3/1/11

INSTANTE Y EL VIENTO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy


—¿...Tengo tiempo? —preguntó
—No mucho, mi señor Takhego —respondió el hombre que lo había venido a buscar—, pero le daré un instante más—.
—Gracias...
—¡Mí señor!—vociferó el hombre, hizo una reverencia y se alejó cansinamente a una distancia prudencial—.
“La tortura de un ser paciente no es el tiempo, sino la delicia de la espera que convoca las felicidades venideras, porque el ser paciente sabe de la espera y en ella, el tiempo no existe, pues ve todo antes de que ocurra” pensó el samurai mientras miraba su reflejo en las aguas de río Hiratore.
Posó una de sus rodillas a la vera de la costa repleta de pequeñas rocas mezclada con la hojarasca que venía del bosque cercano. Uno de sus dedos hizo un leve círculo en el agua espantando al momento los pececillos que estaban cerca.
Su piel se crispó y sonrió; luego, susurró:
—El fantasma del tiempo no es otro, que el recuerdo de lo que se pudo hacer y no se hizo —suspiró y continuó—: y si el alma repleta de ánimas se encuentra, es probable que empiece a soñar con morir antes de tiempo; y así, el ser que lleva dentro un alma que sueña con morir, se vuelve una fantasía en sí mismo y transforma en una fantasía su vida y su manera de actuar y enfrentar los días venideros—.
—Sin embargo, el ser que vive su tiempo segundo a segundo, sin esperar volver a ver la luna ni esperando que el sol se refleje nuevamente en sus pupilas, es el ser que, como buen guerrero astuto y sabio preparado para la otra vida está, y al momento de caminar hacia el monte Fuji es el más valiente y Dios le sonríe, porque no existe en su alma, fantasma alguno, ni en sus días momentos en blanco que le sean reclamados en el más allá... ése ser, es el que ha vivido todo, y ha sabido como morir; porque la muerte se lo ha de llevar y mientras lo hace, le dirá al oído:
“Hermano, es un honor abrazarte y cobijarte porque me he de llevar tu cuerpo ahora; y éste se pudrirá ante ojos terrenales y se consumirá tu presencia ante los que en esperanzas truncas esperan que vuelvas de pie. Pero yo, no soy dueña de tu parte más exquisita y sabia, donde realmente se esconde el secreto de la vida y en recuerdos, vive el placer de la muerte; porque en tu alma no existen días que no hayas vivido ni momentos que no hayas disfrutado, y eso hermano... no me pertenece. Hermano, es un honor abrazarte y cobijarte, porque ahora me relatarás cómo es vivir, y cómo es morir con el alma dispuesta a partir”
—Ahora, ya es momento de partir —dijo suavemente el samurai.
El ejército enemigo que lo había capturado esperaba detrás, en silencio. Un ave cantó a lo lejos y en un instante, la katana del soldado cortó el viento. La sangre de Takhego besó las aguas del Hiratore y todos hicieron una reverencia, pues admiraban la valentía del samurai que había enfrentado a todo un ejército solamente con su espada y su destreza.
—Mi señor, su alma sabia jamás tuvo ni tendrá días en blanco —dijo el soldado que lo había ejecutado—
Limpió la sangre de su espada en un movimiento y se alejó sin darle la espalda, pues todos sabían que había sido un samurai que había vivido sin esperar volver a ver la luna ni esperando que el sol se refleje nuevamente en sus pupilas; porque ya, estaría caminando hacia la muerte, y ésta le diría: “Hermano...”