23/2/11

EL CAMINANTE

  
Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un hombre caminaba por una calle casi desierta de un pequeño poblado, sabía que el tiempo se agotaba, pero él continuaba con su andar tranquilo.
De repente, se topó con un soldado desprevenido que estaba apostado cerca de una pescadería.
El soldado lo reconoció enseguida por la descripción que le habían dado del hombre, y por las preguntas que había realizado a los pocos que lo conocían.
Sus miradas se cruzaron, pero no hubo ninguna tentativa por parte de ambos de salir a la carrera ni de hacer ningún movimiento brusco.

Solamente se reconocieron...

El soldado caminó tranquilamente hacia el hombre y le dijo: 
- me han comentado que usted anda a la carrera como si fuera un prófugo... ¿Es así...?

-Si señor- le contestó tranquilamente el hombre.

-¿Y porque razón esta usted caminando tan rápidamente? -le preguntó el soldado

-Porque alguien está tratando de que yo no llegue a mi destino…

- Y disculpe... ¿Adonde va usted...?

-Al desierto... señor.

-Pero... ¿Al desierto?... ja, ja -rió por lo bajo el soldado-; Pero… ¿Para que va al desierto señor?, si en este lugar usted tiene agua fresca, y sombra, ¿Por qué razón iría usted a pasarla mal al desierto?-

-Porque tengo que encontrarme con un viejo amigo -dijo el hombre tranquilamente...

-¿Con un viejo amigo?- preguntó extrañado el soldado.

-Si señor, con un viejo amigo que ha venido desde lejos para verme, ahora si me discul...

-¡Pero hombre por favor! -lo interrumpió el soldado-, ja, ja… no es necesario que ande a la carrera entonces, porque no duerme un poco, y mañana reemprende su marcha, y yo le aviso a mis compañeros que usted es mi invitado, así usted descansa bien.

- Le agradezco su ofrecimiento y cuidado señor, pero me urge llegar a destino lo antes posible- respondió el hombre.

-Pero mire usted señor... caminante, -insistió el soldado-, si usted quiere, le puedo ofrecer mi tienda para descansar... ¿Hace mucho que no prueba alimento?-

-Hoy almorcé señor, gracias.

-Pero de seguro tiene un poco de hambre... ¿no?

- No mucho señor, gracias-

- Pero... ¿en realidad usted se va al desierto?- preguntó nuevamente el soldado rascándose la barbilla.

-Si señor, y no cuento con mucho tiempo, si me disculpa, tengo que seguir con mi camino- dijo el hombre

- Pues muy bien, señor, si así usted lo desea, váyase al desierto, pero le digo que aquí yo le estoy ofreciendo agua, cobija, y una noche tranquila, se lo ve agotado... ¿seguro que no quiere descansar...?

-No señor muchas gracias -dicho esto el hombre reemprendió su marcha-.

El soldado lo vio partir tranquilamente, mientras que se rascaba la cabeza en señal de no entender al pobre hombre.

"¿Al desierto?" pensó nuevamente el soldado. ¡Ja, ja, ja, ja...!, pero su risa se fue apagando de a poco, mientras veía al hombre alejándose

-No importa -murmuró el soldado, mientras que se le iluminaban los ojos con un extraño destello rojizo... -no importa Jesús de Nazaret, no importa Mesías… Hijo de Dios... todavía me quedan treinta y nueve días con sus noches... para ver quien de los dos es el más fuerte...

Y dicho esto, el soldado se esfumó en el aire, en forma de un pequeño tornado en dirección al desierto.