras y astucias repartidas me llaman, y vacío despierto...
Sitios perpetuando algún crimen en contra de mis razonamientos recorro, que me pintan el alma de sucios recuerdos y esperanzas de lodo, que no tengo, que invento y aún sabiendo de mi ardid, soy feliz por instantes, por que eso, es lo único que tengo, lo único que llevo... un equipaje liviano, en el que persigo un mar de huellas que reviven cuando no sé hacia donde ir.
En rimas grises y desiertas, Quijotes perdidos en la niebla, viejos que sueñan con pescar un enorme pez de Cuba y en cementerios de Ginebra vaga mi mente atónita, estólida, recurrente a los mismos artilugios y a las mismas mañas, que se percatan de mis límites y me dibujan noches solitarias rodeado de voces, sentado a mi vieja Remington, esculpiendo ya viejas frases que serán renovadas algún día, por otro buscador de esqueletos, el cual les dará nueva piel y los hará hablar hasta que se vuelvan nuevamente dinosaurios olvidados de palabras.
Sinceridad que violo, y asertividad que a veces practico, se quedan encadenadas a la patas de esta mesa enclenque; vítores de papel picado y dinero fantasmal, se basan en los rescoldos de estas páginas que ya he encajonado mil millones de veces y que me han soñado, para que las vuelva a encajonar en la memoria de lo no-resuelto, que llevo en mi historia.
Y... pienso entonces, en esos caminos que se perpetúan en mi conciencia; ladrones aguerridos de incómoda diplomacia, que me lavan los ojos con lágrimas del ayer y me dejan repleto de obscena y perpleja nostalgia... que se forjan en sueños, y despierto vacío... hasta que me siento a mi máquina de invenciones y despiertos a los dragones de los océanos y me acerco a mi estimado Plutarco, a comentarle que hoy, la musa de mil caricias, no ha querido venir a despeinar mi mente.
He invento silencio... y lo decoro con momentos, y le pinto un día para que se vea verdadero; y, cuando todo termina, me despierto vacío, hasta que la magia vuelve a mis manos, y mil ojos se posan en mis locuras, Dios sonríe, y todo... todo... vuelve a funcionar una vez más.


sábado 24 de noviembre de 2007

CARCELERO DE ANGUSTIAS (Furia)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Navegante de mil mares, compulsivo de horizontes y distante de desaciertos soy, aquel que ves cuando no hay nada y la manada tiembla, yo salgo adonde acierta el jamás y donde enmudecen los vocablos; ahí voy, donde no hay nada... y levanto un castillo.
Lobo solitario y diamante en bruto voy, como esas llanuras hondas de preguntas son mis ojos; curiosidad latente que encierran mil preguntas debajo de mi lengua y aunque con un millón de dudas sigo y enfrento, como aquella ola que se deshace y se vuelve a armar sin preguntarse por el ayer y sin pensar en el mañana... ése soy, éste que le miente a la muerte un día más y a la vida una sombra de desaliento.
Y mi frente coronada de jamases y mis pies descalzos enlodados de artimañas, mis manos sucias de destierro y mi andar esperando un buen ritmo; ése soy, el que siempre falla, el que acierta cuando llueve y calla en las mañanas, un rey sin corona, un mar soñando faros que lo guíen a un descanso.
Navegante de mil mares; el que grita cuando todos callan, el que vuela en la niebla y desaparece entre mil lanzas de perdición sin temer a las heridas; maniático de olvidos vividos y constante ausente de las deudas de algunas heridas que aún sangran, ése soy, el que se cuela entre los mordiscos de animales carroñeros para elevar su alma, y entabla desafíos con demonios alados que un día encontrará prestos a la furia.
Aquí me ven, éste soy, ése que una vez dormitaron con palabras y ahora lamentan con ojos abiertos e incrédulos; ése, que una vez fue carcelero de angustias y mensajero de lo no escuchado; éste soy, el que viró su viento hacia lugares de los cuales todos se escondían, el que maniatado de pies y manos enhebró mil decisiones para construir un destino, y el que en silencio pródigo, estudió las raíces de la oscuridad para dejarse morir en las manos de esos ojos velados, que ahora aciertan en alarmarse...
Navegante de mil mares, desierto de distancias y de dudas; ése soy, éste, que vaga en el desierto, y aún entre risotadas y vehemente burlas, construye un palacio con sus manos atadas y su boca cerrada. Confuso de nostalgias y repleto de momentos latentes, éste soy... ahí voy... y donde nada existe, levanto un castillo.


viernes 23 de noviembre de 2007

EL POSEÍDO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

He despertado aún soñando, que era blanco de ridículas y destartaladas magias que amenazaban con fundirme en una obcecada y reluciente batalla entre ése y yo, que no éramos sino más, que un subterfugio de incontables apariencias; por que en sí, éramos lo mismo, unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, centinela de la discordia uno y, amante de la exactitud el otro. Ojos perversos; lejana luz de piedad, cercada por una intuitiva e invisible furia de tormentos y perdiciones.
Retahílas indescriptibles se aúnan en mi paladar; espesas palabras de oro, mezcladas con hechos de lodo, carcomido por la diferencia y el hartazgo, me entrego al más fuerte, aquel, que mira la vida como Aquiles y Alejandro, y canta las abundancias de Aristóteles y Séneca y destierro al fiel polizonte de las dudas y mentiroso de los hoy desaprovechados.
He despertado aún soñando, que era el fustigado perseguidor de inocencias perdidas, esas que no vuelven, aquellas que moldean el alma y la vuelven un diamante en bruto destellando promesas y pesadillas; y cuando lo ciego se cierne con sus lanzas, aparece ése yo, el mutilador de miedos, el león insensato que mata por el placer de acechar; el que lleva el rencor inmediato, que vocea el nombre de la frialdad en los letargos de las soledades y acapara la oscuridad, y con ella se envuelve en orgías de silencios y viles maniobras.
Y somos uno; sincero artesano de lo sensible uno, constructor de murallas normandas y espadas afiladas el otro. Ojos fugaces, riñas de lugares y sombras que cobran vida en lugares imperiosos, deshabitados, tenebrosos, donde habitan ángeles negros de miradas azules y victorias fáciles que mienten a un Dios, que pide dinero a través de hombres codiciosos; señuelo implacable que me lleva a revelarme contra el horror que he visto, y enmaraña el silencio de estos labios con secretos de vida y un infinito repertorio de muerte.
Silencio... Rancia y aletargada rosa que desflora en rincones de llantos que aún se escuchan; fantasmas sin ojos y sinceridades aparentando ser mentiras. Cielo desvestido de estrellas, luna creciente y sueños de caótica paz que está pendiente.
Guerrero destructor uno, sabio de realidades el otro; y ambos en uno... unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, que ya estaba perdida y ganada a la vez.
He despertado aún soñando... que era... uno.



miércoles 14 de noviembre de 2007

CANTAR DE DESILUCIONES Y TORMENTOS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Descansan en mis trivialidades, estas hordas de esgrimidas lamentaciones sin justificaciones que hoy, se vuelven ciegas transeúntes de esas calles que ya estoy harto de caminar.
Repelen estas magias disueltas que una vez supe tener entre mis manos, las sonrisas que me regalaron en justa contienda con la vida, y que tal vez, por creerme tan merecedor de ellas, las vestí de soberbias y eternidad, pues creí, que siempre iban a estar a mi lado.
Se funden entre estas escasas posibilidades, las maltrechas acechanzas de algunas alegrías que alguna vez fueron mías, y que hoy se quedan harapientas esperando a mi puerta por un poco de comida y exquisita pensión que ya no puedo otorgarles; se calman, aquellos impertérritos y dolientes resquemores que me dejaron algunas traiciones; que por un momento, me dejan ver mi cuerpo flaco y disuelto en tanta agonía imaginaria, que no sé, como puede ser que un sentimiento tan distante hoy para mí, me deje tan esquelético y afanosamente perdido en medio de este cantar de desilusiones y tormentos.
Ruedan algunas plegarias sobre mi lengua; se gritan a sí mismas, estas atontadas secuencias de palabras, que no hacen otra cosa que llamar lo que ya no espero; fiebre de perdición es lo que hay, silencio consonante con esas lamentaciones que dejé en el perchero y que azuzo algunas veces para que me encuentren distendido en algún sitio, y recordarme que la felicidad es prudencia de acción, y pureza en el tiempo que se regala en abrazos si se sabe aprovechar.
Parece quizás, que se amargan estas insensatas peroratas, para informarme que sólo sufro un poco de amor perdido en el tiempo; y se ven mis heridas, a través de prismas que agigantan mis dolencias.
El viento zumba con aullidos y ya duelo los placeres de los sentimientos no correspondidos, y fiel me quedo a mis convicciones, antes de despertarte y susurrarte que ya caigo en tragedias, antes de haberte perdido.



sábado 3 de noviembre de 2007

MANOS DE VIENTO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Hubo un hombre que lloró sus días, y de sus ojos cayeron perlas preciosas; junto a él, hubo una mujer que las recogía y se hacía collares de amores vacíos que jamás volvería a ver.
Hubo una mujer que soñaba su vida como el mar, y de sus labios crecían olas enormes, como esas olas solitarias que quieren alcanzar la luna; y en ellas, se bañaba un cuerpo de hombre que era tocado por miles de olas y que luego de un tiempo, invariablemente se perdían en lamentos.
Hubo un día un hombre que soñó que era libre y de sus manos nacieron caricias de mañanas y en él, bailaban las clemencias de una mujer que era presa de su amor por los horizontes.
Hubo un día una mujer que rió su felicidad por ver la luna nacer, y en su inocencia de lo simple se escondía la vehemencia de lo infinito... y cuando me acerqué a ella y me senté a su lado comprendí que aún teniendo lo soñado, mis manos eran de viento y mis razones logros inanimados que un día se perderían.
Le pregunté que era la felicidad y el amor, y ella riendo nuevamente, me señaló el mar y me dijo: “Hubo un hombre que lloró sus días...”
Y todo lo que tenía fue nada, a la simpleza de un momento.



viernes 2 de noviembre de 2007

BRUMA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Solamente un extraño que va lamentando el haberse encontrado soy, ya que ahora hasta el poco tiempo que me queda se enmudece consternado ante la presencia de mi sensatez repentina, que es digna de verse cuando reconoce que soy un ser, que fue dando más interés a las cosas que a su propio designio de ser alguien.
Entonces habité casas y no hogares, transité por caminos y no destinos; me embriagué de agua y no de mares, disfruté de compañías y no de amigos; cavilé en desatinos y no en sueños y vestí algunas modas pero no ropas, compuse algunos compases y no melodías, viví algunos días pero no, una vida.
Solo y lejano, indeciso tal vez y un poco acertado al decir que voy muriendo, me encuentro siendo un contrincante de todo lo que he juntado a lo largo de mi existencia, que ahora no sirve, que ahora me molesta, y no me deja ver lo que realmente necesito.
Estupefacto de conciencia y rodeado de un halo de inteligencia, le exijo a mis sentidos que me dejen en paz, y se dignen de evadir los yerros de este no-muerto, que pide un poco de clemencia cuando realmente se da cuenta que lo realmente importante, se le ha escurrido de las manos.
Desalentado e incongruente, le digo a mi paladar que deje de degustar algunas amarguras, pero ya sin piedad esos murmullos se acercan a mí y me dicen casi en cantos celestiales, que todo está a punto de terminar; y me veo, rodeado de una casa y no de un hogar, pisando una tierra y no mi espacio, tocando un cuerpo y no mi refugio; me encuentro diciendo afirmaciones y no verdades, omitiendo falsedades y no arrepentimientos, velando paciencia y no dejándome ir en paz.
Entonces creo, que morí pero no del todo, y no deseo andar vagando por ahí como una excusa o un arrepentimiento para que otros sepan de antemano lo que hay aquí; sin embargo sé, que no estoy en paz y eso me perturba.
Pero me han dicho que tarde me iré, por qué adoré mis cosas antes que mi alma, preferí mis materiales antes que mi corazón e hice digno a mi dinero antes que a mi espíritu... no me preocuparía tal vez ser un efímero espectro, que cause algunos mínimos y prescindibles fríos en estas esquinas grises; tal vez lo haría... pero me duele no poder despejar mis ojos de esta bruma que se parece tanto a estar y no estar; y se me ocurre una idea y en silencio, empiezo a murmurar que todo es un sueño y en él digo que morí y no del todo, por que siempre tuve una casa y no un hogar, transité caminos y no destinos, hablé de mañanas y no de esperanzas, busqué allegados y no una familia, viví siempre soñando que jamás despertaría... a la verdadera vida.


sábado 20 de octubre de 2007

CARICIAS DE TUS HORAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

A MI MADRE: GUILLERMINA OLGA CUELLO DE GODOY

Iluminan mi historia algunas palabras que no encuentro a tu distancia, y aunque tengo inspiraciones, el silencio se abalanza a mis pies cuando me hablas de lo que soy para ti.
Sé que escapo a la intemperie en algunos lugares cuando no te siento cerca de mí, y pacientemente invento historias sin final donde yo me voy antes que tú, por que alguna vez te he dicho que mis ojos dolerán y mi boca se refugiará en mi memoria doliente el día que me tropiece con tu ausencia.
Camino algunos rincones de mi alma, y no encuentro más que luces de tu historia, por que sabes que estoy hecho de jirones de tu esperanza y paciencia de tus entrañas. Me has traído y sé que mil veces lo harás sonriente, y aunque vuelva aquí, dentro de otra que será mi madre nuevamente, te volveré a buscar por que has dejado la inspiración de tus horas en mis silencios y el oro de los instantes vividos en ésta, mi vida, que se aletarga y vuela rápidamente a tu compañía cuando presiento que de mi verdadero espacio ya te están llamando.
Me inclino ante ti por que no tengo nada que juzgarte en mi andar, por que los azotes que me has dado me han servido para llegar donde debo y para seguir ese camino que has soñado para mis anhelos.
Y aunque sabes que solamente mis sueños son de rey y mis pasos se pintan de yerros, me aceptas igualmente desnudo, sucio, maloliente y despiadadamente perdido como aquella primera vez, en que me habías entregado a esta tierra que tanto quería volver a caminar; y me llevas nuevamente en tus brazos y acallas mis gritos cuando veo lo que hay para mí, por que me das valor, y en silencio escucho tus rezos que me obligan a admirarte eternamente, como esa mujer que se asemeja a la sombra protectora que siempre perseguiré cuando esté en tinieblas.
Sé que me entrometo en la confianza de esos ángeles que te cuidan, por que los he visto y se parecen mucho a ti. Y aún cuando te niegue, sé que me seguirás donde vaya, por que has colocado mis piezas más escondidas en los lugares correctos y no existe nada que hoy te pueda negar.
Sé que algún día tal vez, pueda atreverme a soñar el llegar a parecerme a ti un instante, en esos silencios de mis cavilaciones, donde se guardan los verdaderos tesoros que me has dejado; uno a uno, sin distinciones ni juramentos, para que yo los encuentre a su debido tiempo.
Me inclino ante ti, por que no tengo nada que juzgarte en mi andar, cuando las caricias de tus horas son las que calman mi procesión, y las madrugadas sedientas de dudas, las que me llevan a lidiar con ese destino que a veces me sueña antes que yo lo comprenda.
Mira aquellos horizontes y aquellas montañas que tanto me has regalado; sólo la promesa de parecerme a la confianza que me tienes, y el amor que me has regalado en el silencio de tu primer mirada y tu primer abrazo es lo que tengo; y sé, que para ti no hay mayor tesoro extenso e impagable, que mis manos vacías y mi corazón tranquilo, cuando me ves tan doliente de pesares que no son míos.
Entonces renazco a tu mirada, cuando me guías para desatarme de mis horas bajas; te haces a mi certeza, regalándome el amor perfecto que llora en penumbras y nada posee; y es lo que siento de ti, cuando camino algunos rincones de mi alma y no encuentro más que luces de tu historia, por que sabes bien, que sólo estoy hecho de jirones de tu esperanza...



domingo 14 de octubre de 2007

SOMBRAS Y VIDA


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Y aún... después de discernir por un momento con mis vicisitudes, decidí dejarlas a un lado y posponer mis lineamientos que ya estaban tan cansados y gastados como mis palabras, que apenas resbalaban de mis labios y se estrellaban sobre los recuerdos de mis historias.
Dejé de mirar mi reflejo y opté por arrancar un pedazo de palabras, aunque fuesen un montón de migajas desatadas al viento sin rumbo ni función alguna.
Tuve un solo instante en pensar... sí... creo que fue pensar, o mejor dicho, creo que en vez de pensar... reflexionar; sí... tuve un solo instante para reflexionar sobre mis actitudes, sobre mis supuestos éxitos y mis supuestos fracasos, sobre mis logros y mis más oscuras pérdidas.
Tuve un momento de lucidez como Don Quijote, donde todo encajó tan armoniosa y delicadamente, que parecía una verdadera mentira que todo fuese tan fácil y tan simple.
Capté todas las sensaciones de haber permanecido en la vida como un espectador, y no como un jugador; cuando tragué un poco de saliva, pude saborear el instante amargo que deja ése momento donde las decisiones que mueren por miedo, son las desgracias de un futuro que nace incompleto cada día para morir sin llegar ser una vida.
Cerré mis ojos y permanecí un momento más en mis sueños... y fui aquel almirante de mi navío de ensueños, donde los océanos bañaban mis ojos y mis brazos con calidez, y en cada parpadeo me acercaba un poco más a mi Dios; y fui nuevamente ése niño que jamás corría tras el dinero y las cosas que formaban parte de una vida cada vez más ajena a la vida misma, y soné nuevamente con ser el mejor descubridor de estrellas en las noches espejadas, y el peor durmiente en las noches anteriores a las fiestas navideñas... solamente me dejé llevar; y... y me despojé de todo lo que había ganado y de todo aquello que había perdido.
Mis cicatrices de amor se disolvieron en el viento, y las caricias de aquellos que me amaron fueron más dulces que nunca.
De repente lo poco fue maravilloso, y lo mucho brillaba por su ausencia porque no era necesario; las palabras hermosas se transformaron en mi único sostén y las palabras injuriosas se acallaron para siempre ahogándose en su propio veneno.
Todo fue inmenso y pequeño a la vez, todo fue claro y tenebroso como el más espantoso de los abismos; pero al final... al final esa luz que era tan inmensa y tan espaciosa, me hizo saber que nuevos brazos irían a cobijarme y lloré.
Abrí mis ojos con temor y mi mente se libró de toda angustia y todo recuerdo, mi corazón se volvió traicionero de mi potestad y mi historia se desdibujó en un silencioso soplido de hechos sin testigos; pero en realidad... en realidad ya no interesaba, solamente me dejé llevar nuevamente a ése lugar, donde mis ansias se unirían nuevamente a mi Dios para darme esa nueva razón que me dirían que mis sueños nunca morirían, porque ése... ése fue mi momento.
Grité cuanto pude, con toda mi voz.
Traté de asir primeramente la nada, y mi terror solamente fue superado por mis llantos...
Y esos brazos, y esos labios que me protegieron...
Sombras y vida; dolor y pasión...
Sí ése fue mi momento; sabía que lo era; y creo que fue así... como nací, una vez más.


lunes 3 de septiembre de 2007

PERFECTO BRILLO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Cierro los ojos.
Pienso. Abro la boca para decir algo pero desisto.
No hay nada importante para decir.
Sé que ha sido un día más para olvidar y me pregunto entonces: ¿Cuál es la diferencia entre los que hacen y los que dicen?
Creo que dormido estoy, (tal vez me he dormitado pensando en esa exagerada conciencia que me atusa el cerebro y se ríe de mi inconstante análisis) por que el cielo parece gritar alguna verdad y la luna se adueña de mis ojos, y desde lejos algunas palabras se acercan, como gritadas por algunos que han pasado; algunos olvidados... gritos de extraño éxtasis, mezcladas con dolor y algo de razón.
Cantos paridos de miserias y abandonos, palabras seductoras y amalgamadas con heridas aún sangrantes; y todas juntas, dicen esto:
“Sentencias indeclinables, díganme si no son más que los resabios de mis decisiones y los condicionamientos de mis pensamientos.
Días por venir, días por venir... ¿De qué los acuso? Si no son más que mis testigos silenciosos de lo que hoy dictamino como verdadero.
Veme mañana y dile al atardecer, que hoy será igual que ayer, si yo así lo deseo”
“Crepúsculo verdadero, cántale al amanecer mis palabras que tal vez sean iguales a los caminos que seguiré”
“Silencios verdaderos... ¿De qué los acusaré? si solamente yo he sido el que ha decidido que sean silencios”
“Caminos... ¿Cómo he de culparlos? Si yo los he dirigido a mis ojos, otorgándoles el derecho de ser mis caminos”
“Santos, ángeles, dioses, extraños sabios e inanimados ídolos... ¿Es que puedo justamente hablar en contra de ustedes? Si de mi boca han salido las palabras que han decidido que ustedes sean mis ángeles, mis dioses, mis extraños sabios y mis inanimados ídolos”
“Momentos de ayer, momentos de hoy... ¿De qué los culparé? Si todos a mi merced han estado, y los he acunado entre mis memorias y les he dado el perfecto brillo, para que sus reflejos marquen mis horas”
“Palabras horrendas, palabras de dolor, palabras sabias y palabras de amor... ¿Es que ustedes serán las culpables de mi desgracia? Sin embargo... ¿de qué las culparé? si ustedes son solamente las únicas testigos de que en mí, existe algo más que este cuerpo animado que por las noches queda a merced del misterio del espíritu y baila sin cesar entre balbuceos inquietantes cuando mi verdadero ser, se fuga a vislumbrar un poco más esos cielos que no ven mis ojos terrenales”
“¡¿Qué será de mí?! ¿Qué será de mí?”
“¿Por qué me dices mi Dios, que soy tan importante, único e irrepetible...? si aquí me tienes cansado, irritado... tan pequeño como un grano de arena, y a la vez tan poderoso como el mar...”
“Creo... que tal vez es así, por que esta mañana me he dado cuenta de que yo soy el verdadero hacedor...”

Abro mis ojos. Estoy alterado, sudado y con mis sienes a punto de estallar.
Mi ceño apretado y mis puños cerrados duramente, me sorprenden diciendo:
—Entonces... entonces... Si yo soy el hacedor... ¿a quién culparé?
“¡Oh Dios mío... esto es muy perturbador! ¡Yo no quiero, ni deseo ser el culpable de todo!” pienso.
—¡Por favor! —grito. ¡Tráiganme enseguida, un culpable!
Y sólo escucho mi eco...
“Esto es grave” pienso.
—¡Mañana mismo iré a buscar algún culpable —murmuro y mientras me remilgo digo finalmente—: pero ahora dormiré... mañana será otro día—.


CARTAS SINCERAS VI (Ya no ser)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

¿Dónde estaré pena?
¿Dónde me encontraré hado?
¿Será creo, que al momento en el que el altísimo me llame, renegaré de mi tiempo, o de la escolta de ángeles que pisan la estela de mi espectro?
Dime cielo, que haré cuando mi piel ya empiece a ennegrecerse y mi aliento sea de memorias y mis recuerdos de mis deudos. Dime que haré con mis asuntos pendientes.
¿Qué haré con las lágrimas que no he derramado?
¿Qué haré con las casas que no he construido?
¿Qué haré con la tierra que no he trabajado o con el libro que no he escrito?
Quimeras danzantes vienen a mí hablando de regocijo y las desconozco, por que fui y soy hombre abiertamente temeroso de la hora de mi muerte y aún más, temeroso del segundo después mi partida, donde se abren los interrogantes más plausibles de la eternidad o la negación de la misma.
Temo a no ser; temo a que mi memoria se disuelva como entrañable idea desusada que jamás fue ni será.
¿Dónde estaré, cuando ya me haya ido de aquí?
¿Qué paisajes verán mis pupilas? ¿Cuál será la primer palabra que diré luego de morir? ¿Cuál será mi primer reflexión?
¿Es que seguiré siendo tan insensato como ahora; o es tal vez, que se despertará en mí, alguna inteligencia infinita que había esperado el momento correcto para hacerse poseedora de mis pensamientos y cavilaciones?
¿Me iré tras los sueños de Morfeo, o tal vez recorreré algún sinfín en detrimento de las buenas almas y abrazaré al Dante? ¿Cómo serán las lunas y los cielos?
Dime luz portentosa qué haré, y deja esos rumores agoreros que se llevan mi botín de estrellas, que ya no quiero a mi lado a esos ancianos de corazones contritos y senderos limitados...
Espérame parca, espérame cuervo que aún no he terminado mil palabras y ya te alejas de mí; que tampoco quisiera, que me dejes en futuro tortuoso y pulcra eternidad terrenal...
¡Que confusión Dios santo!
Haré silencio alma, y así tal vez, puede comprender el por qué de mi temor a ya no ser, o ser un buscador eterno de la paz que jamás llega...


CARTAS SINCERAS V (Razón del Alma)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Profano y desprovisto de raciocinio justo y ecuménico, os digo que ostentaría ante mi Dios, de mente y acto, el dejar mi camino para seguir el vuestro a lo largo de la vida, siempre y cuando vierais en mí, este hombre perdido y errante como navío a la mar saturada de sentimientos violentos pero tan aduladores de paz y esperanza, a un hombre recto y merecedor de apreciar vuestra sombra y seguir el lamento que dejan los días pasados a vuestros ojos, que claman ya no ser vistos por tamaña muestra de perfección celestial y exaltación de espíritu.
Y aquí le digo mi dama y señora de mi suspiro, que os regalaría todo lo ajeno a la materia real, que vos misma me habías instruido, no es de vuestro carácter el sentiros atraída por ella, más sí, atraída por los secretos que guarda el honor del alma y los secretos que se atreven a guardar los corazones valientes tan parecidos a esos corazones de leones, desprovistos de cansancio hacia el horizontes y ajenos a toda cobardía que aciaga, desea intimidar en sueños a los que se atreven a hablar de ir más allá de sus fuerzas.
Y aquí solícito dama y señora de mis noches y mis días, os pido que vuestras manos calurosas esquiven el viento que os trae rumores acallados y distantes de que ya no existen amores de antaño, dichosos de ver atardeceres en vuestras pupilas y alegres de creer en el mañana aún, sin el clamor que llaman a los cuerpos a conocerse sin testigos y en el silencio que os deja mudos de palabras dulces y excelsas.
Os ruego mi señora, que si veis en mí algo tan distante y obscuro, tanto, que vuestro amor se cubra con niebla de dudas, no lamentéis el verme padecer por vuestra negación; más, os pido de primera mano, que me veáis tan feliz y entero, por haberos conocido y por haber podido ser partícipe de algunas madrugadas en vuestra mente.
Y así también os ruego mi señora y dama de mi silencio y de mi energía, que no os privéis de darme la buena nueva enseguida, que llegará como miel de paz al paladar amargo de dolor, o como caricia de amor al solitario corazón perdido, cuando vos misma, hayas decidido que yo, éste hombre que os pretende, haya sido el elegido por vuestra exactitud de sentimiento y vuestra razón del alma, que guarda los secretos reunidos de toda la creación y de todas las mañanas.
Sin más mi dama, os digo que siempre guardaré en mi memoria aún estando a vuestro lado para siempre, el momento justo en el que ahora os veo fragante, bella y tierna, como una estrella que guía al navegante hacia su morada feliz y segura.
Siempre suyo, me despido con respeto, sinceridad y en silencio para no despertar los avatares de mi corazón, que os clama por sus prontas palabras.


CARTAS SINCERAS IV (Silencios)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Quebraos en inconsonantes desprecios, estos versos tan fugaces y desprovistos de gallardía y pomposidad cuando de presentar a un amor se trata, ya que el amor que os deseo dilucidar no pasa más allá de mi corazón el cual, desatado como caballo salvaje, se ha escondido bajo algún lugar del cielo, a murmurar con el viento que os tenía guardadas estas palabras que ahora no quieren ser vistas ni habladas.
Sepultadas, dolientes e inquietas en algunas mayorías de frases, se van mis plegarias y se alejan de vuestros ojos y de vuestros labios que prestos van a mi encuentro y yo, delante de vos, me quedo a un pie saltando haciendo bufonadas, sin tener control sobre el designio que me ha llevado a enamorarte por cual veo, eres muy mujer para mis intenciones y extrema miel para mi paladar.
En silencio me he quedado mi eterna amada, solamente admirando tu virtud que hace que mi persona se vuelva un fantasma a tus ojos y un don nadie a los ojos de todo el mundo que me conoce; en silencio es que me entrego a la exigua y desordenada temeridad del amor, que me abraza como a un guerrero sin armas, y con sus bellas manos me deja desnudo, me azuza, me tala, me mantiene y me pule como a un hijo bien amado por su padre y por su madre, los cuales lo llevan por camino de rectitud que un día lo reconocerá como hombre de buen decidir y buen augurio dará de él Dios.
Sentenciado, extasiado, y febril de deseo, me quedo en pie, imaginando qué es el amor que llevo aquí dentro, y qué es lo que vos habéis hecho con mi nombre y con mis ojos, que se van de tu mano a perseguiros por vuestros caminos de fantasías y os quieren abrazar en vuestras noches de calor o de frío, buscando solamente la silueta de vuestro cuerpo para descubrir la verdadera belleza que hace que os siga como un esclavo diligente hacia todo los rincones del universo, aún cuando su amo de buen corazón valeroso y misericordioso lo ha liberado de su tortuosa faena y de sus carceleras cadenas.
Derramaré os digo entre alegrías, mi sombra en tus refugios y mis días en vuestro pañuelo, para que cuando llores mi distanciamiento estés atenta a mis días que te presento aquí y que ahora son solamente de vuestro aliento y de vuestro andar.
Vacilaré si es que me dejáis, en creerme que vuestro corazón se entrega a mis manos, por que como os había dicho antes, todo lo que os puedo decir es mínimo ante vuestra sonrisa y vuestra presencia que franca me enloquece, mediante sus perfumes y esas caricias que prontas me traen el viento.
Me quedaré entonces señora mía, a vuestro lado y en silencio, por que veis solamente aquí, a un caballero atontado que sabe que es vuestro amor; pero en realidad, cada vez que atisba vuestra mirada de cielo, se acerca más a parecer un paje burlón, que un caballero de honor tan enamorado de vuestro silencio también.
No trataré de deciros más mi doncella, más veis que cuanto más os quiero explicar, más resabios de frases dejo en mis labios y más palabras entrecruzadas habitan en mi lengua.
Solamente entonces, me dejaré guiar por vuestros ojos y vuestras manos en el silencio que gritando al universo, me murmura con silente paciencia que no tema de vos ni de mí, por que me quedaré a descansar en el amor que tan hermosa mujer como vos, le regala ahora y para siempre a este hombre que solamente quiso escribir algo certero, y solamente guardó sus palabras en el silencio de la magia.


jueves 30 de agosto de 2007

CARTAS SINCERAS (Amado y Servidor)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Sois quejas despiadadas de amor en mis tardes y acusatorias palabras de pertenencia en mis noches; pues es que vuestra sonrisa me ha convertido en un fugitivo de mí mismo, que se va apartando de la realidad y deja a vuestros pies, sus días con sus madrugadas risueñas y sus noches con sus esperanzas de despertar una vez más, para poder disfrutar del conjuro que me habéis hecho con tus caricias.
Recelosos y repletos de quimeras me persiguen estos cielos, que con vuestras plegarias los habéis vuelto una pintura de vuestros ojos y al viento que se me acerca, una extensión de vuestro aliento.
Voy distante a mi propio encuentro os digo, por que siempre cuando voy a vuestro encuentro y pienso en vos, me doblegan las fantasías venideras y en sueños caen mis momentos y me pierdo persiguiendo vuestro recuerdo y enseguida el futuro a mis pies se entristece, por que sabe que en un instante más, perseguirá el aroma de vuestra partida hasta vuestro aposento para quedarse a dormitar en él, hasta el próximo encuentro en el que yo, vuestro amado y servidor, os tenga entre mis brazos para deleitarme con vuestros pacientes labios.


CARTAS SINCERAS II (Vieja Sombra)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Recuerdos silentes, que se enceguecen en plegarias que son respondidas por ángeles ciegos, son los que hoy dominan mis memorias austeras y arrinconadas, que dejan de lado esos lugares esperanzados de amores y aventuras que alguna vez he andado.
Vaga muestra de rectitud que hoy adolezco y esperanzas de santos que nunca fueron, son las cargas que me hunden en lamentos de haber perdido esos caminos que eran solamente para mí...
Finjo ser inocente, deseo ser inconsciente; pero en sí, sé que hoy no soy más que otro héroe que alguna vez pudo ser, y que perdió su estrella por perseguir deidades y doctrinas que tarde vinieron a saberse, solamente eran artilugios para que algunos pocos se llenaran de castidad mentirosa y de oro sucio.
¡Ay que ciego estoy ahora, y que solo me encuentro al escuchar las sonrisas y las victorias de los que jamás se creyeron los límites, como yo sí los he creído!
Valga mi ancianidad entonces, para advertir a estos seres, que no existen límites en la conquista de uno mismo.
¡Ay, y ay mil veces por el que así lo crea!
¡Ay mil veces por aquel al que le hayan tocado padres temerosos de algo inexistente y superfluo!
Y es que ahora entiendo, que valiente es el que se vence y mata su vieja sombra, sin temor al tiempo ni a las miradas acusatorias.
Y es que ahora comprendo, que es el que algo hace, el que siempre estará en labios de otros para ser criticado...
¡Ay por mí, que me creí los límites!


CARTAS SINCERAS III (Puesta de mi Corazón)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Sombreada están mis mañanas de deleites invisibles y fantasmas agoreros de labios de miel y caderas danzantes, que me elevan hacia lo incongruente de mis acciones y la locura de reconocerme enamorado de aquella mujer, que me ha dejado interrogantes inescrupulosos que me asaltan y me aíslan de mis quehaceres diarios, convirtiéndome en un danzarín lelo, a merced del ritmo de este corazón que extrañamente reconozco como propio.
Extraño y desatento me yergo a la madrugada y le pregunto a esa luna menguante solícita de palabras de amor más que de interrogantes, que es lo que le está sucediendo a mi piel, que se crispa y entumece cada vez que por mi mente se revuelven esos cabellos de mujer tan efímeros y necesarios; la interrogo por mis manos que en soledad y casi en alabanza, dibujan una figura incorpórea siguiendo esos dictámenes seductores que hablan del inalcanzable amor que habita dormido dentro de un cuerpo que suda gotas de rocío y clama a murmullos una pizca de pasión a raudales.
Fugo a mis huesos, fugo a mi lugar y en vuelo rasante a las nostalgias adversas que ya me extrañan, voy volando hacia alguna calle solitaria de invierno, que se vuelve un camino iluminado y esplendoroso solamente por el hecho de que ella está de pie ante un ventanal, suspirando por alguna sílaba de mis labios o alguna palabra ingeniosa de mi mente que no me atrevo a decir por temor a parecer tan ingenuo e infantil, como ahora mismo me siento.
Miro a esas negras nubes pasar, y cambiarse de ropas por otros coloridas y brillantes; miro a ese cielo acorralado por tormentas, sonreír ante la idea de que el sol escondido le comente de mi vuelo en busca de mi amor; miro, a esos pájaros hilvanados a la roca desnuda, que dejan su sopor y su embriaguez de intemperie, cuando me ven silencioso y certero, admitir que todo lo que se transforma ante mí, se transforma por que tú estas aquí.
Callo admirado de mis nuevas habilidades y me detengo a tu puerta, esperando la puesta de mi corazón, que ilumina mis ojos y sé, hace que tu voz vibre y desatienda a tus sonidos.
Callo diligente, por que escucho tus pasos hacia mí...
Y tal vez por un breve instante, me pregunto por que desatiendo a mi vida; sin embargo cuando te apareces, es que la respuesta viva se hace presente y se obnubilan nuevamente mis pensamientos.
Y me dejo llevar por esta sensación de morir y no ser, que se deleita, cuando todo lo que existe se transforma sólo por ella, que está aquí...


sábado 18 de agosto de 2007

VISIONES

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Se fueron desquiciando esos momentos, que me habían vuelto un preso disconforme con mi pena, pero tan insensato y ciego a mi prisión, que me creía en libertad de mis acciones y decisiones.
Volaban frente a mí esos días iguales, y se confundían en mis pupilas los atardeceres y las madrugadas, los ocasos y los mediodías, y presintiendo algún final, fue que realmente empecé a hilvanar estos argumentos que al empezar a copiar mis palabras, sólo me di cuenta que de mi boca se escapaban retahílas inconclusas y soñolientas que sin quererlo, me hablaban de una vida desperdiciada, que rogaba a mis ángeles no fuera la mía.
Entonces cuando corriendo y desesperado por mis días que se iban muriendo, les fui creando estas visiones de fantasía, con las cuales me emancipaba de este dolor de saberme un embaucador de mi dolor y un mago gastado de innovaciones y talentos.
Y lentamente...
Cavilando y sin sentido, fui pintando mi prisión de otros colores aguados, y con alguna vergüenza, fui dibujando otros caminos que sabía, jamás recorrería. Mis días, vieron los cambios, y se miraron entre sí, diciéndose algo que no estoy muy seguro de haber escuchado; pero aún así, con mis refacciones y mis facilidades, ellos se negaban a darme alguna chance más.
Bailaba algunas melodías escandalosas, que ya las había bailado hacía mucho tiempo atrás, sólo con el afán, de no parecerme a los demás; esos, que quedaban aprisionados en circunstancias dolientes y futuros negros sin solución aparente.
Y lentamente...
Mis días se dispersaban sin control y hasta parecía que habían erigido algún tipo de manto invisible alrededor de mis acciones, por que tenía la impresión, de que mi corazón se había quedado estancado en un sentimiento que ya no recuerdo, y mi alma, se había quedado a orillas del mar a escuchar una conversación entre Cervantes y Borges.
Estoico entonces miré finalmente, como había reordenado mi prisión, donde ya algunas mariposas de acuarela, coqueteaban con flores risueñas y sonrientes; donde, un sol de risa, se elevaba en el poniente, alumbrando la falta de fatalidad y de muerte a la vera de un mundo sin dolencias ni necesidades.
Francamente debo decir, que cuando terminé de dar mis últimos retoques de blanco a ese Dios que miraba todo desde arriba de una nube, y finalmente decidí pintar las alas de un ave de un opalino menguado, fue que uno de mis días se asomó curioso, a ver que estaba sucediendo.
Si mal no recuerdo, creo que seducí a un atardecer, con una pintura de ardillas alegres, que entonaban una canción abrazadas a un peregrino, que se debatía entre seguir su camino a pie o navegar ese lago manso, de aguas transparentes que lo esperaba como una madre espera el primer tacto con su vástago tembloroso e indefenso.
En silencio volteé.
Y vi a mis días sonriendo y muy cerca de mí. Creo que vi sus rostros de complacencia y sus piernas temblorosas dispuestas a saltar sobre mi vida, para darle un poco más de tiempo.
Entonces... dejé a un lado los crayones, y junté todas las acuarelas que sabía, en algún momento tendría que volver a usar.
Y me quedé quieto y casi dormitando, sentado en un rincón de mi prisión, a la que como un excelso tahúr, le había jugado mi más grande trampa, y mis mejores movimientos, lo cual, me había dejado sin fuerza y sin esperanzas.
Mis días me sonrieron y se quedaron conmigo, aunque a veces pienso, que muy de vez en cuando se siguen pareciendo unos a otros.
Y lentamente… fue así que la locura, se transformó en mi fiel y eterna amiga.


miércoles 15 de agosto de 2007

COSAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Había una historia que venía a molestarme de vez en cuando, cuando vacilaban esas palabras furiosas, que se dejaban enamorar por aquellos caminos que había dejado atrás y que sólo, los soñaba cuando algunas pesadillas audaces me hacían voltear los ojos para mirar obsecuentemente mi pasado, aletargado entre mis manos quietas.
Había una historia que se volvía una fina línea, entre lo que había soñado y lo que ahora degustaba mi alma encarcelada por algunas decisiones que había creído altruistas y correctas, sólo por que habían nacido desde el miedo; que ahora, se volvía un inconsciente compañero de juerga, a la hora de las justificaciones.
¿Ves amiga, que no soy más que otro deudo, que va llorando mi cobardía de no querer soltar las amarras de mi vida?
Se van creo, algunos momentos conmigo, y otros, se quedan a esperar que haré, cuando cuente los días que me queden y los apile como rocas para construir un enorme muro detrás del cual me esconderé para esquivar la muerte.
Se van sabes, esos días que me hablan de lo más horrible con eufenismos dispares, que no logran convencerme de que pierdo la sencillez de algunos instantes, donde se esconde la verdad de todas las cosas.
¿Ves amiga, que no soy más que otro deudo, que va llorando mi cobardía de no decir esos secretos, que se reflejan en lo mínimo de lo más inmenso?
Había una historia sé, que se había quedado dormida en mi silencio, y antes de yo saberla, se había escondido en los bolsillos la simpleza lo divino, esos pequeños detalles enormemente eternos, de los que están hechas todas las cosas.
¿Escuchas el silencio?
¡Mira aquellos pájaros reír! ¡Vislumbra esos océanos que van inventando melodías para seducir a la luna!
¿Realmente ves lo que hay aquí?
¿No sueñas los secretos de la simpleza, con lo que todo hecho está?
Mira...
¿Ves amiga...? Que no soy más que otro deudo... que aunque ya hecho de memoria, se llevó lo más importante de la vida...


lunes 13 de agosto de 2007

CARA OCULTA (Plegaria de un Caballero)

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

¿...Es que moriré sin siquiera tocar el cuerpo de mis más ansiados y vulgares sueños? o... ¿Es que la misma muerte ya atisbando mis placeres mundanos, me ha mandado llamar para enjuiciarme delante de mi señor Dios como un vil reo, que no puede dejar de consumar sus más horrendos delitos?
¿Tendré oportunidad vida mía... de obsequiarte algunas noches de paladares pastosos y mentes desobedientes...?
¿O es que tendré que entregarte a la tumba tan dispuesta como una virgen se entrega al sueño eterno, sin conocer las bondades del amor que se encienden en llamas cuando se consuman en la carne efímera y ávida de tacto y caricias?
Mi señor... ¡Mi gran señor!
¿Cómo podré entregarme a ti? ¿Cómo podré formar parte de esa reunión que te llama y te nombra en búsqueda incesante de paz y sosiego...? ¡Si no he conocido aún corrupción alguna que me haga negar tu nombre! ¡Si aún no he tenido oportunidad de renegar de mis buenas acciones frente a otros hombres; y delinear mis caminos justos, que se aventuran según mi elección a la buenaventura o al desastre!
¿Cómo es esto mi señor?
¡Cómo puedo vencer, si en campo de batalla estoy, dispuesto a toda honra a que me llames a combatir...! ¿Pero has visto? ¡has enviado ángeles que en vez de darme espada sabia, me han dejado un puñado de tierra espesa y maloliente...!
¿Cómo quieres que combata? ¿Cómo quieres que mi victoria se llene de tu nombre...?, ¡Si me has dejado tan desnudo como al más mísero de los pobres, que sólo tiene como abrigo el cielo, las alas de los halcones como techo y las hojas de las palmeras su refugio contra la lluvia que le envías!
¿Porqué me has dado vida mi señor?, si ahora mismo es que apartas tus facciones de mí, y la cara oculta de la luna se me muestra vigilante sin piedad, esperando devorarme en noches de súplicas por mi alma etérea
Dime mi señor donde voy. Dime a quien buscar.
¿O es que todo es un sueño que pronto pasará, como pasan esas aves que se pierden en el espacio azul?
¿Qué es lo que quieres que haga por ti? ¿Qué es lo que deseas que haga por mí?
¡Si me has dejado una roca que ya se disuelve entre mis lágrimas, y me has pedido que construya un palacio!
¡Si me has dejado con la fealdad presta en mis facciones, y me solicitas que enamore a la más hermosa de las doncellas que jamás ha nacido!
Si... si me has dejado sin andar, y mis brazos son sólo sombras del ayer que ya no está, y me pides que atesore momentos comunes junto a aquellos que me miran y señalan, como si yo fuese un fenómeno indescriptible de otros lugares...
¿Porqué me pides que vague entre yerros, cuando mi mano solamente se presta a obsequiarme enormes distancias que separan mi buena suerte de la suerte que tú me pides?
¡Aclara mi mente señor!
¡Que mi sabiduría peca de ser inconveniente para yo seguir incauto en tu palabra, y diestro en las artes de la tolerancia y la comprensión!
¡Aclara mi mente mi señor!
¡Que mis ansias de llegar a tenerlo todo en mi alma, me han llevado a caminos comunes que hoy me llaman a recorrerlos sin miedos ni disfraces!
...Aclara mi mente mi señor...
Porque hoy doy fe de ti, pero también doy cuenta de mis posibilidades de cambiarlo todo; más aún aclárame porque razón, hoy me llamas a estar frente a ti, y sólo lo que veo es mi reflejo en éste lago tan apacible que encierra mi imagen tan convulsionada, y abordada de interrogantes y discursos...
Aclara mi mente mi señor
Porque he sentido tu llamado, y sé que el que me llama es mi único y verdadero señor del cielo; pero explícame mi omnisciente Padre, por que viniendo de ti el llamado, es que me ordenas mirarme en estas aguas tranquilas que son un espejo reluciente de mi cuerpo, mi corazón y mi alma.
Aclara mi mente señor...


miércoles 1 de agosto de 2007

MI MIRADA. TU CAMINO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


...Llama tu historia a mis recuerdos inmóviles que te habían esperado tanto, hasta convertirse solamente, en distancias imprecisas entre lo que pudo ser y lo diario en mi camino.
Te veo y sé quien eres, aún cuando todas esas lunas menguantes que me han acurrucado durante tanto tiempo, velan por mis alas rotas que han dejado un poco su santidad, solamente por el hecho de que tus ojos me iluminan, y tu ansiedad se duerme en mis dominios.
Sé que predices algunas de mis huellas, y eres la portadora de horizontes sin secretos antes de que mi historia pasada se hubo convertido en polvo, y mi cuerpo en un viento extraño del cual ya nadie habló.
Clama mi oscuridad por tus labios, espera mi sonrisa presta a percibir tu aroma de mujer, que me devuelve la razón de hacer cosas, para creerme un poco más eterno de lo que soy en realidad.
Se apresuran mis espíritus errantes a conjurar el silencio que me vio nacer, y que desde su cantar más lejano ya me veía invocar esa historia, donde le rogaba a Dios, el que te vuelvas a cruzar en mi camino.
Yacían mis hombros dolientes de amores imprecisos, hasta que mis demonios solamente empezaron a acusarme de no darles cabida en mis miedos, por que les hablaba del temblor en mis labios al ponerse la luna anterior a tu llegada.
Entonces al soñar el poseerte, es que pareciera que se esparcen en mis días estas fantasías verdaderas, que sabes bien nos regalamos a cada instante, cuando libres de miedo nos quedamos a un costado de la vida, a hablar de aquellos bosques de los que alguna vez nos esperanzaron en profecías.
Mi mirada sabe de las astucias que has usado para llevarme una vez más a tu lado, y mi alma expresamente me pide, que no te cuente desde cuando nos hemos sentido tan cercanos, que hasta nos vestimos de glorias pasadas y alegría sin razón cuando estamos juntos.
Clausuran la genialidad tus días habituales cuando me miras, y te quedas desnuda de procederes y en silencio solamente para mí; y sin tenerte aún entre mis brazos, sé que me dueles, sabes que me sufres, porque aunque nos hemos reencontrado, nuestros caminos conocidos se esconden del momento debido, para seguir con nuestra historia.
Serena te cuelas en mis ojos y mansa te vuelves a mis pupilas; dejas tus armas para otro día cuando me muestras tus manos limpias, y sin resquemores angustiantes, me oyes decirte que esto recién ha comenzado.
Te maravillas con lo mismo que existe en mis soledades, y dictaminas tu sabiduría ante mí, cuando de sombras de deseo se llena mi boca, al mirar los secretos de tu cuerpo.
Entonces parece, que permanecen expectantes estas estrellas, que una madrugada me volverán a susurrar que has renacido en ese lugar, donde mis ojos son tu camino y tu entrega el valor que me llama concluir estas palabras, que seguirán girando en mi memoria hasta ser reescritas, por la misma inspiración que hoy te regalo.
Y es que nos hemos reencontrado una tarde bajo un cielo tormentoso; y desde algún rincón cercano a tu alma; me has contado esas historias, donde le rogabas a Dios, el que me vuelva a cruzar en tu camino.


domingo 29 de julio de 2007

ENIGMA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

—Adonde parten mis hermanos, voy —me dice y sonríe. Me mira y agrega—: iré a caminar con Alá, a los cielos que reflejan aquellas montañas —y señala la cordillera que está a nuestras espaldas—.
—¿Cuándo partirás? —pregunto.
—Partiré cuando el destino me llame; iré a dormitar en brazos de aquellos ángeles y a despertar en los brazos de Dios —murmura y mira el horizonte con sus ojos agudos—. Sabes amigo, que el mañana dispuesto está a entregarse ante mi decisión; y que el pasado... bueno el pasado —sonríe—, sólo es el vestigio de que he existido en estos aires—.
—¿Cuándo volverás? —pregunto algo acongojado.
—Volveré amigo, con el cantar que entona el nuevo día a mis hermanos. Volveré, con el rocío que despierta la bondad del Maestro y las ansias de la sabiduría de aquellos que buscan respuesta en el enigma que encierra mi presencia.
—¿Enigma?
—El enigma que encierra mi virtud, es el mismo que se halla en las palabras de El Cristo, y en las bendiciones de Alá. El enigma de mi belleza es el mismo que se encierra las plegarias de Buda, las bendiciones de Vishnu y la sabiduría de Jehová... Soy el que encierra la virtud de ver... que todo es uno, que el poder es una fuente y la vida su portadora, amigo mío —me dice y vuelve a sonreír—. Estoy cansado —agrega y llego a escuchar un pequeño suspiro, pero creo que es mi imaginación—.
—¿Puedes llegar? —pregunto con cierto temor—.
—El lugar de mi partida amigo —me dice y sonríe—, no ha sido sino, el de mi propia llegada; nadie hace más que conocerse a través de un camino que lo lleva de nuevo al principio; y yo, seguiré ese camino —dice, toma un poco de aire, mira aquella montaña con nostalgia y agrega—: todas las cosas son ilusiones, y todos los caminos lazos entre lo dormido que está esperando ser concretado... Jamás te dejes satisfacer con ilusiones amigo, que lo único que te llevarás donde ahora voy, es el valor de haber recorrido aquellos caminos que ahora mismo estás pensado andar... No temas a los designios nefastos que te avecinan algunos sueños; no temas a las plegarias que hacen por ti cuando creen que vas a morir; sólo teme al poder que en ti habita; teme a brillar tanto que no veas tus propios pies y te pierdas; teme a volar tan alto que mis hermanos te vean y te confundan con un ángel; teme amigo —vuelve a sonreír—, a ser tan perfecto como lo eres, que cuando te entregues al Maestro, no veas sino, un reflejo de tu propio ser, despojado al fin, de este cuerpo que ha alojado tu verdadera esencia—.
Voy a formular otra pregunta pero me detiene y me dice:
—Te llamarán farsante, ilusionista, mentiroso, despojado de raciocinio y virtud responsable... —me mira seriamente—; jamás te dejes atormentar por lo que dicen de ti y de lo que piensen de tus sueños... Recuerda amigo —abre sus ojos al horizonte con su pecho henchido—, tú ya vives donde no existe vida, tu castillo ya se levanta donde domina el aire y el silencio; tus pasos están caminados aún cuando sueñes con el andar, tu valentía ya ha sido demostrada sin que esas fieras aún te hayan acechado; el Maestro te conoce aún cuando no sabes que lo llevas contigo...
Bajo mi cabeza y trato de recordar esas palabras.
Pienso en decir algo, pero nada viene a mi mente.
—¿Te volveré a ver? —finalmente pregunto.
—En manos de Alá descansa mi aliento; en los ojos de Dios se apacienta mi vuelo; ejerzo mi potestad en brazos del Cristo y sigo los días que me ha enseñado Buda. Duermo mis secretos en la sabiduría de Vhisnu, acarician mi alma las plegarias de las Diosas y bailo con el aliento que me regala Jehová... ¿Si me volverás a ver? —pregunta—. ¡Claro amigo! Aunque hoy muriendo, ya me veo aquí nuevamente acariciando el cielo que ahora me ve partir; aunque viviendo, las estrellas escondidas de día, señalan el camino a mi verdadero hogar. Un día amigo —me dice y me mira con cariño—, volveremos a encontrarnos por aquí... Cree y verás; golpea en todas las puertas y alguna se abrirá, no reniegues de tu suerte ni de tu condición antes de tiempo; no sea cosa que te obligues por tu mano o decisión a irte antes de tiempo de este lugar, por que sabes amigo, que todo... todo encierra su secreto, y el enigma de desafiar lo imposible y vencerlo, es lo que te hace... un Dios.
Aprieto mis labios y me quedo en silencio.
“Amigo mío —me dice con su mirada—. Hemos sido buenos amigos en esta montaña, ahora me iré para regresar, cuando los elementos me llamen y nuestros caminos se vuelvan a cruzar”
—Adiós —le digo.

—¡Hey... hey! —grita mi compañero de lejos con una sonrisa de oreja a oreja, tensando la cuerda en mi cintura—. ¿Podrías dejar de mirar a ese águila y pasarme un poco de cuerda? —me saca de mi sopor y recuerdo que estoy a mitad de una escalada—.
—¡Cuerda! —grito... y doy un paso.
—¡He escalado muchas veces...! ¡Y es la primera vez que veo que un águila acompaña a un escalador! ¡Ja, ja! —vocifera mi compañero de escalada, y ríe a carcajadas—.
Yo... río también. Miro el sol, las nubes y a mi amigo con las alas extendidas, perderse en un cielo que lo recibe admirado.
Tomo aire. Y sigo subiendo...

viernes 13 de julio de 2007

EL CIELO

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Lo miro de reojo y simplemente le digo:
—Tú sabes que nada tengo cuando lo tengo todo, y el vacío se cierne frente a mí cuando todo lo logrado se vuelve un trago amargo si la soledad es mi única y perpetua compañera, pero ya nada tiene importancia cuando todo lo inexplicable está contenido en un instante de sinrazón, cuando la locura ocupa un sitio privilegiado en las esperanzas de un aparentemente cuerdo como yo... como tú—.
—Sabes bien que por poco que haya conseguido —le sigo diciendo—, el cielo, la tierra, el viento, los árboles y todos los caminos que recorrí siempre me recibieron en silencio y expectantes por ver lo que podía realizar con cada día que Dios me estaba regalando—.
—Sé... sé bien que muchas veces, muchas veces el trato entre tú y yo no fue lo más apropiado —digo—, te odié, sí ¡te odié! porque estabas conteniendo todas mis frustraciones y todas mis ansias que sabía, nunca llegaría a cumplir. Pero ya no importa porque al fin sabemos, creo que ambos sabemos, que todo lo que me has ayudado a percibir, a palpar, y a gustar fue un medio para llegar a éste solitario momento...

Por un momento soy interrumpido por dos hombres y una mujer que se acercan sonrientes; no sé porque sonríen, pero seguramente lo que se estén diciendo tiene que ser gracioso, porque creo –sí creo-, que hasta a mí se me dibujó una mediocre sonrisita.
Uno de los hombres deja una valija de cuero negro cerca de una mesa; el otro, atiende con dejadez su teléfono celular y pone cara de cansado.
Un frufrú de papeles capta mi atención, y veo a la mujer que está preparando varios formularios a una velocidad tan desganada como inservible, ya que seguidamente se le caen junto a sus pies como si fueran rocas. La mujer se agacha; el hombre que está hablando por teléfono le mira el trasero y codea a su compañero, su compañero me mira y levanta las cejas. Sonrío, me cruzo de brazos y me vuelvo a concentrar.

—¿Sabes...? —agrego—, el dolor no es tan intenso, porque en realidad el dolor es una forma de catarsis, una manera de abrir una puerta hacia la verdadera vida... ¿Recuerdas esa vez que me habías llevado a ver esas montañas y nos caímos rodando por una ladera? —le pregunto—, bueno, ese dolor que sentimos fue porque estábamos tratando de subir esa montaña; tratando..., de llegar hacia ése lugar tan importante para nosotros... Bien amigo, esto es casi igual, con la diferencia de que ahora... en esta pendiente nos despedimos mi amigo... mi viejo compañero.
—No creas —agrego para finalizar—, que no estoy agradecido por lo que has hecho por mí: me has acompañado, me has contenido, y hasta me has enseñado un poco más, del mundo que apenas acabo de conocer. No creas —repito—, que olvidaré todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos visto, pero ahora amigo... sé que tienes que seguir tu camino y yo el mío
—¿Hora de defunción? —pregunta la pequeña mujer escribiendo en una tablilla de esas que usan los médicos—.
—Hummm... tres y cinco de la mañana —responde uno de los hombres, mientras el otro recorre la habitación rascándose la barbilla.

—Adiós amigo mío —dije al fin despidiéndome de mi cuerpo.
Todas las sensaciones me arroparon como un manto. Sonreí y lentamente floté hasta que el cielo pareció estar mas cercano que nunca...


sábado 16 de junio de 2007

TEMPLO PARA MIS LAGRIMAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Desde algún lugar obsecuente con mis pormenorizados temores, me voy quedando ajeno a toda vigencia de lo que es leal a mis sentimientos; entonces, violo los dictámenes más certeros que me hicieron un hombre acaudalado de felicidades y me entrometo en los caminos de las vivencias fugaces aletargadas por esos yerros que dejan el paladar dulce y el corazón vacío.
Voy entonces dije, a romper esos encantamientos que supieron ensoñarme en novelas de amores escondidos que luego no eran tales sino, un esparpajo mal dibujado, por esos amores que no sabían amar y esos corazones que se estaban entrenando para saber querer luego de descartar los desintereses de los cariños.
Abrí los ojos creo, y me encontré con otras historias inverosímiles y tan cercanas a mis quejas de caminos no atinados, que de tanto repetirlas se me hacían harto cercanas y hasta palpitantes de desasosiegos y vacías de toda solución.
Y me senté...
Me senté dije, en la acera de estos recuerdos que se fueron quedando ebrios y descontentos de perder a sus mismos recuerdos; estos recuerdos, que se volvieron puertas oxidadas y despintadas, tiovivos destartalados y solitarios; ancianos solos, en el invierno de una plaza vacía.
Y fue dije, que me horroricé de llevar tantas miserias activas en mi memoria, y di cuenta de estas armadas estrategias que se erigían como templos para mis lágrimas en las lloviznas de mis palabras sin sentido, que iban implorando un poco de piedad a esas decisiones que ya no pude deshacer.
Y me senté... a esperar que el tiempo se llevara un poco de este viento que hoy me trae las buenas nuevas ajenas que mis recuerdos no quieren escuchar, y que mis obligadas sonrisas no quieren festejar.
Creo que los últimos que me vieron, me advirtieron empacando mis lágrimas para llevarlas a otras tierras y envolviendo mis alegrías para repintarlas cerca del mar.
Fue creo... que me senté a esperar, lo que jamás llegaría y decidí escaparme de esos vientos, que me traían recuerdos ajenos, que mis recuerdos atónitos de encontrarse siempre en el mismo sitio, no podían soportar.


jueves 14 de junio de 2007

TODAS LAS LUNAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Y cuando las migajas de lo que pudo ser caen en nuestras manos vacías y temblorosas, los sueños se quiebran como hojas secas que jamás tendrían que haber tenido un árbol de donde sostenerse.
Y cuando los recuerdos se pudren en nuestros labios y resecan nuestro mañana, los ojos se humedecen con niebla y se tornasolan para no querer ver nunca más el sol, y así dejarse llevar por el tiempo hacia una vida mejor.
Porque tal vez los sueños no sean suficientes cuando los soñamos con los ojos abiertos, el alma cerrada y el corazón embravecido de nostalgias que nos golpean como mudos testigos de lo que jamás seremos... Y por las noches nos acosan las preguntas, y nos otorgamos algunas respuestas; y nos calmamos con justificaciones inválidas que solamente tapan algunos pocos silencios, pero que no pueden obstruir la sangre de las heridas que nos dejó el hecho de nuestras añoranzas.
Y digo sí... dejaré de soñar un día, pero sólo cuando mi sueño se haya cumplido, y lo deje descansar en algún baúl viejo, para desempolvarlos luego, entre las risas de algún recuerdo esporádico o alguna nostalgia inoportuna.
Y digo sí, que dejaré de soñar un día cuando en mis manos sostenga la herencia que yo mismo me he pagado, y en la vida me vea tan grande como me vi una vez cuando era el tiempo de fantasear con los imposibles; y digo sí, dejaré de soñar una tarde, cuando todas las vistas ante mis ojos se vuelvan una medida que jamás menguará y que me estará esperando ahí, invitándome una vez más para ser recorrida por mis instintos y mis miedos.
Dejaré de soñar una mañana, cuando mis ojos vean nuevamente la luz del sol y no me crea yo mismo un ser superior a lo que he hecho ni a lo que he obtenido, porque en sí no todo es absoluto, y nada es tan certero como el fin que un día llegará a descansar a mis brazos.
Dejaré de soñar una noche, cuando me libere de todo aquello a lo que se llama posesiones, porque en mi interior tengo lo más grandioso que alguien pueda llegar alguna vez a anhelar o quizás a comprender.
Dejaré de soñar una tarde, cuando mi piel sea un pergamino donde yo mismo haya escrito una ínfima parte de la historia, y mis manos temblorosas sólo hablen de lo que dado y no de lo que he ganado.
Dejaré de soñar en lo absoluto, dejaré de soñar en lo más ínfimo, dejaré de soñar en lo que ya tengo, dejaré de soñar en lo que imagino.
Y digo sí, dejaré de soñar un día, porque todas las cosas son mías, todos los caminos son transitables, todos las mañanas me esperan, todas las lunas me alumbraran; todos los dioses me acompañan, y todas mis ganas están a mi servicio; porque dejaré de soñar un día, cuando todo lo que he deseado se haya cumplido.


martes 12 de junio de 2007

OPORTUNIDAD DE CAMINOS



Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soportan mis hombros esta noche, el decidido encanto que dejan mis sueños de muerte; como si fueran ellos los testigos más humanos que tendré a la hora de atestiguar mi falta de dicha en los días que me han tocado vivir.
Escriben mis labios violetas, ése momento vil donde todo se conjuga en voces ahogadas de los que saben algún día, reclamará el tiempo y destruirá la tierra que hoy pisan.
¡Hay de mí que soy tan efímero y me creo tan astuto como para creer que jamás moriré!
¡Hay de ti que vas mirando mi cuerpo frío, sin saber que sólo estoy entibiando el lugar que después tú ocuparás!
Se desdibujan lentamente mis palabras en el tiempo, y las lágrimas que hoy cubren mis momentos, lavan la vestidura de mi fantasma incipiente que se queja y se desliza entre cadenas y moho en un perdido lugar muy lejos de las luces de la ciudad.
Piden mis párpados caídos una última visión de lo que estoy dejando. Gritan mis silencios y en horrores de frustración se reúnen con otros imitadores de la mortandad, que con insistencia se me han acercado a aconsejarme que no me quede dando vueltas por aquí, para no terminar siendo un espectro fastidioso y pesado; que, hasta al mismo San Pedro sacan de quicio a la hora de solicitar indecisos que se les abra el portón celestial.
¡Hay de todos los esfuerzos que hice para con mi carne, siendo que ahora está tan enjuta y caída que se me confundiría con una terrible arruga en la capa de un noble!
¡Hay de todas las arrogancias que creí ser dueño de aplicar, siendo que ahora me arrodillo pidiendo piedad de compresión ante esos andrajosos que me palpan las espaldas mirándome con lástima y un poco de incredulidad!
Y las reglas de éste mundo ya no son las reglas de mi mundo. Y las reglas de mi vida ya no vienen a atormentarme, porque es suficiente tormento el verme perdido y confuso en esta fiesta de fantasmas que lloran, ríen y cantan alrededor de mi féretro, mientras se comentan lo que vendrá en el día de mañana cuando dejen ése extraño lugar donde se hallan esperando una oportunidad de caminos.
¡Hay de todo lo que he juntado y rejuntado para mi viaje tan corto y rápido, porque ahora me llevo solamente una flor descolorida sobre mis manos blancas, y un beso tibio en la frente de aquellos que me amaron!
¡Desnudo estoy, desnudo estás! ¡Cómo al principio, y como al fin, desnudo voy, desnudo vas, a un encuentro fugaz con lo que ya sabíamos que sucedería!
¡Hay mi carne pútrida que se yergue entre resonancias en la oscuridad de la tierra!
¡Vive mi alma, vive mi vida...!
¡Pobre de mí... pobre de mí! Porque ahora empiezo a vivir mi vida real y hasta mi fantasma ansioso vuela entre nubes en busca de nuevos momentos por vivir.
¡Vive mi alma, vive mi vida!
Porque ahora empiezo realmente a acariciar un momento de paz...


viernes 8 de junio de 2007

MI PARTE MAS ETERNA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Vagando por ciertos infiernos, supe reconocer luego un poco esa santidad de la que me habían hablado.
Rompiendo las ligaduras que me ataban a los miedos a cambiar, fue que descubrí el significado de la palabra “destino” y vislumbré de soslayo por primera vez los cabellos despeinados de esa soledad que se ufanaba en despertarme todos los días domingo por la madrugada.
Criticando, odiando, y tal vez negando a mis padres, es que hoy que partieron de mi lado es que los amo más que nunca.
Lastimado al más débil, aprendí luego el significado de la palabra “compasión”, cuando estuve en el hoyo más hediondo que pudiera tener un sentimiento, y una mano extraña vino a socorrerme.
Negando a los que no eran igual que yo, despreciando las apariencias no concordantes con mis idealizaciones, es que quizá la igualdad un día vino a tocar mi puerta, para avisarme que la miseria estaba presta a robarme todo lo que tenía valor para mí.
Fracasando en todos los intentos, es que reconocí el éxito cuando gané sin obtener nada a cambio; negando mis amores, es que una mañana amé a todos los que se habían alejado de sus vidas, por prestarme un momento de sus sueños.
Aquí me vez alejando de mi cuerpo esos brazos que me sostuvieron al nacer, y esas voces que me arrullaron cuando mi vida era sólo un suspiro de locos.
¿Cómo me dices que soy perfecto? ¿Cómo te dices que eres lo mejor?
¿No ves que voy siguiendo las huellas que dejó aquel...? dejando mis huellas que un día seguirás antes de volverme un recuerdo del tiempo.
Asestando golpes a la vida, es que me volví monje de todos mis sentidos. Llenando mis labios y mis ojos de soberbia e impaciencia, es que encontré la fortuna en las sonrisas de los más humildes.
Hablando de todo y un poco más, y justificando mis habladurías con ciencias que nunca supe entender, es que me entregué a la simplicidad de las palabras que supieron vivir dejando a un lado los miedos del mañana.
Intentando comparecer ante los jueces de mi conciencia, es que aprendí del temor inconsciente a Dios, y salí a cambiar mi vida a través de mis palabras.
Abrazando la obsecuencia de algunos pensamientos que se convirtieron luego en matadores de mis elecciones, es que me volví destructor de mis similitudes con lo divino.
Y odiando la piel, es que reconocí el deseo que llevo dentro, y amando al ser es que me reencontré con mi parte más eterna.
Marcando algunas huellas es que recién aprendí algo de un camino, y errando mi destino es que inicié el ascenso hacia el comienzo de mi vida.
No importa el tiempo, no interesa cuanto lleve... porque comprendí que el Maestro en mí, el Maestro en ti, es el que sabe de los tiempos, de las oportunidades y de los momentos precisos para renacer.
¿Cómo me dices que soy perfecto...? ¿Cómo te dices que eres el mejor?
Dejando huellas seguiré un camino, antes de perderme en el recuerdo de los tiempos.
Dejando un camino, es que encontré mi verdadera dirección...


martes 29 de mayo de 2007

INSTANTES


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un día por mí, un día por ti; un día por todos los aquellos que alguna vez nos tendieron una mano, una palabra, una mirada...
Un día...
Un día por aquel que nada tiene, otro día por aquel que todo tiene y se siente miserable; otro día por mí que no sé donde iré ni adonde voy.
Un día por ella que está conmigo, un día por aquel que jamás he vuelto a ver; otro día, por esa que jamás olvidé.
Un día por el anciano que me enseñó a ver el más allá; un día por tu Dios, otro día por el de él; otro día, por el mío.
Un día por aquel que me odió, un día por aquellos que me amaron, otro día por esos que me olvidaron.
Un día por los que descansan eternamente, otro día por los que caminan bajo el sol y desean descansar; un día, por los que jamás volvieron a ser los mismos.
Un día por mi vida, otro día por la muerte que jamás llega, un día por la parca que adelantó sus honorarios.
Un día por las madres que velan, otro día por los padres que pierden sus sueños; otro día, por los que jamás supieron lo que es tener una familia.
Un día por ellos, otro día por los que se fueron, tomando decisiones en la oscuridad; un día, por los que vencieron y ahora esperan el fin con las manos abiertas y el corazón lleno.
Un día por las mañanas, un día por las noches, un día por las madrugadas que sellaron los destinos de un futuro a cada paso...
Un día por mí, otro día por ti, un día por aquel, otro día por él.
Un día por lo que vendrá, un día por lo que es, y otro por las decisiones que has de tomar a fuerza de tus sueños.
Un día por un camino hallado, un día por el camino jamás recorrido, otro día por los que miraron a las procesiones de los ganadores, golpeándose el pecho y dejando todo en manos de su Dios.
Un día por lo que lloran, un día por lo que ya no tienen lágrimas; otro día, por los que enseñaron a limpiar el alma con las lágrimas de la vida.
Un día por todos aquellos que vendrán, un día por los que dejamos atrás y comparten el secreto de los días en silencio; un día, por todas las palabras que vendrán y por todos los momentos por vivir.
Un día por lo mejor, un día por lo no hecho, un día por lo acertado; otro día, por lo que jamás tendría que haber nacido en nuestros pensamientos.
Un día por mí, un día por él, otro día por aquel y otro día... por aquellos que alguna vez nos regalaron esos efímeros momentos, en donde aún tenemos guardados los instantes más exquisitos de la existencia.




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domingo 27 de mayo de 2007

TORMENTAS Y PLEGARIAS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy de un tiempo al que no vuelvo nunca; y creo que de vez en cuando acampo en lugares esperando soledades que no son mías.
De tanto en tanto espero algo bueno que venga a mí, y realmente cuando aparece frente a mis narices, la ceguedad se vuelve mi amante y consejera.
Creo en algún Dios omnisciente que conversa de sus diablos interiores con su psicólogo divino, mientras que analiza si me merezco ese amor que tanto espero desde que mi corazón empezó a creer en las segundas oportunidades.
Amanezco abrazado a algunos desperdicios de demonios que me dejaron un poco de infierno la noche anterior. Sudo por todos los poros de mi cuerpo esa sabiduría que jamás conseguiré, y rechino mis dientes para empezar a practicar mi visita especial al Dante.
Sangro por las heridas de lo que nunca alcancé, y cuando quiero bajar de mi cruz, recuerdo que aún no soy tan especial como para esperar un renacimiento de mi conciencia.
Deleito la avidez de mi estupidez con la hipocresía de los que miran el mar de reojo y luego salen a gritar que son capitanes de oleajes de luna llena; tal vez, despierto un poco la insensatez de mis conclusiones, cuando escucho a los que alaban todo lo que tiene forma de santo y luego en soledad se revuelcan entre todas las tentaciones sin que medie una verdadera confesión, más, que el silencio que guardan las verdades de los que se creen un poco más allá del horizonte.
Y atravieso mi mente con los versos de un fantasmal Borges que cada tanto fantasea con nuevas dictaduras ambiguas que nunca nacerán, y deletreo a un King mientras consumo mi vida con cigarrillos y una exacta dieta de whisky y un miedo viudo de toda perplejidad.
Estallo internamente cuando mi Dios salva a los malos y mata a los buenos, me vuelvo un matador de esperanzas cuando mis ángeles guardianes se van a cantar salmos cuando más los necesito, mientras esos querubines traviesos dejan que se aventajen los estafadores para crear más indigentes que adoren a su creador para despegar de su miseria.
Coqueteo con el demonio cuando veo morir a los que se lo merecen y me pregunto en que segundo de mi existencia saldrá a aterrarme esa bestia tan sedienta de horrores que habita escondida en un rincón de mi alma.
Apago la llama de todos los caminos y de vez en cuando me eximo de rendir alguna prioridad de sentimientos frente a aquellos que no me amaron.
Y me olvido de todo y extraño lo que no fue. Espero mi muerte en mi camarín de payaso, mientras me pintarrajeo el rostro con todas las verdades y todos los valores que son solamente míos.
Me entrego a la verdad de saber, que no soy más que un papiro viejo y exiguo tal vez, que un día será olvidado como será olvidada mi tumba entre tantas tormentas y plegarias.
Amanezco nuevamente hacia un día más, mientras me olvido lentamente de lo que fui antes de dormirme y empiezo a mover mis huesos por los caminos del mundo... buscando, perdiendo, exigiendo, alcanzando, olvidando, perdonando; pero en sí, no llego a comprender nada más de lo que he ganado con mis manos.
“¿Esto es todo? –me pregunto-, siempre tiene que haber algo más luego de todo lo que se lleva el tiempo”
Pero por ahora no hay nada más...
Será porque soy de un tiempo al que no vuelvo nunca; y creo que de vez en cuando acampo en lugares esperando soledades que no son mías.




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miércoles 18 de abril de 2007

DE LA INSENSATEZ Y LA LOCURA

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

La saciedad de mi ignorancia, se postula atentamente a mis momentos cuando mi despiadada sabiduría, se ríe en mi rostro por que se niega a aparecer esta noche, a cansarme un poco la mente, de tantas verdades latentes.
Y… bailo con mi insensatez, cantando los mejores versos de mi angustia; sin saber, que el día anterior ya se ha llevado una buena parte de mi fortuna, y el día que está llegando abre las fauces, para ya comerse sin concesiones un poco de mi cordura actual.
Trato de explicarme el porqué de mis tratos abusivos con lo que nunca hago; mientras rescribo esas cartas que envié alguna vez al día que me vería partir.
Sé que soy un poco desquiciado al tratar de aparentar un segundo de serenidad, cuando mi corazón desbocado sigue su camino; y entre carcajadas se sienta en un rincón, a ver como mi cuerpo se zarandea sin control, como un viento agostado en una calle solitaria.
Y pierdo el ritmo… cuando la danza de mis debilidades, se encuentra a embriagarse con las actitudes más hostiles de las oportunidades que jamás veré; y canto las odas de esas lluvias que vuelven a mis ojos, para lavar esas incongruencias intactas que se duermen en mis memorias, atajando esos momentos que me saben a verdad y no quiero reconocer.
Y bailo con mi insensatez, cuando no encuentro otra manera de explicar esos días, en los que me acerco a la locura…







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sábado 7 de abril de 2007

ANSIAS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Anímame noche en penumbras, que vuelvo donde pertenecen mis huesos que lentamente han perdido su color.
No me detengan sombras, no te muestres espectro de mí, que al fin hoy, descubriré lo que es ser preso de la libertad.
Anímame noche, que el hastío de mi mente serena, hoy se queda dormida junto a esos pensamientos que murieron cuando abrí los ojos a la verdadera vida; no me juzgues viento, no me llames cielo, que hoy ya no tengo fuerzas para vagar debajo del aliento de mis limitaciones.
¿Sientes cómo me despido? ¿No me ves diciendo adiós?
No me detengan ángeles ilusorios, que hoy les robo las alas y lejos me iré a acompañar a esas águilas, que vuelan en la cumbre de mi montaña predilecta.
No me detengan santos, no me distraigan próceres de algún lugar, que me marcho con el tiempo, cuando mi momento me ha carcomido con las fauces de su llamado… y ya no vuelvo más… no vuelvo más.
No me detengas padre ¿No he crecido y no soy tan grande como tu sueño mejor?
No me ampares madre ¿No ves mi vuelo?
Mira mis ojos cuando surco el cielo en la oscuridad, aquella estrella tiene mi nombre, siempre lo ha tenido, y tú lo sabías antes de traerme aquí.
No me detengas día; porque sé, que siempre estarás esperando el momento correcto, cuando renazca en el vientre de otra mujer, que me amará, como la que hoy dejo.
Anímame noche… no me hables de locuras, no me distraigas con tus miedos, que en mi claridad escucho los lamentos de esos fantasmas que vienen hacia mí, esperando explicaciones a su oscuridad.
¿Sientes cómo me despido? ¿No me ves diciendo adiós?
No me detengas con tus plegarias, porque ya las he respondido; no me hables de mis errores que ahora lo nuevo renace en mí, y mis terrores se disuelven a mis pies ¿No ves el valor reflejado en mí?
Sabes que por mi mano no me he ido, y he dado mi otra mejilla para que aquellos que veneran lo material, se hagan con un poco de mis pertenencias.
Mira tus manos madre, ríe en mi ausencia, escucha mi silencio y verás mí poder ¿Crees que te dejaré? ¿No logras oírme? ¿Acaso crees que me has perdido?
Mírame junto a ti ¿No soy tu sueño mejor?
Anímame noche en penumbras. No me llamen asuntos sin resolver; que hoy esos relámpagos iluminan mis pasos furiosos, y no vuelvo más. Mira esas nubes padre, mira ése cielo madre, que hoy traspasa mis ansias de seguir.
Anímame noche, que temeroso estoy de esa luz, y las caricias de esas manos que me lloran. No me detengas día, que al fin veo ése camino junto al mar…
¿Puedes ver esa estrella, madre?
No me detengan penumbras, que hoy renazco al fin…






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jueves 5 de abril de 2007

BOLSILLOS VACÍOS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy

La perdición duerme pacientemente bajo mi piel, mientras que la esperanza se baja de mis hombros de vez en cuando a mirar el paisaje.
No sé adonde voy; sin embargo, sé que un día todo terminará… ¿no es así?
Dicen que la pureza y la bondad vencen todo lo que obstruye nuestro camino, pero aprendí que para reconocer la pureza primero hay que probar el veneno de lo impuro, lo falso, y lo doblemente abominable; y para que tal vez una madrugada la bondad se adueñe de nosotros; aprendí, que primero hay que bailar con la maldad y respirar su hedor putrefacto.
Y los viejos murmuran: “¿No es el alma víctima de sí misma, cuando se ve menguada ante esos sentimientos que la someten y la tientan…? ¿O simplemente son pequeñas decisiones encadenadas las que construyen la imagen de lo divino?”
Camino en silencio por la vida, con las manos dentro de mis bolsillos vacíos, y nada tengo y nada hago. Solamente dueño del cielo soy.
Y respiro y duermo sin más cosas que hacer, que contar las estrellas, y descubrir formas extrañas en las nubes.
Llego al final de un bosque, desde donde se ve el mar. Me siento a horcajadas. Quedo absorto y boquiabierto mirando el horizonte, y algunas gaviotas, que vuelan cerca de los mástiles de esos barcos camaroneros.
Con mi cabeza gacha vuelvo a recordar que nada poseo y una gran alegría me invade.
¿Quién limita mis sueños? ¿Quién limita mis esperanzas?
Palpo la tierra, la huelo. Pienso que no hay mejor aroma que la tierra con el césped fresco luego de la lluvia.
Me incorporo y el viento me despeina suavemente.
Camino mirando el mar. Me adentro en el bosque y llego a un claro; lo camino mil veces alrededor. Cuando elevo los ojos, veo que a lo lejos se aprecia el faro.
Y los viejos confirman: “¿No son los miedos a todo lo nuevo, los puentes hacia la conquista de todo aquello que se llama éxito? ¿Por qué no recorrimos esos puentes, por qué no caminamos sobre todo lo que temíamos…? ¡Ahora lo sabemos y ya es tarde para lamentarse, porque habíamos tenido la fortaleza para hacer todo lo que deseábamos; y sin embargo, nos quedamos en nuestros pequeños laureles que ya se marchitaron!”
Trato de imaginar todo lo que puedo llegar a hacer con mis manos, mis pies, mis palabras, mis datos, mis ciencias, y mi alma. Pero no me pierdo en sueños y empiezo a trabajar día y noche bajo el cielo, bajo las estrellas, bajo el sol; bajo mis ignorantes condicionamientos, que a veces, me tientan a abandonarlo todo…
Cuando el otoño asoma, mi casa ya se levanta ante mis ojos. No lo puedo creer.
Y mil veces me pregunto: “¿Yo he hecho esto? ¿Yo he hecho esto?”
Miro mis manos, aplaudo mi tiempo, y doy gracias a Dios, por otorgarme las fuerzas para concluir éste sueño.
Entro a mi casa y la miro. Sonrío y luego la pinto y le compro muebles.
Un día me alejo, y me voy caminando en silencio con las manos dentro de mis bolsillos vacíos. Miro hacia atrás y miro mi casa nueva; sé que nada tengo, porque mi casa no soy yo, sino una efímera señal de que he estado en éste sitio.
El cielo me arropa y cuento las nubes que pasan. Camino hasta la costa y veo las olas que viajan sobre la marea.
Y los viejos gritan: “¡¿A quienes responsabilizaremos por nuestras malas decisiones, a quienes odiaremos por nuestras aspiraciones truncas?! ¡Si solamente nosotros nos sometimos, a los sentimientos que más se acomodaron a nuestros corazones! ¡Ayy Dios mío, ayy Dios santo! ¡Si fuimos reyes y nunca vimos las coronas en nuestras cabezas!”
Vuelvo al bosque, me encamino a mi casa. Me pregunto que es la vida y donde se encuentra. Y entonces decido conquistarme, y vencer a mi sombra hasta en sueños. Me instruyo, me dedico, estudio, investigo, me reto, me amo, me doy tiempo, me corrijo, aprendo y la humildad me lleva de su mano, me conozco y conozco a Dios. Nadie me apresa, nada obstruye mis caminos, y nadie toma las decisiones por mí. A nadie culpo, a nadie señalo, porque soy yo el que camina en silencio bajo el cielo, con mis manos dentro de mis bolsillos vacíos.
Dejo mi casa y me voy a otro lugar.
Vuelo cada vez más lejos y a nadie hago mal, porque no necesito hacer mal para reconocerme.
Llego lejos hacia donde quiera dirigirme. Soy libre, soy yo, soy eterno, soy luz, y sé que cuando todo termine, a nadie reprocharé, a nadie señalaré, porque siempre caminaré mis caminos en silencio.
Y los viejos vociferan: “¡Naceremos una vez más, naceremos una vez más! Por que supimos que no hay ignorancia tan enorme, como el creerse tan magnánimo y genial, como para mirar desde lo alto… ¡Nosotros construimos castillos, nosotros movimos montañas, nosotros amasamos fortunas, nosotros nos bañamos en oro! Pero… pero nada tuvimos, nada logramos; por que siempre hemos caminado bajo el cielo, dejando memorias vacías y casas repletas de extraños; y nos fuimos en silencio con nuestras manos, dentro de nuestros bolsillos vacíos…”
Pensando en esto, llego a la base de una montaña. Me detengo, miro mis manos y miro el cielo, sé que la lluvia pronto llegará. Sonrío porque desde ahí se ve un pequeño pueblo, y pienso… “es un buen lugar para construir una casa”





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martes 20 de marzo de 2007

UNA Y OTRA VEZ

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


No tengo modelos a seguir, pero sí palabras, que alguna vez fueron hechos.

No tengo amores que olvidar, pero sí heridas, que se alimentan de recuerdos.

No tengo dinero que gastar, pero sí tengo deudas, que el dinero no puede pagar.

No tengo personas que extrañar, pero sí amigos, con quienes reencontrarme.

No tengo venganzas que cumplir, pero sí situaciones, en las que no dije lo que tenía que decir.

No tengo enemigos ocultos, pero sí personas, que intentaron ganarse mi amistad según la dirección del viento.

No tengo sueños lejanos que cumplir, pero sí realidades, que me atormentan y no me dejan conciliar el sueño.

No tengo situaciones que me agobien, pero sí momentos en los cuales, prefiero perder mi pasado y encontrar mi presente.

No tengo muchas palabras por escribir, pero sí pensamientos que, darán volteretas delante de mis ojos, hasta que se duerman en mis manos temblorosas; y sonreirán luego, porque encontraron su verdadero significado ésta noche en la que una y otra vez mi papel se queda en blanco… esperando un nuevo comienzo.





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jueves 15 de marzo de 2007

VUELO (Plegaria a mis Padres)

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Déjenme soltarme, aunque mis manos luego busquen a tientas esas ambiciones que nunca alcanzaré.
No me priven de esconder de mis labios las palabras más incorrectas para hablar luego las palabras grandes y transparentes; ésas donde la verdad se esconde.
Déjenme en soledad ante mis fantasmas, pero no se alejen de mí. Átenme a mis errores porque con ellos trazaré mis caminos, pero no me juzguen durante mi tiempo de aprendizaje. Vean mis pasos y cuéntenlos si así lo desean; más, no escriban sus argumentos sobre mis huellas errantes, porque cada cual plasma su destino.
Ríanse y destrocen con sus comentarios mis alas, pero siempre me verán desplegándolas donde se alza el viento que me lleva al cielo que siempre he soñado.
Tomen mis manos y si quieren protejan mi cabeza, pero no cubran mis ojos de los errores, porque sé que cuando ya no exista nadie que me cobije, no habré aprendido nada valioso, si no he errado y contado a mansalva mis heridas.
Déjenme fallar cuanto pueda y por el tiempo que sea necesario, pero no aplaudan mi insensatez ni mi ignorancia, porque jamás querré que aquellos a quienes amo o amaré, se vuelvan contra mí, y me transformen en carne de desperdicio. Pero… ¡hay de mí si se vuelven como yo! Preferiría que mi cabeza sea estacada y paseada frente a todos aquellos que optaron por vencer sus limitaciones sin saber si algún día llegarían a buen puerto.
Contemplen mis movimientos más desacertados, pero jamás me digan que deje de caminar.
A nadie creeré cuando me digan que la muerte por mis propias manos es muestra de valentía y una digna solución a todos los problemas, porque sabré que no es verdad, y jamás lo será, mientras miro a esos indigentes que se transforman en reyes paseando sus luchas junto a mi puerta, e invitándome a unirme a sus noches de derrotas en pie, esperando una oportunidad para dar un paso hacia un nuevo desafío.
Síganme en mi escalada, y vean que aún desesperado, la única verdad que sabré es la que dice que yo puedo llegar más allá de lo que otros opinan de mí, porque jamás existirá en esta tierra que hoy piso, nadie que pueda decirme cuanto valgo, cuando mis ojos se abren cada madrugada dispuestos a encontrar nuevos caminos.
Mírenme volar entre tormentas, y desconfíen de sus sentidos cuando mis alas se desplieguen como potentes y orgullosos pilares donde habitan mis palabras grabadas a fuego, hablando de todo lo que he sido, lo que soy y lo que seré.
Déjenme en soledad, pero jamás dejen de guiarme, porque aunque sea único e irrepetible, en mi cielo todavía quedan muchas estrellas por contar.
Vean que difícil es mi camino, y déjenme transitarlo bajo las sombras de la intolerancia y la incertidumbre; a cambio, yo les mostraré que al final de mis pasos, me verán transformado en los sueños que siempre he deseado, y seré tan grande y tan fuerte, que ni todas las sonrisas ni las alegrías del mundo cabrán en sus corazones.
Déjenme vagar entre sombras, porque este es mi momento, y nunca cejaré ante los pensamientos propios o ajenos que quieren ver mi cuerpo consumido por gusanos, porque he venido a cumplir mis sueños y mis anhelos, y hoy no tengo planeado visitar los cielos, sin intentar hacerlos realidad.
Miren mi tiempo, hablen de mi momento que ya ha empezado; y que aquellos murmuren que no he de poder hacerlo, porque las palabras de aliento son mis caminos y las palabras desalentadoras mis motivos para seguir.
Déjenme vagar como puedo, suéltenme al viento de lo nuevo y lo desconocido, porque he nacido para ser ciervo de todos, porque he nacido para ser rey de mis victorias.
Hablen de mi vuelo, hablen de mi tiempo… porque éste, es mi momento.





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domingo 25 de febrero de 2007

SOÑAR CON MILAGROS

Autor: © Jesús Alejandro Godoy


"...Porque soy un extraviado de los que hay muchos, y entre esos muchos, sé que estoy perdido como siempre. Quizá porque soy un antihéroe que se autoconvence que es invencible, que cuando pisa la calle, se da cuenta que no es más que un vagabundo con suerte"
"Tal vez porque la vida me lleva consigo. Tal vez porque la vida que está dentro de mí ya no quiere estar, y por eso sueño con morir, mientras que me despierto cada mañana agradeciendo estar vivo"
"Alguien dijo una vez, que el destino no es más que una palabra que dura toda una vida... ya lo creo. Como creo también que el destino no es más que un artilugio para explicar lo insalvable y lo pródigo de nuestras acciones y reacciones"
Y así es como cada día me despierto filosofando sobre inconsistencias estropeadas por lo cotidiano, las cuales, no me llevan a ningún lado. Y hasta cierto punto me considero cuerdo...
Y vago, vago por ahí, y río, y camino hasta el final de un lugar. Y no sé, no creo saber -supongo- como fue que mi mente se volvió enemiga de mi instinto, y mi alma se volvió amiga de lo enigmáticamente descabellado.
Porque tal vez no creo en Dios, pero es Él el que me acompaña. O tal vez fue por creer mucho en nada, y saborear mentiras de los más hábiles para inventar historias sobre lo divino.
Sin creer nada de lo que veían mis ojos ni de lo que percibían mis oídos, un día me alejé de mí; me alejé de Él, me alejé de aquel, y me volví...
—Perdón maestro... ¿Puedo interrumpirlo? —dijo el hombre corpulento, más parecido a un gorila en chaqueta que a un profesional—.
—Sí... no es lo lógico, y tampoco es el momento, pero admito su interrupción, solamente porque es usted —dije.
—Gracias, es usted muy amable —respondió—. Aquí está lo que me pidió —agregó, acercando despacio su mano hacia mí—.
—Sí... lo había olvidado —gracias dije—. Y tragué mi gragea escarlata. Tomé el vaso de plástico entre mis manos, pero no bebí, solamente me quedé observando como esos dos hombrecillos se retiraban de mi vista.
—Siempre hace lo mismo —le comentó el enfermero a su nuevo colega, mientras caminaban hacia otra habitación—. Siempre filosofa hasta la madrugada, ya te acostumbrarás.
"¡Ahhh, ahora lo recuerdo!" pensé, y quedé pasmado. Porque sabía que ése día que me alejé, me volví loco. ¿Loco…? Sí loco.
Loco por creer en la retórica de los que amedrentan lo que no entienden. Y fue exactamente por eso que no quise recobrar mi lucidez.
No quiero, y nunca voy a intentar recuperarla. Y si la locura es soñar con milagros diarios y sinceros, me quedaré aquí, mirando de reojo a esos hombrecillos que cada madrugada me visitan en mi habitación...
—¿Y porqué están aquí? —murmuro.
—Sí... lo sé.
—Porque soy un extraviado de los que hay muchos, y...




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jueves 15 de febrero de 2007

NUNCA SABES

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Sigue los pasos de aquel que bien te aprecia, pero no te pierdas en su camino, ni tampoco te detengas a mirar su andar, aprende de los que caminaron antes que tú, porque ellos tienen el secreto de lo dulce y lo amargo guardado en su alma, y sus corazones laten con las vivencias que fue dejando el tiempo en sus cuerpos.
Oye las palabras de aquel que bien te quiere, pero que su discurso no te maree, ni hagas tuyas palabras extrañas que no comprendes. Sabe bien que la palabra se dignifica con la acción, y si no la puedes poner en práctica porque te parece necia o sabia, mejor aléjate y ve en busca de las palabras necesarias para tu crecimiento.
Saluda al que menos tiene y al que ha cosechado con la misma mano y la misma emoción, nunca sabes cual mano te puede ayudar.
No esperes los momentos de estabilidad para embarcarte en la acción, los mejores navegantes son los que saben pilotear su corazón en todas las condiciones; y aunque la miseria y la gloria los envuelvan, siempre siguen siendo uno, y no se desdoblan ante lo material o lo efímero.
Conduce tus momentos presentes como si fuese recuerdos del mañana, ríete de tu desgracia y desestima tu éxito, porque son solamente estados necesarios para alcanzar una pequeña porción de sabiduría infinita.
No te pierdas en lo material, pero no niegues lo que ganaste con virtud y estudio. No te niegues a la miseria, pero tampoco te pierdas en ella; porque no hay persona en éste mundo que pueda eludir las miserias del alma; más, si eludes las miserias materiales, sabe que no haces más que lo que hacen millones de seres humanos a cada segundo en éste mundo.
Estimula tus sentidos, no hieras a nadie, habla con aquellos que se te oponen pero no les regales tu cabeza. Del audaz es el éxito, del valiente el oro, y del soñador las esperanzas. Siempre cree en que podrás hacerlo, pero no te pierdas en tus sueños.
Vive el hoy, ríete del futuro y del pasado, porque aunque los llores y te preocupes, no están a tu alcance.
Abre los ojos al día venidero diciendo: “Si Dios quiere mañana estaré ahí” No creas que porque hoy respiras mañana también lo harás.
Si juntas mucho, mayores serán tus preocupaciones, si no juntas nada, tu alma se volverá envidiosa. Junta lo necesario para tu viaje en la vida. Un barco con mucha carga se hunde y nadie más sabe de él, hasta que algunos los encuentran oxidado en el fondo del mar y roban su carga. Agradece por todo lo que tienes, y si no estás del todo satisfecho, recuerda todo lo que has tenido que vivir para estar ahí, pero no te pierdas en tus lamentos; porque sabe bien que a veces, lo que tanto has buscado durante infinidad de años, está delante de tus narices.




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¿QUIÉN?

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


¿Quién puede decirte que está mal?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que está bien.
¿Quién puede decirte que eres un fracasado?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es ser exitoso.
¿Quién puede decirte que eres exitoso?, quizá, solamente tu apreciación de lo que es ser un perdedor.
¿Quién puede decirte que eres mediocre?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es tener calidad.
¿Quién puede decirte que eres amable?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es ser descortés.
¿Quién puede decirte que eres elegante?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es estar a la moda.
¿Quién puede decirte que eres sabio?, quizá, solamente tu apreciación de lo que es ser ignorante.
¿Quién puede decirte que eres un hacedor?, quizá, solamente tu apreciación de lo que es ser hablador.
¿Quién puede decirte que es Dios?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es la divinidad.
¿Quién puede decirte que es la muerte?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es la vida.
¿Quién puede decirte lo que es el futuro?, quizá, solamente tu apreciación de lo que es el presente.
¿Quién puede decirte que vale la pena?, quizá, solamente tu apreciación de lo que es justificable.
¿Quién puede decirte que hiciste lo suficiente?, tal vez, solamente tu apreciación de lo que es la cima.
¿Quién puede decirte quien eres?, tal vez, solamente tú...




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OPORTUNIDAD

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


¿Has tenido alguna vez ese momento donde has podido decir todo lo que sentías?
¿Has tenido alguna vez ese minuto donde has podido estar cerca o inclusive abrazar a esa persona que amas en silencio... y tal vez, sacar provecho del tiempo y atreverte a decir algo, lo que fuese pero jugándote entero?
¿Has tenido alguna vez ese segundo donde percibes el cambio de algunas delicadas instancias de la vida...?
Dónde ves a tus hijos tan grandes, o tan pequeños; donde ves a tus padres tan viejos, o siendo niños una vez más...
Donde ves a esa persona que amas, y le dices que siempre estarás a su lado pero sin palabras.
Dónde vuelves a ver a tu héroe de la infancia, o al archienemigo de tu adolescencia, o a tu primer amor; pero ya, tan cambiados.
¿Has tenido alguna vez ese instante, donde recuerdas a todas las personas que están con Dios; o quizá, las que están tan lejos pero tan cerca?
¿Tal vez a los que no veías desde hace rato, y cuando están a tu lado vuelves a ser uno de los aventureros de esa o aquella pandilla?
¿Has tenido alguna vez esa suerte de encontrarte con todas las personas que amas, con las personas que sueñas, con las personas que extrañas, con las personas que anhelas, con aquellas con las que jamás te pondrás de acuerdo pero que son necesarias para equilibrar la balanza? ¿Con esa persona con las que aún riñes de vez en cuando, pero que significa tanto para ti porque sabes que un par de palabras no cortan un fuerte lazo?
¿Has tenido la suerte de ser bendecido con un momento así...?
O tal vez; jamás lo he sabido apreciar... porque momentos así, son como nubes efímeras que se ven una sola vez en la vida.
Si eres afortunado y tienes esos momentos, aprovéchalos.
Un momento, quizá de ésta noche, de alguna noche, de todas las noches.
Porque una palabra dicha en el momento oportuno, y un hecho apreciable en la oportunidad indicada, es el mejor de los regalos para las personas que saben aprovechar el tiempo.

Aprovecha tu tiempo.

Arriésgate, lo único que pierdes tal vez, son palabras; pero, tu tiempo jamás será olvidado, por que lo habrás usado a tu favor, y lo habrás llenado con tus sentimientos.

¿Has tenido alguna vez la gran oportunidad de vivir un segundo, un minuto, un tiempo así...?




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NO ME CULPES

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Si deseas pisar mi túnica, hazlo, pero no me culpes si tu atrevimiento te hace perder el ritmo y caer; te digo, no te fijes por donde caminas, más bien fíjate a quien pisas en tu camino.
Si deseas burlarte de mí, hazlo, pero no me culpes si tu atrevimiento se vuelve en tu contra cuando yo me desquite; te digo, no te fijes que razones tienes para burlarte, más bien fíjate si vale la pena en realidad usar la burla para esconder tus miedos y debilidades.
Si deseas mentirme, hazlo, pero no me culpes, si tu atrevimiento hace que dudes luego de mis palabras; te digo, no te fijes el porqué escondes tu verdad, más bien fíjate a quien pierdes en el juego de las palabras escondidas.
Si deseas abusar de mi amistad, hazlo, pero no me culpes, si tu atrevimiento te deja solo en el camino de vuelta; te digo, no te fijes en que puedes quitarme siendo obsecuente, más bien fíjate, si vale pagar semejante precio por tu desatino.
Si deseas maltratar mi amor, hazlo, pero no me culpes, si tu atrevimiento te deja en absoluta soledad luego de la fiesta; te digo, no te fijes que razones tienes para engañar al que todo te dio, más bien fíjate, a quien desechas de tu vida, porque no olvides que la balanza no siempre se mantiene de un solo lado.




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NO MÁS QUE ESO

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


No puedo hablar con conocimiento de lo que es ser hermano, pues no tengo hermanos.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es ser padre, pues aún no tuve hijos.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es ser esposo, pues jamás me casé.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es perder un hijo, porque jamás perdí uno.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es perder una familia, porque jamás perdí una familia.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es perder un brazo o una pierna, porque aún mi cuerpo está entero.
No puedo hablar con conocimiento de lo que es tener un accidente grave, porque jamás tuve un accidente grave.
No puedo hablar con conocimiento de los ángeles, porque jamás estuve con uno, ni tampoco los vi.
No puedo hablar con conocimiento de Dios, porque no estuve con Él, ni tampoco lo vi.
No puedo hablar con conocimiento de la muerte, porque aún estoy vivo, y jamás estuve a punto de morir.
Solamente puedo hablar con conocimiento de lo que es sufrir por amor, perder a un padre, perder amigos, ganar dinero, ser pobre, llorar, sufrir, reír, amar, extrañar, querer, añorar, desear, tener a un bebé en brazos, trabajar, no dormir, estudiar, estar cansado, quedarse en absoluta soledad, competir, perder, ganar, obedecer, rebelarse.
Puedo hablar con conocimientos de algunos libros y hasta de algunos autores, pero no de lo que es escribir.
Puedo hablar con conocimiento de algunas partes de la vida, pero no de lo que es la vida.
Puedo hablar con conocimiento de lo que creo que es Dios, pero no de lo que es Dios.
Es por eso cuando me preguntan algo de lo que no estoy autorizado para hablar digo: "Creo que" en vez de "Es".
Que tu “No” sea un No, y que tu “Sí” sea un Sí, no llenes tu boca de “Tal vez” en algo que es, y no lo sabes.
Llena tu boca de todos los Tal vez y los Quizá, cuando la esperanza se presente, o lo que hables parta de tu Fe.
Nunca des nada por sentado en algo para lo que nos estás preparado. Nunca hables sin estar seguro de lo que vas a decir. Y sobre todo, no hables si no has vivido lo suficiente, o no has vivido lo que se te pregunta como para emitir una opinión valedera.
Solamente puedo hablar de lo que viví y lo que vi.
Solamente puedo hablar con esperanza de lo que creo, y de lo que no creo, no más que eso.Todo lo demás... habita en mi imaginación




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EN EQUILIBRIO

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

La fluidez de las palabras, es tan peligrosa como la mejor de las armas mortales.
La ignorancia de los actos, es tan ineficaz como una palabra dicha a destiempo en ocasión y lugar.
Lo malo, lo bueno, lo ocasional, lo superfluo, no es más que la delicada línea entre lo que se espera y lo necesario para vivir.
La envidia retroalimentada por un alma egoísta. La ruina acrecentada por acciones indiferentes a lo lógico.
El amor, exquisitamente delineado por los mejores corazones que saben querer.
La felicidad obtenida en buenos términos.
Todo es un equilibrio entre las acciones y los resultados de nuestras vivencias, donde el que sufre soledad y sólo conoce desdicha se acostumbra a perder, y ya no reconoce más ganancias que su autocompasión.
Los que fueron amados y siempre fueron aceptados buscarán la alegría en todas partes, y cuando no la obtengan, no será necesario que sufran una pérdida porque crecieron con amor, y se acostumbraron a ganar siempre.
Para algunos, un amor que cae del cielo es bendición; para otros, es la maldición que los llevó a conocerse.
La soledad no es más que el velo que se corre cuando sabemos que llegó la hora de crecer.
El amor verdadero, es el producto de saber respetar a cada persona con todas sus consecuencias, idas y vueltas. No hay más que eso.
Y todo lo bueno causa maldad, y todo lo malo causa bondad.
El perro apaleado desconoce las caricias y teme la mano que se abre en compañía, hasta que comprueba que el cariño es genuino y valedero.
Así es la vida y las personas. Las almas que solamente conocen infortunio se esconden y envidian, temen al amor, desconfían, y su naturaleza hace que desaprovechen lo mejor que les a regalado el Buen Dios.
Y aquellas almas que ya se han acostumbrado a obtener lo mismo, no creerán en la venida de un amor salvador que las lleve a disfrutar de las emociones.
Porque todo es así. La mano que desconfía, tendrá que ser llevada con paciencia y respeto. La mano que sabe amar, comprenderá a quien debe salvar y a quien no.
Los corazones verdaderos solamente se conocen cuando la vida golpea directamente al pecho.
Los amores verdaderos se conocen, cuando lo mundano no corta ese lazo mágico que une a las almas que viajan juntas.
Y todo en un delicado balance, que a veces funciona, otras veces no.
Pero que bueno es... saber que podemos elegir, evaluar, registrar, comparar, admitir o rechazar.
Porque a las sensaciones se las lleva el viento, y a las palabras también, pero las acciones... las acciones se recuerdan hasta el fin.
Pero si una acción va acompañada de una palabras justa y necesaria, seguramente, quedará marcada a fuego en la mente de quien la recibe.
Y todo en equilibrio, donde lo bueno, a veces es malo, y lo malo es bueno, donde lo pacífico a veces molesta, y lo bélico alegra y entretiene.Donde todo, está en un delicado equilibrio.




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¡ELLOS FUERON!

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Me he sentenciado cuando dije "Si", sé que me sentenciado cuando dijo "No", entonces: ¿A quien le cargaré mis culpas en las horas de desesperación y pérdida?
Lo sé, le echaré la culpa a Dios... ése Dios que está en todos lados y me ve a cada momento, total... dicen que todo lo ve, pero seguramente no puede hablar conmigo, y seguramente no porfiará de mi actitud hacia él.
O...
Tal vez, le cargaré las culpas al demonio, ése ser malévolo que me obligó a decidir el mal camino, y caminar por donde yo no quería ¡Lo tengo todo planeado!
Pero... ¿Y si eso falla?
Lo sé.
Les cargaré la culpa a mis padres, porque... porque de ellos era la responsabilidad de educarme, y sus retos y su dejadez, me llevaron a tomar las peores decisiones que destruyeron mi vida y todos mis anhelos...
Pero sigo pensando: “¿Y si ese plan alternativo falla?”
Lo sé.
Le echaré la culpa a mis amigos, a mi entorno, a todo mi entorno. Mi trabajo, que es una pérdida de tiempo, mis compañeros que son todos seres ruines y sin futuro y solamente viven para envidiar mi progreso ¡De ellos es la culpa!
Y mis vecinos, ¡mis vecinos!, siempre mirando de reojo todo lo que hago para comentarlo a la vuelta de la esquina, y degradarme a cada momento ¡de ellos es la culpa!
Mis mascotas... sí mis mascotas, porque ellos, ¡ellos! Mis perros, mis gatos, mis gallinas, mi hámster y mi iguana Titán...
¡Ellos tienen la culpa! Porque solamente vivieron de mis costillas, y a cada momento me solicitaban alimento, sin darme nada a cambio, y se llevaron mi dinero... ¡ellos fueron!
Todos, ¡todos ellos tienen la culpa!
¡Nooo!, mi ex novia, esa maldita desagradecida que me engañó, y no pude respirar cuando me dijo que me dejaba, y me quitó las ganas de vivir, ¡ella fue! ¡Todos fueron!
El juez me miró y me preguntó―:
―¿Y usted?
―¿Yo?
―Si usted... ¿Qué rol cumple en todo esto?
―¡Yo... yo soy una víctima de ellos! ¡Por culpa de ellos nací en un ambiente inferior, por culpa de ellos sufrí, por culpa de ellos me drogué, por culpa de ellos me quise quitar la vida, por culpa de ellos viví en el infierno...! ¡Por culpa de ellos!
―¿Acaso usted no es libre? ―me preguntó.
―¿Yo...? pero ellos me arruinaron la vida, ¡Ellos maldita sea!
―No respondió a mi pregunta ―me dijo el juez.
―¿Si soy libre?
―Si... si usted es libre.
―Pues sí, soy libre.
―¿Entonces, porque carga sus culpas en otros, cuando usted tiene la libre voluntad de decidir en sus actos, a cada momento de su vida?
―....
―¿Acaso no sabe que usted nació con libre albedrío, y morirá con él...? ¿Acaso no sabe que usted decidió siempre que hacer con su vida, y con sus momentos?
―¡Si...? ¡pero ellos...!
―¡Por favor...! ¡Basta de estupideces señor!, yo nací en una villa, y ahora soy juez, ¿acaso porque nací en una villa tendría que haber sido ladrón, resignarme a ser pobre, y matar todos mis sueños?
―¡NO... pero usted tuvo suerte y no los tuvo a ellos, que lo hicieron fracasar!
El juez me miró y suspiró.
―Como usted diga, igual, ya es tarde para lamentarse ―me dijo.
―¿Por qué?
―¿Acaso no sabe que ésta es la corte de la vida perdida por cuenta propia?
―¿Qué?
―¿No le avisaron en la puerta, antes de ingresar?
―No.
―Lo siento entonces, caso cerrado ―dijo el juez y golpeó su martillo―.
―¡NOOOO! ―grité.
―¿Por qué grita?
―¡Porque usted tiene la culpa de todo esto! ―grité.
El juez me miró, se puso de pie y se alejó. Yo me quedé solo en la sala. Apagaron las luces, y me quedé sentado.
"La culpa es del que apagó las luces, porque no puedo ver mi camino" pensé.
Cuando dejé de respirar, me di cuenta que lo único que no podía controlar era el día de mi muerte, el día en el que me iba a enamorar y el día en el que nacería.
Lo demás... lo demás dependía todo de mí; y cuando fui adulto, elegí lo que sufrí, por eso morí y por eso estoy aquí.
―¿Qué es el destino? ―me preguntaron―, y reí a carcajadas hasta las lágrimas, porque ahora estoy aquí solo en éste hueco oscuro y frío, buscando la mejor manera de renacer.
Y tal vez volveré algún día, pero por ahora solamente reflexiono sobre lo que hice cuando tuve todos los elementos en mi mano y a mi favor...
Ésa, es mi historia.




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viernes 9 de febrero de 2007

AÚN DESPUÉS


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

¿Qué más trágico que una realidad que es, es una respuesta trágica a lo que es?
Lo que es, es...

Y aunque te ajes la piel con mil navajas, la verdad no dejará de ser verdad, así como el mar no dejará de ser mar.

Y aunque supliques mil millones de noches, el amor que se ha ido a buscar otro rumbo no volverá, porque el amor jamás dejará de ser amor; y aún viviendo en ti, él seguirá valiéndose por sí mismo antes que ti, antes que mí, antes que todos.

Y aunque maldigas a tu Dios, desafíes su poder, niegues su divinidad; y luego, lo vuelvas a amar, tu Dios siempre será tu Dios antes y después de ti, antes y después de mí.

Y aunque implores tus pasos perdidos al tiempo, ellos jamás volverán a pisarse en tu camino; tal vez, andarás cerca pero no igual porque lo que es, es.

Y aún después de que te hayas ido dejando mil rostros sonrientes, o mil lágrimas cuajadas de dolor, tu verdad no cambiará jamás.

Y si hoy eliges tu nuevo camino, ése será y no otro, lo que es, es; y siempre será así cuantas veces lo pidas hasta tu último aliento. Pero no olvides que lo que es, es; siempre será así, aún después de ti, aún después de mí.




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lunes 5 de febrero de 2007

DESPUÉS

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Y después vendrán esos tiempos, en los que haremos el mejor esfuerzo por alcanzar nuestras metas, pero por ahora, solamente nos sentamos a soñar la mejor de nuestras esperanzas.

Y después vendrán esos tiempos, en los que amaremos a nuestro amor de los sueños, esa persona que se acerca a nosotros y nos corta el aliento, pero por ahora, solamente nos arriesgamos a imaginar el momento perfecto para decirle lo que sentimos.

Y después vendrán esos tiempos, en los que tendremos a nuestro hijo en brazos, pero por ahora, solamente rogamos una oportunidad para descubrir cuál es el gran secreto que se encuentra detrás de la palabra "padre".

Y después vendrán esos tiempos, en los que recordaremos todo lo que hemos hecho, todos los tiempos vividos, todas las personas que conocimos, y los lugares por donde pasamos, pero por ahora, solamente… nos queda el hoy.




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sábado 3 de febrero de 2007

¿QUIEN ERES?


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

¿Quién eres tú...?, sino mis ansias de ver lo mejor de mis anhelos hecho carne.

¿Quién eres tú?, sino mi más pesada carga; esa amalgama de sentimientos tan extraños y dolientes, tan semejantes a la muerte...

¿Quién eres tú...? sino mis plegarias hechas realidad, para después darme cuenta de lo mucho que me cuesta dejarte tranquila.

¿Quién eres tú...?. sino mis noches de abandono y alcohol, mis días de solemne delicadeza esperando a un Dios... cualquier Dios.

¿Quién eres tú...?, que me dice que sí... me dice que no; y sin embargo, te vas sin decirme las razones de tu enojo.

¿Quién eres tú...? que me llevas, me traes, y me dejas donde no quiero estar; me haces hablar de lo que no sé, y criticar aquello que no entiendo...

Dios santo...

¡¿Quién eres tú maldita sea?!
Que me dices que todo está en orden mientras mi vida no sabe detenerse ni seguir el paso de éste mundo.

¡¿Quién eres tú maldita sea?!
Que me haces matar al que cree y odiar lo que no creo.

¿Quién eres tú...? Que me haces dividir según los colores, las creencias y las posesiones.

¡¿Quién eres tu maldita sea...!?, que vuelas libre por algún lugar cuando mis ojos se cierran, y vuelves a decirme que soy yo... cuando mi cuerpo vuelve a dolerse por las viejas heridas de siempre.

No sé si venerarte u odiarte; no sé... si alabarte o escaparme de ti... no sé porque extraña razón sigues aquí...

Me arrodillo ante ti, y seco mis lágrimas; dejo mi vaso de whisky; enciendo otro cigarrillo, miro una vez más mi rostro, cierro mis ojos... y sin esperar alguna respuesta, susurro nuevamente:
-alma mía... ¿Quién eres tú...?




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YO, SOY YO

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


He vivido un momento en la vida, y me he maravillado, y me he horrorizado.
He caminado por lugares que jamás soñé; he amado, he odiado, he discriminado... y aborrecido de todo me refugié en mí mismo, y luego viví mi interior.
Busqué en mis ojos, en mis cabellos, en mis manos, en mis brazos, en mi sangre, en mis piernas, en mis genitales, y hasta en mi corazón, pero no encontré nada que me hiciera sentir superior o inferior. Solamente me sentí yo mismo.
Y comprendí que nadie más que yo, podía retomar el camino andado y aceptar lo que es y lo que no.
Salí nuevamente al mundo, y reí y lloré, clamé por dentro y por fuera, hablé con todos y con nadie, verifiqué mis opciones, trastabillé y caí todo lo que podía caer. Me enderecé, y regresé a mi lugar.
Sentado en mi cama, le pregunté a Dios ¿Quién soy... que hago aquí?
Y solamente recibí el silencio más absoluto, pero cuando cerré mis ojos, pude soñar con mi vida, y lo que puedo llegar a hacer si me lo propongo.
Reí, y me reacomodé en mi interior. Acaricié mi alma y mi corazón. Me dije que nadie puede hacerme sentir lo que no quiero, y que mi alma y mi corazón siempre fueron los motores de mis enseñanzas.
Palpé el olvido y recé nuevamente. Di un paso y otro; comprendí que estoy vivo, y que fallo a cada momento. Me pregunté ahí mismo porque necesitaba quitarme la vida, si yo solamente creo mis barreras y hasta me creo mis fantasías.
"Eres lo peor de lo peor, eres nulo, no sirves para nada, eres una molestia, ¿Para qué has nacido? ¿No sabes hacer nada bien?", y miles de cosas más me dijeron y opinaron sobre mí...
Pero me puse de pie bajo el sol, y me pregunté si ellos sentían el mismo calor que yo, y mi respuesta fue: SÍ.
Pero me puse de pie bajo la luna y las estrellas, y me pregunté si ellos sentían la misma melancolía que yo, y mi respuesta fue: SÍ.
Y en ése momento me di cuenta que aquí bajo el cielo sentimos lo mismo.
"Eres lo peor de lo peor, eres nulo, no sirves para nada, eres una molestia, ¿Por qué has nacido? ¿No sabes hacer nada bien?", y miles de cosas más me dijeron y opinaron sobre mí; y yo les dije: Por favor Demuéstrenmelo.
Y todos se miraron... algunos adujeron cosas sin sentido, porque sabían que yo era mejor, y me di cuenta que el mejor es el ciervo de todos, porque tiene la capacidad de hacer para muchos, o para pocos... pero tiene la capacidad.
Y se miraron y callaron porque nadie podía decirme algo contrario; e igualmente hablaron a mis espaldas, pero ya nadie me podía decir quien era yo.
Y me pregunté nuevamente: ¿Por qué quise irme antes de tiempo? ¿Por qué todo salía mal, porque nadie me quería, o me amaba, porque todos opinaban lo menos alegre?
Y mi mente me dijo: NO... porque así lo decidiste.
Y comprendí que las decisiones son mías. Y colgué mi traje lleno de golpes en un perchero viejo y lo dejé ahí para que se pudriera con el tiempo.
Volví desnudo, y elegí mi nueva piel.
"¡Como si fuese tan fácil!" pensé primero.
Pero el primer paso era mío, y comprendí que tenía poder, y que mi poder me podía hacer cambiar, porque soy el dueño de éste momento en la vida.
Y sonreí.
Me puse de pie debajo del sol y hable con Dios, y entendí porque la vida merece ser vivida.
Toqué mi corazón y se sintió bien, aunque estaba débil, pero ciertamente se sentía bien.
Era mi momento y aún estaba de pie; y era yo, nadie más que yo. Porque todos cayeron a mí alrededor, y aunque estaba solo, aún estaba en pie, y el cielo admiró mi valor porque así lo sentí en mi alma.
Sonreí y me dije: soy valiente.
Alguien me respondió: SÍ.
Solamente: SÍ.
Volteé y seguí mi camino.
Y aunque aún estoy golpeado, aún digo quien soy, y no me apabullan, porque me descubrí y no me dicen quien soy. Sólo hay silencio.
Y descubrí, que no tenía que terminar con mi vida para demostrar que tengo valor, sino quedarme ahí, para que vean como sigo en pie, y ver sus rostros incrédulos.
Y todos se preguntaron ¿Quién es ése que se atreve a desafiar lo que pensamos de él?
Y dije: Yo, soy yo. Y grité: ¡YO, SOY YO!
Y todos corrieron a esconderse de mi presencia para inventarse nuevos discursos truncados en mi contra.
Y sonreí una vez más... porque ahora sabía como caminar... Supe de mi valor y de mi pasión por seguir.
Cerré mis ojos y agradecí por una nueva oportunidad.
Y seguí mi camino...




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LA VASIJA

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


El hombre que yacía inerte no presentaba signos de rigor mortis aún; sus amigos, entre lágrimas se comentaban las posibles causas de su deceso, y los curiosos, solamente se mantenían en calma y en silencio cerca de la tumba que había sido abierta por primera vez para la colocación del difunto.
Había sido tan estimado entre sus amigos y conocidos, que todos querían tocar el cuerpo o las ropas en las que estaba envuelto antes de que los elegidos para trasladarlo lo depositaran definitivamente en el sector designado.
Cuando empezaron a movilizar el cuerpo, notaron que había una herida que no paraba de sangrar, decidieron, que cuando terminasen de colocar el cuerpo en la tumba, se ocuparían de ocultar las heridas más visibles o tratar, dentro de lo posible, de disimular los magullones, pues, no querían que la madre del difunto observara el estado del cuerpo, si por casualidad se aparecía de repente en el sector.
Empezaron en silencio a realizar la dolorosa tarea; primero, uno de sus amigos trató de cerrar la extraña herida con un delicado ungüento, pero no tuvo éxito; otro de los amigos se acercó y colocó un trapo, pues la sangre salía a borbotones, pero enseguida el trapo se tiñó de rojo...
El último de los amigos en un movimiento desesperado, colocó una pequeña vasija debajo de la herida para que la sangre goteara dentro de ésta.
Y los tres hombres se sentaron alrededor del cuerpo en silencio, esperando que la herida dejara de sangrar.
Ya había pasado casi una hora, estaba cayendo el sol, y el recipiente estaba casi hasta al tope, pero de la herida aún caían algunas gotas de sangre...
Cuando notaron que no brotaba más sangre, se dispusieron a limpiar el cuerpo en su totalidad.
Estaban realizando los arreglos finales cuando escucharon algunos pasos cerca del lugar. Se miraron entre sí con signo de sorpresa; al darse cuenta de que posiblemente fuese la madre que venía a ver al recién muerto.
Inmediatamente rociaron el lugar con algunas esencias, envolvieron el cuerpo rápidamente y se sentaron los tres a esperar; uno de ellos notó el recipiente lleno de sangre que estaba bajo el cuerpo, y en un movimiento veloz, y para que la madre de su amigo no viera nada raro alrededor del cuerpo, tomó la vasija entre sus manos y bebió la sangre de un solo sorbo...
Las arcadas del muchacho fueron instantáneas, y sus amigos lo miraron como si hubiera perdido el buen juicio, pero no lo detuvieron y tampoco lo aplazaron, solamente lo miraron y agacharon la cabeza.
Por la puerta de la tumba apareció la madre del hombre muerto y se arrodilló ante el cuerpo de su hijo, dijo algunas palabras, lo abrazó, agradeció el trabajo realizado por los tres hombres y después partió en silencio.
Cuando la mujer se hubo marchado, los amigos le preguntaron al que había bebido la sangre del porque de su actitud; él, solamente se encogió de hombros y les dijo que no quería que la madre de su amigo muerto viese la sangre de su hijo en una vasija; y en caso de que no la viese, no quería que el olor penetrante de la sangre dentro del recinto diera pie a preguntas dolorosas o a un momento desgarrador.
Los dos amigos asintieron al momento.
Entonces, terminaron de acomodar el cuerpo; y luego los tres cada uno a su turno, se despidieron de su amigo.
El hombre (todos lo conocían por el nombre de Juan), había terminado de contar la historia como lo tenía acostumbrado ya durante muchos años, miles de veces y en la misma plaza de la ciudad de Ituzaingó; los niños a su alrededor se quedaban boquiabiertos, cada vez que les contaba uno de sus relatos.
Si bien el hombre era maduro, parecía no tener más de cuarenta años; aún así, parecía llevar dentro de sí una sabiduría extrema propia de un anciano que había viajado por todo el mundo y que había vivido miles de experiencias.
Uno de los niños que era un asiduo oyente, se ofreció a acompañarlo a su casa, pues el hombre ante de sentarse en el banco de la plaza, había ido a hacer las compras al supermercado y tenía varias bolsas para cargar.
Cuando llegaron a la modesta casa el hombre lo invitó a entrar; y como era su costumbre, atendía a todos sus invitados como si fueran únicos, porque no sólo era buen anfitrión sino que contaba con el respeto de toda la gente que lo conocía.
El muchacho terminó de extraer todo los víveres de la bolsa y los dejó en la mesada de la cocina. El repiqueteo de la campanilla del teléfono, hizo que el hombre desapareciera por un instante de la cocina, mientras que el muchacho aprovechó para despedirse.
Cuando se disponía a salir de la casa, se detuvo a mirar una gran vitrina ubicada en el recibidor de la casa. Su atención fue atraída por una pequeña vasija de barro que le recordó la historia del hombre.
El extraño artefacto estaba a su vez, protegido por una caja de madera abierta, con extraños símbolos tallados.
El muchacho se acercó un poco más...
Vio que los símbolos de la caja representaban un pez y una cruz, el muchacho sonrió y se acercó un poco más casi pegando sus narices al cristal de la vitrina, mientras que pensaba en las fantásticas historias que inventaba el hombre.
De repente... los ojos del pequeño parecieron salirse de sus órbitas cuando alcanzó a ver una hendidura en la vasija y a través de ella una costra rojiza.
Era algo oscuro e informe, como si fuese una gran mancha de lo que parecía ser sangre coagulada.
Cambió el ángulo de visión inclinando su cabeza y moviendo sus pies como un eximio bailarín.
Notó que había una inscripción en el borde resquebrajado de la vasija.
Ésta era apenas legible.
“Es un nombre -pensó el muchacho-, no... no es un nombre... ¿qué es? ¿Por qué dice...?”
El hombre poniendo su mano en el hombro del joven le preguntó:
-muchacho... ¿alguna vez te he comentado como termina el relato?
-Nnnn... no... en realidad nunca, JJJ- Juan -respondió éste sobresaltado.
Se hizo un silencio abismal. El hombre miró la vasija y sus ojos se poblaron de lágrimas. Primero apenas balbuceó, pero finalmente empezó a hablar quedamente:
-Cuando hubo resucitado fue a la búsqueda de sus hermanos, y los discípulos le preguntaron por el destino de Juan, el más amado... y Jesús respondió: "si yo quiero que él se quede hasta mi venida, no es asunto de ustedes", debido a éstas palabras, los otros discípulos se comentaban entre sí, que Juan viviría por siempre hasta la segunda venida del Maestro...
El muchacho solamente guardó silencio, y abrió la puerta del recibidor hacia la calle, el hombre lo miró y le dijo:
-cuando gustes eres bienvenido Nicolás.
El muchacho apenas podía hablar.
-GGG... gggracias, gracias... Juan -dijo con el corazón acelerado.

Y se despidió del hombre sabio; ése, que inventaba relatos en la plaza de Ituzaingó...





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MI AMOR

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Pretendiendo ser lo que soñé ser, y rozando las ánimas de lo que jamás pude ser, finalmente terminé siendo víctima de mis sentimientos.
Porque descubrí al fin, que mi amor no es el amor, ni mi vida la vida. Y sabiendo que faltaba poco para mi final, decidí escribir éstas líneas, para que no se perdieran nunca dentro de los recovecos sombríos de mis palabras sin razón; decidí escribir, antes que llegara ella, y me llevara finalmente a ese lugar donde mi corazón deja de latir, o mi alma vuela por lugares encantados; decidí escribir éstas líneas, antes que mis ojos se cerraran, y mi cuerpo dejara por un momento ésta paz indulgente que a veces me viene a visitar.
El vaso de whisky estaba inerte a mi lado, como un recuerdo de viejos tiempos que había quedado relegado a un sitio en particular, dentro del territorio de mi presencia.
Luego… luego todo fue recordar; recordar, que amar es algo divino, que amar es mirar a los ojos a la mujer de tus sueños siendo víctima del tiempo; y aunque su cabello ya sea gris, y su cuerpo un recuerdo del aliento de lo que es bello, sentir, que no se puede no seguir enamorado del amor que ése ser lleva dentro por ti; y dejar de lado, todo lo que es de éste mundo, y dejar de lado lo que se mira con los ojos, y abrazar lo que se ve con el alma.
Así sentí mi amor.
Porque me di cuenta que ya era víctima de la mujer de mis sueños; esa, que había dibujado mi alma tantas veces con sus manos; y supe también, lo que era el dolor de amar, y aprendí que nadie… nadie puede hablar o puede sentir amor, sin antes haber conocido el dolor de entregarse sumisamente a un sentimiento tan sublime.
Tomé con cuidado mi vaso de whisky, y lo acerqué a mi boca, pero otro recuerdo vino a mi mente, y lo volví a dejar en el mismo sitio.
Sonreí, y recordé que aprendí, que no se puede amar sin dolor; que todo es uno, y mi dolor en sí, fue la sensación más exquisita al momento de saber que realmente mi cuerpo ya maltrecho y mi corazón murmurante, ya no me pertenecían porque se fueron el día que me redescubrí mirándola fijamente a través de la ventana de mi biblioteca; como si yo fuera un adolescente enamorado, que suda, y sonríe a medias cuando la mujer que ama deja la estela de su perfume en todo el ambiente.
Resoplé un instante; sequé el sudor de mi frente con un pañuelo.
Sabía bien… sabía bien que mi momento se acercaba, y no quería dejar ningún bache en mis líneas.
Como esa vez que supe, que el hombre valiente no es aquel que enfrenta sus miedos; sino el que aprende a reconocerlos y los embauca por un instante en la vida, porque el que es realmente valiente, sabe que los miedos nunca mueren, y enfrentarlos, es algo cotidiano que hacen muchos, miles, millones de seres diariamente cuando respiran, cuando caminan, cuando rezan, cuando duermen...
Pero aquellos que reconocen sus miedos y bailan con ellos el vals de la incertidumbre, son los que llevan ventaja; porque saben que realmente no son perfectos. Y saben bien, que el miedo está latente midiendo cada paso, habitando cada casa, durmiendo en cada cama.
Es el mismo miedo que hoy acaricia mi sien, y hace que mis rodillas se derritan.
Como cuando caminé desfalleciendo hasta estar cerca, muy cerca de la mujer de mis sueños, y entre una extraña mezcla de delirio místico y desastre natural personal, le dije que la amaba.
Recuerdo ese momento como si todo el universo hubiese hecho silencio por un breve instante.
Y realmente fue, como el sentenciado a muerte al que le conmutan la pena, o el exhausto viajante que recibe la lluvia salvadora en el desierto.
Creo que volví a tener sentimientos semejantes pero nunca jamás igual a ése; recuerdo que, mi cuerpo flotaba y el peso de mi corazón había desaparecido... pero el peso del amor que se había instalado en mi alma me mantuvo en tierra.
Así sentí mi amor.
Y todo pasó: el tiempo, las cosas, los hijos, los trabajos, los amigos, los lugares; y nosotros dos pasamos juntos protagonizando los papeles estelares.
Y hoy, ya que mi cuerpo cambió para siempre, mi pulso firme se volvió un tornado entre mis dedos, y mis recuerdos ocupan gran parte de mi memoria, me encuentro aquí nuevamente donde todo empezó… solo, en silencio esperando que mi corazón deje de latir.
El sol parecía estar yéndose a toda prisa y el cielo contenía a duras penas las nubes que querían zafarse de una vez por todas; parecía, como si Dios supiese que mis minutos estaban contados, y que mi aliento se aceleraba esperando su presencia… siempre había sido igual.
Fue cuando la puerta de mi biblioteca se abrió lentamente, y la vi; con su paso cansino, sus cabellos blancos, su piel arrugada, y su mirada un poco errante.
El universo quedó en silencio una vez más.
Y me miró, como tantas veces lo había hecho; y ahí estaba, seguía siendo ella, la mujer de mis sueños.
No pude evitarlo.
Mi aliento se entrecortó, mis ojos se cerraron, mi corazón dio un vuelco, y todo mi cuerpo tembló un poco más de lo habitual.
Dios sonrió.
Y yo... yo morí de amor una vez más.





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miércoles 31 de enero de 2007

MUÉSTRAME

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


No me digas con quien andas, solamente me interesa saber de ti y de tus acciones.

No me digas que te han hecho, solamente me interesa saber que has hecho tú para superarlo.

No me digas que has perdido, solamente me interesa saber si la esperanza aún vive en tu corazón.

No me señales a aquellos que te traicionaron, solamente me interesa saber si eres tan digno de la vida, como para no entregarte al juego de la bajeza humana.

No me cuentes todo lo que has prometido, solamente muéstrame las palmas de tus manos, y dime cuanto de lo dicho has hecho.

No me señales los días y los años en el calendario que te restan por vivir, solamente háblame de esos días y noches que has vivido acertando o errando.

No me muestres tus heridas abiertas, solamente muéstrame que haces tú para sanarlas y ser feliz.

No me hables de lo que fue; solamente, cuéntame de lo que es y de lo que tal vez será, porque aún estamos respirando.


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TODO EN TI

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Dos veces y una más.
Un camino ya recorrido, una ausencia perniciosa que no te deja en paz.
Soledad con amor o sin él… soledad.
Amor malsano, con perjuicios con odios y temores, amor que no lleva ningún lado.
Paciencia infinita para los timadores, los abusivos, los mentirosos e hipócritas.
Oscuridad auto inflingida, llorando en un rincón, porque no sabes que haces en éste mundo.
Noches tranquilas, noches tenebrosas.
Una vez.
Manos que ayudan, manos que lastiman.
Mentes cortas, y lenguas filosas. Insultos sin razón por el mero hecho de sobresalir entre ciegos, que se agrupan para cubrir el ojo ajeno.
Miedos del futuro en el hoy, y miserias del ayer que cuelgan en tus espaldas mientras caminas por el presente.
Miedo a perder, miedo a ganar.
Traición por placer, llantos por honor.
Privilegios obtenidos a fuerza de amar y perder.
Soledad y rechazo por no ser valiente.
Dos veces.
Quimeras cercanas a cuestas del llanto ajeno. Esfuerzo intachable, y un amanecer tranquilo.
Tocar el cielo con las manos, y sonreír. Arañar una nube y llorar.
Gritar sin ser escuchado, gritar y ser apartado.
Querer destrozar tu vida para que los demás carguen con culpa, querer superarte para que los demás silencien; querer vivir, y obtener, pero siempre mirando lo que tiene el otro.
Obtener placer sin nada a cambio, dar todo sin nada a cambio; entregarse sin pedir nada, pedir todo y nada dar.
Cantar al cielo y morir en un éxtasis de fanatismo divino; ver morir a los que amas, y preguntarse en que extraño planeta vive Dios.
Tener Fe, hablar de Fe, esperar la Fe.
Creer y concretar; ver lo concretado, y esperar a obtener lo mismo mientras la vida pasa en silencio.
Una más.
Ver a tu hijo crecer, y llorar de orgullo. Ver a tu hija perderse y lamentarse.
Odiar a tu padre, odiar a tu madre. Venerar a tu madre, y proteger a tu padre.
De pie delante de la persona que amas abriendo tu alma, entregando tu corazón y jugarse la vida.
De pie delante de la persona que amas, y retirarse en silencio.
Renacer y hacer el bien; renacer y ser egoísta, por temor a estar cerca de la muerte nuevamente.
Detener y pensar, pensar y detenerse luego del desastre.
Señalar al más débil; reír del cobarde, y acechar al que juzgas como diferente.
Quererse, odiarse, matarse, vanagloriarse, mentirse, apreciarse.
Y al final… el silencio a todas tus vivencias, que te dejan desnudo delante de lo incomprensible.
Una vez para vivir.
Dos veces para aceptar.
Una vez más, para comprender.
¿Qué camino no has recorrido? ¿Cuántas vidas necesitas? ¿Qué no has elegido aún?
Si el tiempo habla a través de tus decisiones, y tus hechos marcan una dirección.
Eres una fortaleza extraordinaria.
Eres el más débil.
Y todo en ti…



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lunes 29 de enero de 2007

RESUMEN DE LAS DISTANCIAS


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

…Tal vez como la historia que jamás será contada, como esas palabras que nunca llegarán a buen puerto, como desangrarse tratando de hacer lo posible, y encontrarse esperando retribuirle un poco de anhelos a las imposibilidades de ser inmortales.
Tal vez… sea como creer en la reciprocidad de los sentimientos, cuando somos mártires atados a nuestros propios miedos, o vencedores de un corazón que luego pasado un tiempo, se vuelve una carga para nuestra alma y esa carne que tanto nos llevó a soñar, una maldición para nuestros sentidos.
¿Y dónde buscaré más?
¿Adónde encontraré mi vida?
Es como entrometerse con lo divino, para ser un demonio vislumbrando esa santidad que acecha la buena diversión en su mejor momento, y la detiene cuando nuestros huesos se empiezan a preguntar, porque las formas se atraen entre sí, y lo invisible que hay en nosotros siempre es reclamado por el cielo.
Y en esas tardes cuando me creo un poco Dios, siento que los días se apaciguan ante mi presencia, y que el viento sopla delicadamente a mis espaldas llevándome a tomar los mejores caminos; y es, cuando el resumen de las distancias que separan mis sueños de mis realidades, se mienten a sí mismo en que un día estaré perpetuándome en un rincón, divagando sobre todo lo que trato de hacer y sobre todo lo que queda en la nada.
Tal vez… es como esas mañanas, en que otorgo a mis sensaciones la clemencia que necesitan para explicarle a mi vida que siempre hay una salida en algún lugar.
Y es cuando me creo un poco Dios que todo encaja en mi corazón; y sin darme cuenta, antes de que aquél sol se empiece a marchar… miro mis manos… y veo que logré hacer lo imposible...



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miércoles 24 de enero de 2007

LA RUEDA

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Una rueda, una rueda que gira sin cesar...


Algunos viajan de vez en cuando ocupando algún asiento privilegiado, otros, viajan en un asiento viejo y gastado.
Pero están... ahí, igual que nosotros.
Cuando llega el día que tus actos y la buena fortuna deciden que es hora que pasen a ocupar un lugar de privilegio, te sientes grande. Muy grande, tocas el cielo con las manos, y miras a los demás, a los otros que están ahí.
Y ganas... ganas con todo lo que implica ser una persona afortunada, y poco a poco, sientes que todo lo puedes, y te alejas de las ideas que te hicieron soñar, y sigues sentado en tu asiento privilegiado.
Y ahora, la rueda está arriba, y sientes que el mundo está en tus manos, y miras a todo el mundo bajando la vista, los ves desde lo alto, pequeños, ajenos a tus ganancias y gritas... ¡¡¡ Esfuércense, como yo lo hice!!!!
Y ríes porque el Buen Dios te quiere.
Humildad... valores, simpleza... todo se ve confuso.
Miras a los que no tienen, y les tiras unas monedas, pensando en su pobreza y ríes por dentro, porque tú eres más poderoso, ríes porque eres más útil para la sociedad y para el mundo.
Los demás... que sigan su camino, yo puedo hacer todo, y hago todo porque soy fuerte y gano.
Y sigues sentado
La rueda se inclina un poco, y ya no ríes como antes, pero estás alegre, porque sigues ganando.
Las noches son cálidas y el éxito te acompaña. Solamente existe lo que somos y tú eres más, porque puedes hacer todo.
Y miras a los linyeras con sus carros de supermercado, arrastrando sueños por la vida... y dices: pobre hombre, tal vez no tuvo oportunidad... pero tal vez la tuvo, y no la supo aprovechar... yo soy fuerte.
Tu asiento se inclina un poco más, y la rueda gira. Los años pasan. Y tu rostro está serio, tu sonrisa se apaga.
Estás abajo. Y ya no miras desde lo alto; ahora, tienes que mirar a todos a los ojos, y no a sus pertenencias.
¡Y que molesto es mirar a los ojos de aquellos que son inferiores...! porque no somos todos iguales, pero tu asiento está en la rueda, en lo alto, pero ahora está ocupado.
Y alzas la vista, ya no es tu lugar.
Humildad... comprensión... simpleza... cariño.
Ahora estás solo, y te miran desde los autos lujosos, como tú los mirabas antes.
Y ahora, te miran de arriba, como tú los mirabas antes.
Humildad... ¿Qué es eso?, Tal vez algún sentimiento de los pobres de corazón, quizá una sensación perdida, de los que tienen mucho y quieren hacer las pases con el cielo antes de morir.
Humildad verdadera, tal vez, la encontremos.
Ahora sabes, que el asiento en lo alto, ya no es tuyo, pero sabes también que la rueda baja, y pronto, tal vez antes de lo que te imaginas, estarás arriba de vuelta.
Y estando arriba, mirarás a los ojos a todos, porque ya has experimentado la sensación de tener y compartir sintiendo lástima por los que menos tienen.
Pero ahora, ya no darás lamentándote, porque todo ha cambiado. La rueda ha girado.
Y están los que se suben, los que se quedan, los que ocupan los mejores asientos, y los que ocupan los asientos menos requeridos. Pero están todos en la misma rueda, y todos, hemos visto distintos paisajes, y miramos desde lo alto, desde lo bajo, desde algún punto.
Y hemos tenido, y no hemos tenido, hemos compartido y nos hemos reído de los que no pueden; y les hemos dicho: Pobres, vagos, poco ambiciosos, sin visión, poco voluntariosos, desinteresados, tontos, y hasta los hemos apartado de nuestra presencia y los hemos dejado solos, porque no eran como nosotros.
Y ocupas tu asiento nuevamente, la rueda gira, y miras el cielo.
Humildad, caridad, comprensión, amabilidad.
Ahora sabes lo que significa dar, sin tener lástima. Porque el que acepta limosna, también ocupa un asiento y algún día, su asiento tal vez, esté en lo alto, y te mirará a los ojos, y te dirá gracias, o quizá no se acuerde de ti, pero todos los asientos está ocupados.
Humildad... y la rueda gira.
Y vemos un paisaje nuevo, y todos, estamos esperando llegar, algún día a tocar el cielo con las manos.
Tal vez, quizá, lo hagamos.
Y no olvides, nunca, los que te ayudaron, los que te dieron una limosna, o un plato de comida, porque algún día, tal vez, ocupen tu asiento.
Y la rueda sigue girando...


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EL CAMINANTE


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Un hombre caminaba tranquilamente por una calle casi desierta de un pequeño poblado, sabía que el tiempo se agotaba, pero él continuaba con su andar tranquilo.
De repente, se topó con un soldado desprevenido que estaba apostado cerca de una pescadería.
El soldado lo reconoció enseguida por la descripción que le habían dado del hombre, y por las preguntas que había realizado a los pocos que lo conocían.
Sus miradas se cruzaron, pero no hubo ninguna tentativa por parte de ambos de salir a la carrera ni de hacer ningún movimiento brusco.
Solamente se reconocieron...
El soldado caminó tranquilamente hacia el hombre y le dijo: - me han comentado que usted anda a la carrera como si fuera un prófugo... ¿Es así...?
-Si señor- le contestó tranquilamente el hombre.
-¿Y porque razón esta usted caminando tan rápidamente?- le preguntó el soldado
-Porque alguien está tratando de que yo no llegue a mi destino…
- Y disculpe... ¿Adonde va usted...?
-Al desierto... señor.
-Pero... ¿Al desierto?... ja, ja -rió por lo bajo el soldado-; Pero… ¿Para que va al desierto señor?, si en este lugar usted tiene agua fresca, y sombra, ¿Por qué razón iría usted a pasarla mal al desierto?-
-Porque tengo que encontrarme con un viejo amigo -dijo el hombre tranquilamente...
-¿Con un viejo amigo?- preguntó extrañado el soldado.
-Si señor, con un viejo amigo que ha venido desde lejos para verme, ahora si me discul....
-¡Pero hombre por favor! -lo interrumpió el soldado-, ja,ja… no es necesario que ande a la carrera entonces, porque no duerme un poco, y mañana reemprende su marcha, y yo le aviso a mis compañeros que usted es mi invitado, asi usted descansa bien.
- Le agradezco su ofrecimiento y cuidado señor, pero me urge llegar a destino lo antes posible- respondió el hombre.
-Pero mire usted señor... caminante, -insistió el soldado-, si usted quiere, le puedo ofrecer mi tienda para descansar... ¿Hace mucho que no prueba alimento?-
-Hoy almorcé señor, gracias.
-Pero de seguro tiene un poco de hambre... ¿no?
- No mucho señor, gracias-
- Pero... ¿en realidad usted se va al desierto?- preguntó nuevamente el soldado rascándose la barbilla.
-Si señor, y no cuento con mucho tiempo, si me disculpa, tengo que seguir con mi camino- dijo el hombre
- Pues muy bien, señor, si así usted lo desea, váyase al desierto, pero le digo que aquí yo le estoy ofreciendo agua, cobija, y una noche tranquila, se lo ve agotado... ¿seguro que no quiere descansar...?
-No señor muchas gracias -dicho esto el hombre reemprendió su marcha-.
El soldado lo vio partir tranquilamente, mientras que se rascaba la cabeza en señal de no entender al pobre hombre.
"¿Al desierto?" pensó nuevamente el soldado. ¡Ja, ja, ja, ja...!, pero su risa se fue apagando de a poco, mientras veía al hombre alejándose
-No importa -murmuró el soldado, mientras que se le iluminaban los ojos con un extraño destello rojizo... -no importa Jesús de Nazaret, no importa Mesías… Hijo de Dios... todavía me quedan treinta y nueve días... con sus noches...

Y dicho esto, el soldado se esfumó en el aire, en forma de un pequeño tornado en dirección al desierto.


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EL ENCUENTRO

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Un animal caminaba tranquilamente por la selva, detuvo su andar y miró el horizonte, contempló el suave revoloteo de las aves, la elegancia de las jirafas, el gracioso andar de los hipopótamos, el inquietante grito de las hienas, el hermoso colorido de las cebras y el ágil movimiento de los cocodrilos.
Un extraño ser que pasaba por el lugar, se acercó al animal, lo miró y sonrió.
"Tú serás" pensó.
Viendo que el extraño caminaba tranquilamente cerca de él, el animal lo miró desinteresadamente por unos instantes; se echó pesadamente al suelo haciendo volar una espesa nube de polvo, y luego se dedicó solamente en ocuparse a atrapar las moscas que revoloteaban cerca de su cola.
El ser, miró el horizonte, contempló el atardecer, miró directamente a los ojos al animal y vociferó:
-“¡En ti vive la fuerza que todo lo domina, el valor que todo lo derrota, la templanza que todo lo vence, no existe nada ni nadie que pueda extinguir tu fuego interior, eres libre!
¡Tomarás tus decisiones y crecerás continuamente, tendrás el valor y el dominio que arderán continuamente en tu corazón, serás temido, pero también odiado, serás respetado pero también cazado; y al final de tus días, te entregarás al todopoderoso del cielo porque un día Él te entregó el dominio de esta bendita tierra!
¡Más si no dominas tus instintos, éstos te vencerán porque no eres invencible, y tu perdición no será tu fuerza, sino olvidar de quien vienes, porque aún siendo maravilloso, único e irrepetible, tu carne será al fin reclamada y transformada en polvo; tu fuerza interior, tu valor, tu audacia y tu elegancia, solamente serán comparables con la de aquel que fue denominado hombre!

El extraño posó su mano suavemente en la mollera del animal, y éste emitió un ronco sonido que hizo temblar el suelo.
Los pájaros volaron en bandadas de los arbustos y árboles, las jirafas huyeron, los hipopótamos palidecieron y detuvieron su marcha, las hienas callaron, las cebras desaparecieron, los cocodrilos se hundieron en los ríos...

Cuenta la historia, que en una cueva escondida del continente Africano, aún se pueden encontrar las pinturas rupestres de una tribu Uthu perdida en el tiempo.
Aquellos que tuvieron la oportunidad de contemplarlas, dicen que éstas representan el encuentro entre el primer león y un extraño ser al que los Uthu llamaban Mho-Amhabe, que, los arqueólogos tradujeron como "El Cristo".


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SOMBRAS DEL TIEMPO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Y en un segundo todo pierde sentido...
Porque la parcialidad de las actitudes, son recompensadas de vez en cuando con la buena fortuna de las vivencias, ya fuesen éstas buenas o malas.
Pero la parcialidad del alma, no tiene aún más vacío que el propio desvarío del corazón y los dictámenes de éste, que llevan a consecuencias nefastamente justificables para mentes que han perdido el buen tino entre el bien y el mal.
¿Y cuantos muertos habrá que contar en tus caminos, para considerarte conquistador, o un simple asesino?
¿Y cuantas manos se entregarán apaciblemente, sumisas, sin pedir nada a cambio, mientras que vuestros pares más alejados de la verdad, se aprovechan del momento para orquestar ganancias con los más puros de corazón?
Y vos te preguntaréis: ¿Por qué el Todopoderoso deja que éstos hombres y mujeres actúen libremente, sin causas en su contra, ni castigo alguno?
Porque en un segundo todo pierde sentido, cuando el hambriento gana fortuna, y se olvida fácilmente de los que apaciguaron su hambruna, y despliega ahora sintiéndose fuerte, todo su desvarío en contra de sus pares, olvidándose de su Dios.
Porque en un segundo todo pierde sentido, cuando el acaudalado pierde hasta su último centavo, y se vuelve en calumnias a su espíritu, y en desaires desconoce a todos aquellos que le tendieron su compañía y sus manos mientras llenaba sus arcas.
Porque en un segundo todo pierde sentido, cuando aquellos que nada tuvieron, se encuentran ahora, en un paraíso de mil oportunidades, y con palabras dolientes, humillan a sus pares, esos que no tuvieron su mismo camino o su misma fortuna.
Porque en un segundo, es cuando el doliente pasa a ser víctima, y el victimario es rodeado de gusanos hambrientos, mientras grita piedad en delirios.
Porque en un segundo, todo lo que estuvo oculto es revelado, y todo lo que era alimentado por la luz se vuelve ciego; y en esos caminos, se pierde el atino de los pensamientos, y cuando el barro se vuelve oro, aquellos que aún siendo desposeídos pero que jamás conocerán de humildad, mirarán a sus hermanas con desdén y asco, acusándolas de infames y holgazanas, mirarán a sus hermanos, y se burlarán de ellos, señalándolos y humillándolos como meros sirvientes.
Y ciertamente, el oro que sea bien ganado será bendito por el Maestro más allá después que se haya consumido, porque dará cuenta que no ha sido utilizado para obrar en contra de la carne ni de los sentimientos.
En cambio aquel que es obtenido por mentiras, y engaños, volverá inmensamente en contra de su portador; y aún éste viviendo en franca prosperidad, volverá como ha sido obtenido: con mentiras y engaños, pero en el momento más inocuo de su vida, para que antes de dar el último aliento pague sus deudas en ésta bendita tierra.
Y aquel que obtenga de bien, se le dará diez veces más por lo que ha luchado, porque su sudor y su gracia de trabajo, ha sido recompensada al momento en el que el desvalido le ha solicitado una mísera ayuda, y el justo viendo que su Señor intercederá en su potencial de lucha, le ha dado al desvalido más de lo que pedía, y ha recompensado su labor.
Más aquel que escondiendo su oro y su plata como un perro esconde su hueso, y ha desamparado al desvalido, humillándolo aún más de lo que éste podía humillarse a sí mismo, y se queja de los holgazanes y se ríe de los poco afortunados, mientras él mismo cuenta sus bienes obtenidos por engaños y tristeza, será contado cada uno de sus huesos como moneda sin valor, que será revendida por migajas, y por cada uno de sus improperios y de sus actos, se llevarán de sus bienes y de su carne propia y heredada el cien por mil las desgracias, y aún los muertos benditos que reclamasen parte de la herencia, lo afectarán hasta en su lecho de muerte, y ciertamente digo, que en sus horas de vejez y desvarío, se le tendrá la misma piedad con la que ha tratado a sus iguales en todos sus años.
Porque en un segundo todo pierde sentido, cuando las agujas se detienen, y el momento de descuento agita las sombras del tiempo.
Porque en un segundo todo pierde sentido, cuando las balanzas se inclinan cómodamente, y las vidas toman rumbos diferentes más allá de su entendimiento. y su propia realización.
Porque en un solo segundo todo pierde sentido y validez, cuando el misterio de Dios se vuelve claro como el cielo, y lo mucho que acarrean las manos se vuelve una pesada carga para los corazones, y lo poco que se ha ganado con misericordia, se transforma en alas para el alma.


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sábado 20 de enero de 2007

ÉSTE ESPEJO

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


¿Si yo sigo mi camino...?¿De quien es el atajo que no me atreví a transitar?

¿Si yo vivo siguiendo las reglas...?¿Quién es el que vive para romperlas?

¿Si yo trato de agradar a todos...? ¿Quién es el que usa su individualidad para vivir una vida libre de ataduras?

¿Si yo imploro a los cielos por una nueva oportunidad...? ¿Quién es, el que cree en su fuerza interior y crea nuevas oportunidades para ganar?

¿Si yo amo y pierdo, deseo y vivo mis horas en soledad, sueño y lloro porque jamás será real...?
¿Quién es, aquel que en vez de soñar, arriesga todo para que sus sueños se hagan realidad a pesar de las decepciones?

¿Si yo uso mi tiempo para hacer éstas preguntas...? ¿Quién es aquel que usa su tiempo para hacerlas realidad?

No lo sé, por ahora, solamente, hago mis preguntas en soledad y delante de éste espejo.


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viernes 19 de enero de 2007

IRREPETIBLE

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Una sola vez y por única vez, nacerás; una sola vez y por única vez, morirás.
Y entre el principio y el final, todo el camino que has dejado atrás, todas esas sensaciones que llevarás contigo.
En un sólo instante, tus pulmones se llenarán de aire, y por primera y única vez, se escuchará tu llanto.
Por única vez, percibirás el misterio de la luz, del habla, del pensamiento… tu cuerpo empezará a funcionar, y tu mente por primera vez a cavilar.
Por única vez, darás un primer paso, y caerás; luego, seguramente caerás varias veces más, descubrirás el misterio de caminar, y dirigirte donde desees, y saborearás por primera vez el placer de la victoria, y de la superación.
Y saldrás a recorrer tu pequeño mundo; y los primeros recuerdos se grabarán en tu mente.
Y por primera y única vez, emitirás tu primer palabra, y después frases que serán acertadas; y otras… que tal vez por primera vez nunca querrías haber pronunciado.
Por primera vez, conocerás tus lágrimas, tus gritos, se presentarán tus miedos, tus sueños, tus metas… por primera vez.
De a poco irás creciendo, y con tu crecimiento, todo lo que lleves en tu alma también crecerá, por única vez.
Aprenderás a discernir, a optar, a decidir, a luchar, a esconderte, a renacer, a empezar una vez más… por primera vez.
Y después que los caminos que has transitado por la vida, estén plagados de huellas nuevas, solamente quedarás con tu cuerpo tembloroso, y tus pensamientos, por primera vez.
Y recordarás esos momentos, cuando todo lo ya vivido, era nuevo y misterioso; y tus decisiones, darán cuenta de la suerte que has escogido para llegar a tu sitio; y comprenderás por primera única vez, la verdadera dimensión de la palabra "Don".
Y recordarás, como en ciertas oportunidades, has sabido sobreponerte a los mayores desastres que te azotaron, como tus heridas sanaron luego de que esa persona partió, después del instante en que supiste que él o ella, jamás llegaría a ser parte de tu historia, luego que miraste los ojos de tu hijo, ver la luz por primera vez, o acariciaste el cuerpo desnudo de tus sueños, o descubriste el inmenso silencio en ti, que llevó a encontrarte para siempre contigo mismo; y por primera y única vez, comprenderás enteramente, lo que significa la palabra "Milagro".
¿Y que existe más allá de ti, de tus sueños, de mis sueños… que el deseo de un buen fin, y un poco más allá, la esperanza de una buena vida, después de ésta vida?
Pero antes…
Todo será por primera vez, antes que se vuelva una rutina, una carga, o una verdaderas salvación; donde todo… donde todo lo que decides, donde todo lo que dices, transforma tu vida, la vida de los que amas, la vida de los que tal vez no te agraden, o la vida de aquellos que nunca sabías que existían.
Y al final, en la soledad de tu silencio, con tu alma tan llena de dolor, tan repleta de amor, con tu mente llena de momentos que siempre te acompañaron, y recuerdos que quizá lamentaste, habrá un pequeño silencio entre tú y la oscuridad; y en un momento único e irrepetible, exhalarás tu último aliento por primera vez.Y entre el principio y el final, todo el camino que has recorrido, y todas esas sensaciones…


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jueves 18 de enero de 2007

PACIENCIA


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Paciencia, es lo que tendré Dios mío, hasta que la fuerza abandone mis brazos, hasta que sombras danzarinas nublen mis ojos; paciencia, es lo que tendré hasta que mi voz se entrecorte entre susurros sin sentido, paciencia es lo que tendré hasta que mi piel se vea tan arrugada como un pergamino, paciencia...
Pero también la usaré Dios mío, para esperar mi fin tranquilo, y te daré las gracias por haber realizado mis sueños a lo largo de la vida, por haber logrado mis cometidos, por haber podido acechar la suerte entre mis manos y lograr que juegue a mi alrededor; paciencia Señor, es lo que tuve que tener cuando se abalanzaron a mi vida esas noches solitarias que no me dejaban tranquilo, eso amores desgraciados que hicieron que mi cuerpo se doblara de dolor.
Paciencia Dios mío, es lo que tuve que tener, y lo que ahora me permite disfrutar de mis días sin carrera, porque he aprendido que todo llega, que con esfuerzo y metas claras todos los objetivos son posibles, y aún, aunque mis días se vean ajetreados de posibles fracasos, aprendí, que con paciencia, las vivencias más amargas se transforman en momentos exquisitos.
Solamente con un poco de paciencia.


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REVIVIR

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Donde vayas, ahí te esperaré. Donde estés ahí yo estaré.

Donde caigas, estaré para socorrerte. Donde sueñes, estaré para alentarte.

Donde huyas, estaré para buscarte. Donde duermas, estaré para despertarte.

Donde calles, seré guardián de tu silencio. Donde camines, estaré para acompañarte.

Donde vueles, remendaré tus alas. Donde empieces, te mostraré como llegar al final.

Donde pierdas, te enseñaré como ganar. Donde te esfuerces, te alentaré para luchar.

Donde ames, te complaceré. Donde hables, escribiré tus palabras.

Donde sangres, te curaré. Donde pidas te daré.

Donde rías, festejaré contigo. Donde mueras, honraré tu memoria.

Donde puedas, ahí me verás surgir. Donde me llames, me verás revivir.


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UMBRAL

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

En el umbral de la muerte, aprendí lo que realmente es necesario para vivir: Tiempo y Constancia.

En el umbral de la vida, aprendí lo que realmente es necesario para morir: Tiempo e Ignorancia.

En el umbral de la soledad, aprendí lo que realmente es necesario para no estar solo: Lealtad y Comprensión.

En el umbral de la sabiduría, aprendí lo que realmente es necesario para no ser un idiota: Escuchar y Comprender.

En el umbral de la idiotez, aprendí lo que realmente es necesario para ser sabio: Respeto y Perdón.

En el umbral de la juventud, aprendí lo que realmente es necesario para ser viejo: Incapacidad y Tormento.

En el umbral de la vejez, aprendí lo que realmente es necesario para ser joven: Libertad y Sueños.

En el umbral de la incomprensión, aprendí lo que realmente es necesario para ser aceptado: Generoso y Capaz.

En el umbral de la tolerancia, aprendí lo que realmente es necesario para buscar a Dios: Persistencia y Valor.




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CONSTRUIRÉ

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Dame razón, y construiré un camino.

Dame capacidad, y construiré talento.

Dame vocación, y construiré adelanto.

Dame sensación, y construiré melodías.

Dame reacción, y construiré metas.

Dame significado, y construiré aceptaciones.

Dame calidad, y construiré justificaciones.

Dame raciocinio, y construiré inteligencias.

Dame datos, y construiré futuro.

Dame magia, y construiré sueños.

Dame constancia, y construiré palacios.

Dame inteligencia, y construiré adelanto.

Dame pureza, y construiré capacidad de amar.

Dame elogios, y construiré fortaleza.

Dame luz, y construiré veracidad.

Dame sonrisas, y construiré tranquilidad.

Dame paz, y construiré un mundo.

Dame libertad, y construiré razas.

Dame fuerza, y construiré montañas.

Dame amor, y... construiré lo que jamás imaginas.


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UNA CREACIÓN


Autor: © JESUS ALEJANDRO GODOY

¿Adónde vas hombre...?

¿Adónde te diriges mujer?

¿Aún no sabes quien eres, ni mirando de reojo tu sombra...?

Y sueñas en silencio, con cambiar de rostro, tu alma duele porque tus ojos no son del color que deseas; y tu sonrisa se amarga, cuando aquel que pretendes amar te da vuelta el rostro...
Y caes... en pesadillas continuas vives.
Y aún, levantándote de la cama cada mañana, no sabes si es mejor vivir o morir, porque ya no distingues una de la otra.

¿De donde eres mujer...?

¿A quien buscas hombre...?

Si hasta rezas por cambiar de Dios, y que tus palabras sean escuchadas por todos... ¡Y en tus mejores sueños, todo el mundo te alaba y te acepta!
¿Porque aceptaste ese camino?
Sin tratar de recorrer todos tus caminos vives en sueños, bajaste los brazos y rompiste en llanto; y hoy... aún rodeado por miles de conocidos y unos tantos extraños, te encuentras solo y lloras porque no eres diferente.

¿Diferente a que...? ¿Diferente a quien…?

¿No aceptas lo que ves? ¿No te gusta lo que hay...?

Y en un último y desesperado intento por lograr que te escuchen, optaste por violarte a ti mismo, ajando tu piel una y otra vez con miles de navajas desafiladas, que dolieron tanto como todas las palabras sin amor que quedaron grabadas en tu memoria.
Y el silencio...

¿Y que has ganado...? Nada; solamente liberarte un poco más de una tortura que tú mismo has creado.
¿Crees que no puedes hacer milagros...?

Toma un lápiz y escribe algo, si eso no funciona, toma un pincel, y pinta algo, si nada sucede, canta; si eso falla, baila, si no funciona actúa, si no encuentras nada, calcula; si los números no son exactos, construye, si nada has podido hacer, diseña, si no aceptas lo que ves, planta flores, si todo se marchita, visita a alguien que viva en soledad...
Cuantos caminos!!!!!
¿Y tú solamente decidiste encerrarte a llorar por ti mismo...?
Una creación tan perfecta de hacer milagros, desperdiciada por uno que otro infortunio... es una verdadera pena.
No veas lo que ya ves, no hables lo que ya sabes, no toques lo que no te cause verdadera satisfacción; porque a cada momento, puedes crear algo nuevo.
Algo tan inmenso, que nadie podrá hacer oídos sordos, o cerrar sus ojos al contemplarlo, hasta contener la sonrisa y abrir su alma para disfrutarlo; y al final verán, que eres una creación tan perfecta de hacer milagros...


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UNO A UNO


Autor: © JESUS ALEJANDRO GODOY

Es inevitable no perderse de vez en cuando, no hallarse como dicen... Preguntarse una y otra vez para que estás en éste mundo; tal vez, porque algunos domingos lluviosos te azota la soledad sin compasión.
Es inevitable no enamorarse de alguien, quizá la persona menos esperada, en el momento menos oportuno, y de repente te ves envuelto en un huracán de emociones donde apenas puedes mantenerte en pie.
Es inevitable no perder a alguien que amas, no verlo nunca más o perderlo aunque esté tan cerca y a la vez tan lejos que entiendes al fin lo que significa la palabra "tortura".
Es inevitable no pensar en la muerte, preguntarte como será, cuando, donde o tal vez con quien, a que edad y como te encontrará ese momento.
Es inevitable no ver como poco a poco se extingue la vida de tus padres, tus hermanos, tus amigos, y si los tienes... tus enemigos, y sabes, realmente sabes que en algún punto, verás extinguida tu vida también.
Es inevitable no ir, no venir, no caminar, correr, descansar, y pensar en las cosas que nos pasan a diario, cuando un día te cambia la vida para bien o para mal, pero seguramente lo cambia para siempre, y nunca más las cosas son iguales; y si bien, nuestra naturaleza sigue intacta, lo que cura o lo que hiere te hace transitar otros caminos y lo haces, uno a uno, paso a paso... despacio.
Es inevitable no tenerlo todo o no tener nada, ganar todo o perderlo, de eso estamos hechos para ganar o para perder, tú eliges.
Tener un Dios o no tener nada, sentirse protector o protegido, calmado o lleno de ira, pagando lo que has hecho o cobrando lo que has dado. Viviendo todo a pleno o caminando de vez en cuando por las calles solitarias con ideas de terminarlo todo de una vez.
Si es verdad que cuando ya no hay nada que hacer o que sentir, te reinventas... ¿Por qué se tiene que sufrir tanto...? es verdad, yo también me lo he preguntado muchas... miles de veces y en un mismo día, y solo hallé una sola respuesta dentro de una retahíla de respuestas mediocres y sin sentido: Es el único camino que hay.
No hay otro, no te diré que hay un Dios justiciero ni un Dios malvado, no te diré que la mente controla todo y que lograrás el éxito imaginando como serás algún día cuando al final tengas éxito.
Solamente te digo que lo hagas, que lo intentes, que sueñes, pero que no hagas una vida de sueños. No creas que estás solo, pero tampoco exclusivamente acompañado.
Es inevitable no ganar, pero también es inevitable no perder, es inevitable no caer, pero también es inevitable no levantarse.
Es contraproducente no soñar, no ser amado jamás, pero sinceramente sé que hay personas que lo viven a diario, como si fuera una pesada carga, donde el dolor todo lo ocupa... como si una mano invisible les arrancara el corazón mientras están sentado por las noches mirando el cielo, o cuando van caminando por las calles atestadas de gente.
¿Lo has sentido alguna vez...?
Tal vez si, quizá nunca, pero seguramente es inevitable no sentirlo.
Todo llega, todo pasa, y los sentimientos alguna vez vuelven, otros, se mueren en el olvido y es mejor que sea así. No te revuelques en el pasado, aunque no es inevitable no hacerlo, pero nada obtendrás. Y si en una historia de entonces el tiempo vuelve a ti y te da lo que no aprovechaste en ése momento... hazlo. No escatimes recursos, pero tampoco momentos, no juegues con tu vida, pero tampoco te guardes para no que te vean. No te olvides que lo más importante no es lo que llevas a cuestas, sino como haces para llevarlo.
Es inevitable no llorar, no creer, no maldecir, no extrañar, no querer, no desear, no tener esperanzas, sentirse superior y luego caer en la ignorancia.
Somos humanos... y es inevitable no vivir.


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TENEMOS QUE HABLAR

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY


Tenemos mucho de que hablar...

Busqué la muerte un día, pero ella me encontró primero; y postrado a sus pies, me miró con enojo, y casi a los gritos me preguntó: -¿Qué quieres de mí, hombre?
Yo le respondí-: Morir.
Ella sonrió de lado; miró al cielo y suspiró como si mi pregunta no cupiera en su paciencia. Me clavó sus ojos negros y me interrogó: -¿Quieres morir de la mejor manera?
-Si –dije.
-Entonces dedícate a vivir de la mejor manera –me respondió-.
Caminó ofuscada hacia la puerta de salida del hospital; dio media vuelta, y susurró: -y deja de molestarme-; dicho esto, se perdió entre la gente.
Busqué la vida un día, pero ella se cruzó en mi camino.
-Si... ¿qué deseas? –me preguntó.
-Vivir –le dije.
Sonrió.
-Entonces vive, como si yo fuera la misma muerte –me dijo.
Volvió a sonreír, se alejó rápidamente y se perdió entre una espesa niebla.
Busqué la belleza un día; pero ella, me sorprendió una mañana al despertarme.
-¿Qué buscas? –me preguntó.
-Belleza –le respondí.
Bajó la cabeza y sonrió dulcemente.
-No me busques en la carne, ni en todo lo que es del tiempo –me dijo-, y rápidamente, se esfumó por mi ventana.
Busqué la fealdad un día, pero ella sea adelantó a mis pasos.
-¿Qué buscas en mí, hombre? –me preguntó.
-Fealdad –le dije.
-No me busques en lo que percibes con tus ojos, ni en lo que puedas tocar con tus dedos... no vivo ahí –me respondió.
Y dicho esto, se esfumó sin dejar rastros.
Busqué la riqueza un día, y sin saberlo, una noche ella se sentó a mi lado.
-¿Qué quieres? –me preguntó.
-Riquezas –le dije.
Con gesto pensativo me dijo-: Búscame en lo poco y en lo mucho, en lo frugal y en la medida justa; en el mar, y en el charco luego de la lluvia-.
Dicho esto, salió de mi casa en silencio.
Busqué la pobreza un día; pero ella, supo antes que yo la buscaba.
-¿Qué buscas en mí, hombre –me preguntó.
-Pobreza –le dije.
-Vivo en lo más lujoso y en lo más andrajoso, mi guarida está en las perlas, y mi aliento en las desesperanzas... pero no vivo en lo que tus ojos ven.
Bajó la vista, cerró los ojos, y desapareció.
Me sentía confundido, y busqué a Dios, pero él se cruzó en mi camino esa misma tarde.
-¿Qué buscas? –me preguntó.
-A Dios –le dije.
-No me busques en lo que pierdes, ni en lo que ganas... no vivo ahí. No me busques en pedestales, ni en artilugios terrenales... ¡Mírate a ti mismo... búscame ahí!
Y dicho esto, se alejó rápidamente.
Busqué al diablo, pero él se cruzó en mi camino, y me tomó fuertemente del cuello.
-¿Por qué me persigues? –me preguntó, acercando su nariz a la mía-.
-Busco al demonio –le dije jadeando-.
Él me miró de reojo, y me volvió a dejar en tierra firme.
-¿Me estás tomando el pelo? –me preguntó.
-No –le dije, tomando un poco de aire-.
Me volvió a mirar, con cierta extrañeza.
-No me busques en la riqueza ni en la pobreza; ni en lo poco ni en lo mucho... ni en el cielo, ni en el infierno... no vivo ahí-.
Me miró nuevamente.
-¿Me estás tomando el pelo? –preguntó nuevamente-.
-No –le respondí.
-¡Mírate a ti mismo, búscame ahí! –gritó.
Giró, se rascó la mollera, y me escudriñó una vez más.
-¡Seres humanos! –susurró-, y se alejó rápidamente.
Llamé a gritos a la sabiduría, pero ella ya estaba a mi lado.
-¿Qué quieres? –me preguntó.
-Sabiduría –le dije.
Me miró con preocupación, y se disfrazó de ignorancia.
Me tendió la mano, y me preguntó si podía caminar conmigo un rato.
No me negué.
Me miró condescendientemente, y me preguntó cuantos pasos faltaban para llegar a mí casa.
-Unos cuantos –le respondí-.
-Muy bien... demos uno a la vez, tenemos mucho de que hablar... – dijo.


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A PRUEBA

Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Escucha, nunca sabes, si dirán las palabras justas que estabas esperando.

Abre, nunca sabes, si era la persona que siempre soñaste.

Despierta, nunca sabes, si ese día cambiará el resto de tu vida.

Habla, nunca sabes, si tus palabras despertarán sentimientos en personas insospechadas.

Cambia, nunca sabes, si el nuevo camino te traerá nuevas alegrías.

Analiza, nunca sabes, si la situación que te acongoja, está disfrazada de oportunidad.

Arriesga, nunca sabes, si tus movimientos audaces, serán el comienzo de una cadena de éxitos notables.

Camina, nunca sabes, si tus huellas, serán el camino que sigan aquellos que confían en Ti.

Perdona, nunca sabes, si las ofensas son en realidad pruebas que te ayudan a crecer.

Estimula, nunca sabes, si tus acciones generarán acontecimientos a tu favor.

Agradece, nunca sabes, si lo bueno o lo malo que te sucede, es ni más ni menos que la señal de que el Buen Dios, te está poniendo a prueba.


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EFÍMERO


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Lo que ahora tienes en las manos, lo que piensas, lo que has perdido, lo que no, lo que deseas, lo que jamás tendrás.
Mi cuerpo completo, el de él incompleto, el tuyo quizá herido, los ojos dispares, la perfección carnal, la imperfección bella, las comparaciones odiosas, el toque mágico de lo que ves con mirada mundana que esconde la verdadera esencia del ser.
Mis palabras tristes, las palabras alegres, los libros buenos, los malos, los que se estudian y los que se queman.
La persona que se va, la que espera, la que ya se fue, aquel que renace, el doliente que jamás obtiene y el que perdió la vida soñando.
Los que pueden lograr, los que envidian, los que bendicen, los que jamás llegarán.
Los que hoy comen y mañana morirán de hambre, los que no tienen nada y mañana seguirán igual.
Los pobres de alma y ricos en billetes, los ricos en oro, los ricos en dones.
El lugar donde Dios ríe, y donde el hombre llora; la esquina de la vida donde se pierde la inocencia, el mar donde se ahogan los deseos.
El amor que llega, el que se fue, el que murió y el que jamás querrá ser herido.
Los que ven a Dios, los que se creen ángeles, los que oran y piden, los que no rezan y obtienen igual, un camino hacia el Buen Dios que desconozco, los buenos y malos, los que hieren y los que sanan.
El viento, el mar, el frío y una noche solitaria para después ver el sol nuevamente.
La angustia de no tener, o la maldición de tener todo. La soledad tan temida y la ansiedad por estar solo.
Los que mienten por bondad o maldad, y los que se mienten a sí mismos.
La fábrica de ilusiones, las esperanzas heridas, el sueño que eleva el alma y embriaga de día y de noche.
El cuerpo que tienes entre manos, el cuerpo que jamás tocarás, el beso que doy, y el que jamás me darán.
Tu padre sentado a la mesa, y tú negando sus palabras; y yo, rezando a Dios, por hablar un segundo con el mío. Mi madre a mí lado contando los días que pasan; y tú, llorando a la tuya por que la extrañas.
Lo que recuerdas y lo que no vale la pena recordar, lo que te hace reír cuando tu mente vaga en el pasado, y lo que te hace disgustar.
La mascota que prefieres, el animal que odias, el terror al animal más común, y la admiración por el más abominable.
El consejo que me dieron, el consejo que no llegó a tiempo, las palabras expresadas en el momento exacto, y las que aún retumban en tus oídos.
Mirando como pasan los años, quizá tú acariciando a tu hijo y a tu esposa, yo queriendo navegar en los mares y perderme por ahí; aquel, soñando con lo tuyo, y el que tiene lo mismo que tú, deseando lo mío.
El amor, el engaño, el dolor, y la alegría.
Un día querer morir, o querer renacer... y después de eso nuevamente la vida; y al momento de cerrar los ojos, es cuando te das cuenta, que todo es efímero.


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miércoles 17 de enero de 2007

UNA VEZ MÁS


Autor: © JESÚS ALEJANDRO GODOY

Cuando regreses…
Si, lo sé, no todo es como lo esperabas.
¿Y quien es aquel que reconoce su camino, sin haberse perdido mil veces antes?
Porque todo es ahora como lo sientes, todo es ahora como lo quieres.
Y cuanto de lo poco o de lo mucho que tengo, daría para no verte triste; y sin embargo…
¿No es el hombre de fortuna, aquel que antes de expirar, daría sus mejores diamantes, para pagar por un poco más de aliento? ¿Y no es el tesoro más fantástico, tan fútil, cuando el alma no encuentra su paz?
Y cuanto… cuanto daría de lo poco, o lo mucho que tengo, para no verte llorar; y sin embargo, eres dueña de tus lágrimas, más sabe bien, que todo aquello por lo que lloras no te pertenece.
Y cuando daría para que comprendas, que todo lo que tienes en tus manos, pierde valor, cuando el corazón no encuentra su ritmo.
Tal vez sea porque todos los caminos no son suficientes; quizás, porque todos partimos un día, y nos perdemos en algún lugar, en algún sitio, sin saber en realidad que estamos aprendiendo a reconocer de a poco, la pieza que nos falta; esa, que nos completará un día, cuando la tengamos frente a nuestros ojos.
¿Y quien es aquel, que no ha balbuceado mil incoherencias, antes de dar un eximio discurso?
¿Acaso no es el mismo, que se entrega a las manos de su Dios, reconociéndolo, sin antes haber compartido la cama con sus demonios?
Y cuando daría para que tengas todo lo que sueñas; y cuanto… cuanto desearía, que rías hasta que tu corazón cambie de color, y tu alma se duerma junto a la felicidad; y al amanecer, se despierte lentamente, y lo primero que sienta, te haga llorar de alegría.
Y aunque lo intente, nada puedo hacer, porque los sueños son mi alimento, y los hechos tu calma.