28/2/11

EL MALO

   
Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Había un hombre que era malo.
No era malo por que no compartía sus cosas.
Era malo por que todos decían que no compartía lo mejor que tenía.
Era malo por que a todos les había dado sus posesiones, pero no la voluntad de obtenerlas.
Era malo por que a todos les había otorgado su tiempo, pero no las vivencias que se encerraban en él.
Era malo, por que a todos les había regalado el arte que hacía con sus manos, pero no les había dado el don que poseía.
Era malo por que les había otorgado los castillos que había construido piedra por piedra, pero no, el conocimiento para erigirlos.
Era malo por que les había regalado varias fotografías donde se lo veía en todas las partes del mundo por donde había viajado, pero no les había dado la pasión por hacer cosas.
Era malo, por que les había mostrado a uno y a varios maestros sabios, pero no les había dado la comprensión para llegar a sus palabras.
Era malo, por que les había regalado sus inventos, pero no la curiosidad para generar nuevos sueños.
Era malo, por que les había regalado la forma de morir en paz, pero no les había explicado como hacerlo.

Un día conocí a un hombre que era malo.
En su tumba dejé una rosa y hablé con él.
Y supe por qué era malo.
Por que en silencio y luego de visitarlo miles de veces, me había regalado el secreto de la inmortalidad; pero no me había dado, la forma de llegar a ella.

23/2/11

EL CAMINANTE

  
Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un hombre caminaba por una calle casi desierta de un pequeño poblado, sabía que el tiempo se agotaba, pero él continuaba con su andar tranquilo.
De repente, se topó con un soldado desprevenido que estaba apostado cerca de una pescadería.
El soldado lo reconoció enseguida por la descripción que le habían dado del hombre, y por las preguntas que había realizado a los pocos que lo conocían.
Sus miradas se cruzaron, pero no hubo ninguna tentativa por parte de ambos de salir a la carrera ni de hacer ningún movimiento brusco.

Solamente se reconocieron...

El soldado caminó tranquilamente hacia el hombre y le dijo: 
- me han comentado que usted anda a la carrera como si fuera un prófugo... ¿Es así...?

-Si señor- le contestó tranquilamente el hombre.

-¿Y porque razón esta usted caminando tan rápidamente? -le preguntó el soldado

-Porque alguien está tratando de que yo no llegue a mi destino…

- Y disculpe... ¿Adonde va usted...?

-Al desierto... señor.

-Pero... ¿Al desierto?... ja, ja -rió por lo bajo el soldado-; Pero… ¿Para que va al desierto señor?, si en este lugar usted tiene agua fresca, y sombra, ¿Por qué razón iría usted a pasarla mal al desierto?-

-Porque tengo que encontrarme con un viejo amigo -dijo el hombre tranquilamente...

-¿Con un viejo amigo?- preguntó extrañado el soldado.

-Si señor, con un viejo amigo que ha venido desde lejos para verme, ahora si me discul...

-¡Pero hombre por favor! -lo interrumpió el soldado-, ja, ja… no es necesario que ande a la carrera entonces, porque no duerme un poco, y mañana reemprende su marcha, y yo le aviso a mis compañeros que usted es mi invitado, así usted descansa bien.

- Le agradezco su ofrecimiento y cuidado señor, pero me urge llegar a destino lo antes posible- respondió el hombre.

-Pero mire usted señor... caminante, -insistió el soldado-, si usted quiere, le puedo ofrecer mi tienda para descansar... ¿Hace mucho que no prueba alimento?-

-Hoy almorcé señor, gracias.

-Pero de seguro tiene un poco de hambre... ¿no?

- No mucho señor, gracias-

- Pero... ¿en realidad usted se va al desierto?- preguntó nuevamente el soldado rascándose la barbilla.

-Si señor, y no cuento con mucho tiempo, si me disculpa, tengo que seguir con mi camino- dijo el hombre

- Pues muy bien, señor, si así usted lo desea, váyase al desierto, pero le digo que aquí yo le estoy ofreciendo agua, cobija, y una noche tranquila, se lo ve agotado... ¿seguro que no quiere descansar...?

-No señor muchas gracias -dicho esto el hombre reemprendió su marcha-.

El soldado lo vio partir tranquilamente, mientras que se rascaba la cabeza en señal de no entender al pobre hombre.

"¿Al desierto?" pensó nuevamente el soldado. ¡Ja, ja, ja, ja...!, pero su risa se fue apagando de a poco, mientras veía al hombre alejándose

-No importa -murmuró el soldado, mientras que se le iluminaban los ojos con un extraño destello rojizo... -no importa Jesús de Nazaret, no importa Mesías… Hijo de Dios... todavía me quedan treinta y nueve días con sus noches... para ver quien de los dos es el más fuerte...

Y dicho esto, el soldado se esfumó en el aire, en forma de un pequeño tornado en dirección al desierto.

13/2/11

VER


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Ver, como ven los niños, las cosas, el destino y lo que en la íntima soledad del alma tiene su explicación; expiar las culpas de lo no logrado y lo no alcanzado para disfrutar del simple hecho de viajar a través de la vida; así deseo que sean mis ojos.
Reinventar la libertad como la vive el ave, y jurarle a mi camino que este instante es toda mi vida porque jamás sé cuando me iré, así deseo que sea mi alma.
Dibujar una nueva madrugada en el ocaso de mi vida como lo hace el cielo y saborear la victoria sin que nadie me detenga como lo hace la lluvia; así, deseo que sea mi mente. Dejar que mi esfuerzo talle mi carácter como lo hace el león y vagar con mi esperanza hacia otros destinos como lo vive el navegante, así deseo que sea mi conciencia.
Que no existan distancias entre lo imposible y lo común como lo hacen los ángeles, y dormir en la sentencia de que cada segundo de mi vida es un segundo para tomar decisiones que cambiarán mi hoy, mi mañana y la vida de aquellos que alguna vez oirán algo de mí, aún, cuando yo ya haya pasado, como lo hace el viento; así, deseo que sea mi vida.
Ver como ven los niños; así deseo, que sean mis ojos...

9/2/11

VUELO (Plegaria a Mis Padres)

  
Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Déjenme soltarme, aunque mis manos luego busquen a tientas esas ambiciones que nunca alcanzaré.
No me priven de esconder de mis labios las palabras más incorrectas para hablar luego las palabras grandes y transparentes; ésas donde la verdad se esconde.
Déjenme en soledad ante mis fantasmas pero no se alejen de mí. Átenme a mis errores porque con ellos trazaré mis caminos, pero no me juzguen durante mi tiempo de aprendizaje. Vean mis pasos y cuéntenlos si así lo desean; más, no escriban sus argumentos sobre mis huellas errantes porque cada cual plasma su destino.
Ríanse y destrocen con sus comentarios mis alas, pero siempre me verán desplegándolas donde se alza el viento que me lleva al cielo que siempre he soñado.
Tomen mis manos y si quieren protejan mi cabeza, pero no cubran mis ojos de los errores porque sé que cuando ya no exista nadie que me cobije, no habré aprendido nada valioso, si no he errado y contado a mansalva mis heridas.
Déjenme fallar cuanto pueda y por el tiempo que sea necesario, pero no aplaudan mi insensatez ni mi ignorancia porque jamás querré que aquellos a quienes amo o amaré se vuelvan contra mí, y me transformen en carne de desperdicio. Pero… ¡hay de mí si se vuelven como yo! Preferiría que mi cabeza sea estacada y paseada frente a todos aquellos que optaron por vencer sus limitaciones sin saber si algún día llegarían a buen puerto.

Contemplen mis movimientos más desacertados, pero jamás me digan que deje de caminar.

A nadie creeré cuando me digan que la muerte por mis propias manos es muestra de valentía y una digna solución a todos los problemas porque sabré que no es verdad, y jamás lo será, mientras miro a esos indigentes que se transforman en reyes paseando sus luchas junto a mi puerta e invitándome a unirme a sus noches de derrotas en pie, esperando una oportunidad para dar un paso hacia un nuevo desafío.
Síganme en mi escalada, y vean que aún desesperado, la única verdad que sabré es la que dice que yo puedo llegar más allá de lo que otros opinan de mí porque jamás existirá en esta tierra que hoy piso, nadie que pueda decirme cuanto valgo cuando mis ojos se abran cada madrugada dispuestos a encontrar nuevos caminos.
Mírenme volar entre tormentas y desconfíen de sus sentidos cuando mis alas se desplieguen como potentes y orgullosos pilares donde habitan mis palabras grabadas a fuego, hablando de todo lo que he sido, lo que soy y lo que seré.
Déjenme en soledad, pero jamás dejen de guiarme, porque aunque sea único e irrepetible, en mi cielo todavía quedan muchas estrellas por contar.
Vean qué difícil es mi camino, y déjenme transitarlo bajo las sombras de la intolerancia y la incertidumbre; a cambio, yo les mostraré que al final de mis pasos me verán transformado en los sueños que siempre he deseado, y seré tan grande y tan fuerte, que ni todas las sonrisas ni las alegrías del mundo cabrán en sus corazones.
Déjenme vagar entre sombras, porque este es mi momento, y nunca cejaré ante los pensamientos propios o ajenos que quieran ver mi cuerpo consumido por gusanos, porque he venido a cumplir mis sueños y mis anhelos y hoy no tengo planeado visitar los cielos, sin intentar hacerlos realidad.
Miren mi tiempo hablen de mi momento que ya ha empezado; y que aquellos murmuren que no he de poder hacerlo, porque las palabras de aliento son mis caminos y las palabras desalentadoras mis motivos para seguir.

Déjenme vagar como pueda, suéltenme al viento de lo nuevo y lo desconocido, porque he nacido para ser ciervo de todos, porque he nacido para ser rey de mis victorias.

Hablen de mi vuelo, hablen de mi tiempo… porque éste, es mi momento.

1/2/11

MI AMOR


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Pretendiendo ser lo que soñé ser, y rozando las ánimas de lo que jamás pude ser, finalmente terminé siendo víctima de mis sentimientos.
Porque descubrí al fin, que mi amor no es el amor, ni mi vida la vida.
Y sabiendo que faltaba poco para mi final, decidí escribir éstas líneas para que no se perdieran nunca dentro de los recovecos sombríos de mis palabras sin razón; decidí escribir antes que llegara ella y me llevara finalmente a ese lugar donde mi corazón deja de latir, o mi alma vuela por lugares encantados; decidí escribir éstas líneas antes que mis ojos se cerraran y mi cuerpo dejara por un momento ésta paz indulgente que a veces me viene a visitar.
El vaso de whisky estaba inerte a mi lado, como un recuerdo de viejos tiempos que había quedado relegado a un sitio en particular dentro del territorio de mi presencia.
Luego… luego todo fue recordar; recordar, que amar es algo divino, que amar es mirar a los ojos a la mujer de tus sueños siendo víctima del tiempo; y aunque su cabello ya sea gris, y su cuerpo un recuerdo del aliento de lo que es bello, sentir, que no se puede no seguir enamorado del amor que ése ser lleva dentro por ti; y dejar de lado todo lo que es de este mundo, y dejar de lado lo que se mira con los ojos y abrazar lo que se ve con el alma.

Así sentí mi amor.

Porque me di cuenta que ya era víctima de la mujer de mis sueños; esa, que había dibujado mi alma tantas veces con sus manos; y supe también, lo que era el dolor de amar y aprendí que nadie… nadie puede hablar o puede sentir amor sin antes haber conocido el dolor de entregarse sumisamente a un sentimiento tan sublime.
Tomé con cuidado mi vaso de whisky y lo acerqué a mi boca, pero otro recuerdo vino a mi mente y lo volví a dejar en el mismo sitio.
Sonreí, y recordé que aprendí que no se puede amar sin dolor; que todo es uno, y mi dolor en sí fue la sensación más exquisita al momento de saber que realmente mi cuerpo ya maltrecho y mi corazón murmurante, ya no me pertenecían porque se fueron el día que me redescubrí mirándola fijamente a través de la ventana de mi biblioteca; como si yo fuera un adolescente enamorado, que suda, y sonríe a medias, cuando la mujer que ama deja la estela de su perfume en todo el ambiente.
Resoplé un instante; sequé el sudor de mi frente con un pañuelo.
Sabía bien… que mi momento se acercaba y no quería dejar ningún bache en mis líneas.
Como esa vez que supe que el hombre valiente no es aquel que enfrenta sus miedos, sino, el que aprende a reconocerlos y los embauca por un instante en la vida, porque el que es realmente valiente, sabe que los miedos nunca mueren, y enfrentarlos, es algo cotidiano que hacen muchos, miles, millones de seres diariamente cuando respiran, cuando caminan, cuando rezan, cuando duermen...
Pero aquellos que reconocen sus miedos y bailan con ellos el vals de la incertidumbre son los que llevan ventaja; porque saben que realmente no son perfectos. Y saben bien, que el miedo está latente midiendo cada paso, habitando cada casa, durmiendo en cada cama.
Es el mismo miedo que hoy acaricia mi sien y hace que mis rodillas se derritan.
Como cuando caminé desfalleciendo hasta estar cerca, muy cerca de la mujer de mis sueños, y entre una extraña mezcla de delirio místico y desastre natural personal, le dije que la amaba.
Recuerdo ese momento como si todo el universo hubiese hecho silencio por un breve instante.
Y realmente fue como el sentenciado a muerte al que le conmutan la pena, o el exhausto viajante que recibe la lluvia salvadora en el desierto.
Creo que volví a tener sentimientos semejantes, pero nunca jamás iguales; recuerdo que mi cuerpo flotaba y el peso de mi corazón había desaparecido... pero el peso del amor que se había instalado en mi alma me mantuvo en tierra.

Así sentí mi amor.

Y todo pasó: el tiempo, las cosas, los hijos, los trabajos, los amigos, los lugares; y nosotros dos pasamos juntos protagonizando los papeles estelares. Y hoy, ya que mi cuerpo cambió para siempre, mi pulso firme se volvió un tornado entre mis dedos, y mis recuerdos ocupan gran parte de mi memoria, me encuentro aquí nuevamente donde todo empezó… solo, en silencio esperando que mi corazón deje de latir.
El sol parecía estar yéndose a toda prisa y el cielo contenía a duras penas las nubes que querían zafarse de una vez por todas; parecía, como si Dios supiese que mis minutos estaban contados, y que mi aliento se aceleraba esperando su presencia… siempre había sido igual.
Fue cuando la puerta de mi biblioteca se abrió lentamente, y la vi; con su paso cansino, sus cabellos blancos, su piel arrugada, y su mirada un poco errante. El universo quedó en silencio.
Y me miró, como tantas veces lo había hecho; y ahí estaba, seguía siendo ella, la mujer de mis sueños.
No pude evitarlo.
Mi aliento se entrecortó, mis ojos se cerraron, mi corazón dio un vuelco, y todo mi cuerpo tembló un poco más de lo habitual.

Dios sonrió.

Y yo... yo morí de amor una vez más.

26/1/11

EL EJECUTADO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Aquel que va perdido, es un ser doliente, un ente pacifista, que jamás se detuvo a dar batalla por lo que le parecía valedero.
Ése, al que ahora le besa el cuello una gruesa cuerda que se llevará sus días, es un pendiente deudor que siempre le había pedido soluciones a su Dios y que le culpó siempre por sus fallos y por todo lo que jamás pudo obtener.
Mira, pobre ser ése que ves ahí que pronto será colgado que dejó su vida y su destino creyendo en la suerte, y olvidando que cada día era un nuevo y silente camino para empezar alguna nueva historia.
Quédate hijo y mira atento, a ese ser que pronto se irá, el cual prontamente se dejó caer en los brazos de un azar lujurioso, y le pidió a gritos a los elementos que le construyeran una casa, le formaran un hogar, y le regalaran amores adonde él fuera; mira atentamente y ahora susurrando te digo, que éste que pronto será ciego de todo dolor y caminos, fue un señuelo para la nada y un criadero de dudas.
No hay paz he de decirte, en un ser que sabe que los tiempos pasan a su alrededor mientras se sienta a esperar esas promesas que se hacía cuando era niño; no existe reflexión alguna que se equipare a aquel que reconoce sus heridas y las atiende cuando aún son heridas y no, recuerdos que luego traerán resentimientos y perdición.
Reza ahora hijo por éste que pronto será un ejecutado de historias que es el que lleva esa gruesa cuerda alrededor de su cuello; y no veas quién es, porque lleva tu rostro, mi rostro, y el de aquel que supone que vivirá para siempre caminando bajo senderos soleados.
Entonces te digo, que él tiene todo tu tiempo en sus retinas y envidia de ti lo que jamás obtendrá; y tú, tienes toda su voz y relatarás este día como el momento en que has visto la diferencia entre ser ave o viento.
Mira hijo que cada nudo que tiene esa cuerda es atado por tus manos, por mis manos, y no, por las manos de dioses, demonios, ángeles ni entes que merodean por ahí... no alucines hijo por ahora, ya tendrás tiempo de eso.
Por ahora has silencio, y sólo mira a aquel que va perdido, envidiando de ti, lo que jamás volverá a vivir...

21/1/11

TEMPLO PARA MIS LÁGRIMAS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Desde algún lugar obsecuente con mis pormenorizados temores, me voy quedando ajeno a toda vigencia de lo que es leal a mis sentimientos; entonces, violo los dictámenes más certeros que me hicieron un hombre acaudalado de felicidades y me entrometo en los caminos de las vivencias fugaces aletargadas por esos yerros que dejan el paladar dulce y el corazón vacío.
Voy entonces dije, a romper esos encantamientos que supieron ensoñarme en novelas de amores escondidos que luego no eran tales sino, un destino mal dibujado, por esos amores que no sabían amar y esos corazones que se estaban entrenando para saber querer luego de descartar los desintereses de los cariños.
Abrí los ojos creo, y me encontré con otras historias inverosímiles y tan cercanas a mis quejas de caminos no atinados, que de tanto repetirlas se me hacían harto cercanas y hasta palpitantes de desasosiegos y vacías de toda solución.

Y me senté...

Me senté dije, en la acera de estos recuerdos que se fueron quedando ebrios y descontentos de perder a sus mismos recuerdos; estos recuerdos, que se volvieron puertas oxidadas y despintadas, tiovivos destartalados y solitarios; ancianos solos, en el invierno de una plaza vacía.
Y fue dije, que me horroricé de llevar tantas miserias activas en mi memoria, y di cuenta de estas armadas estrategias que se erigían como templos para mis lágrimas en las lloviznas de mis palabras sin sentido, que iban implorando un poco de piedad a esas decisiones que ya no pude deshacer.
Y me senté... a esperar que el tiempo se llevara un poco de este viento que hoy me trae las buenas nuevas ajenas que mis recuerdos no quieren escuchar, y que mis obligadas sonrisas no quieren festejar.
Creo que los últimos que me vieron, me advirtieron empacando mis lágrimas para llevarlas a otras tierras y envolviendo mis alegrías para repintarlas cerca del mar.

Fue creo... que me senté a esperar, lo que jamás llegaría y decidí escaparme de esos vientos, que me traían recuerdos ajenos, que mis recuerdos atónitos de encontrarse siempre en el mismo sitio, no podían soportar.

20/1/11

INVISIBLE COMO ANTES


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

...Es viento, ahora que mis manos venosas y marchitas se entregan al compás de la locura, que escucho las voces de la oscuridad; que me llaman, que me nombran, y me dicen que falta poco para que esas caricias que ya me han abandonado, vuelvan a mí, como vuelve el mar solitario a contarle a las rocas, que vio un ave aventurera cerrar sus alas en pleno vuelo, y con paz, se dejó caer por que todo ya estaba hecho y cumplido.
Miren nubes mi andar errático que marca la única perdición que encuentro dentro de mí, que me detiene y me obliga a quedarme sentado junto a estos fantasmas de ojos negros, que con temor, miran los desperdicios de sus recuerdos y se preguntan dónde se encuentran; miren nubes, que ya escucho esas buenas nuevas que canta el rocío, y me dicen que quizás un día la niebla me envolverá y me posará sobre un relámpago, y juntos recorreremos el mundo, dejando tras de sí, solamente una luz de colores repleta de misterios.
Lugares que he andado, ahora que mi boca vacía de dientes está y mi lengua se ha dormido para nunca más despertar, es que comprendo que yo los moldeaba y les daba vida y no, ustedes, lugares, a mí.
Sitios ajenos a mi presencia por donde he dormido, trabajado; por donde mi sombra aun se pregunta adónde me he ido; lugares, ya no me aprisionen y no retengan mis recuerdos ni mis cosas ni mis ganancias, por que ya ven, que aquí, desnudo, entregado y solo, iré a bañarme de luz, a reír todas las alegrías y a llorar todos las yerros; lugares, váyanse sin mí, que lo que ustedes tienen, no me sirve para pagar las deudas que ahora tengo con esos, que no sé por qué, se aparecen en mis sueños y tocan mi rostro por las noches para que no los olvide.
Amores sexuales y fiestas sin control que aún me hacen reír al recordarlas, sé que todo fue mágico para remendar algunas soledades y algunos espacios en mi vida; me despido ahora sabiendo que no todas las olas mojan el alma aunque pertenezcan al mismo mar.
Espacios, mundo, abismos cavernas y misterios; perdónenme si no los he recorrido por completo, es que siempre fui temeroso de dejar mi espacio... y ahora que lo dejo, río y lloro, al saber que mi espacio era el mundo.
Ángeles centinelas que ahora me espabilan, y me sorprenden con sus historias; no dejen que parta sin antes devolverle al viento todas sus historias y secretos; no dejen que me vaya sin retornarle a mis caminos todos sus pasos y sus sinsabores; centinelas que ahora me espabilan, que me llaman, que me nombran y que me dicen que todo está presto para traspasar algún umbral... no me dejen partir, sin agradecer todos los alientos y perdonar todas las heridas

...Es vida, que ahora me pregunto: ¿Esto es la muerte?

Y me vuelvo niño, y ya me hago invisible como antes, y digo adiós a todos mis equipajes y me voy a pedirle al mar, que me lleve sobre sus olas, por que quiero ser como esa ave, que un día cerró sus alas en pleno vuelo, y se dejó caer en paz; por que todo, estaba hecho y cumplido.

19/1/11

REVIVIR


Autor: © Jesús Alejandro Godoy


Donde vayas, ahí te esperaré. Donde estés ahí yo estaré.

Donde caigas, estaré para socorrerte. Donde sueñes, estaré para alentarte.

Donde huyas, estaré para buscarte. Donde duermas, estaré para despertarte.

Donde calles, seré guardián de tu silencio. Donde camines, estaré para acompañarte.

Donde vueles, remendaré tus alas. Donde empieces, te mostraré como llegar al final.

Donde pierdas, te enseñaré como ganar. Donde te esfuerces, te alentaré para luchar.

Donde ames, te complaceré. Donde hables, escribiré tus palabras.

Donde sangres, te curaré. Donde pidas te daré.

Donde rías, festejaré contigo. Donde mueras, honraré tu memoria.

Donde puedas, ahí me verás surgir. Donde me llames, me verás revivir.


CAMBIAR (Para siempre)


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

En algún silencio, fue que se ha escondido el secreto de mis visiones y pasiones, y hecho eso, se quedó dormido en un rincón de mi hogar para sucederme y perderse en mis días y a fin de cuentas, acertar al que venía después de mí, para que fuera feliz y pudiera disfrutar de mis valores y decisiones.
Fue que en algún silencio, se quedó grabado un santiamén de mis dudas y una eternidad de mis convicciones; y luego, se fue a navegar entre mares de otros mundos, lejos de mí, lejos de aquí, y no fui más que un espectador gris de un nuevo mundo que sabía jamás vería.
Renegado de supuestos y faltante de certezas, me adueñé de algunas explicaciones y escapé de mis lugares para recorrer el planeta y comprender los momentos que se rejuntaban en mi conciencia...
Y encontrando los cielos sólo pude comprender los infiernos, y ganándolo todo, solamente pude comprender la escasez. Fue que amando la vida vislumbré la verdadera muerte, y hundiéndome en orgías de amores, comprendí las melodías de la soledad. Y encontrando leyendas encontré algunas historias y despilfarrando sonrisas fue que albergué la verdadera tristeza en mis labios. Encontrado a Dios fue que supe la verdad de mi naturaleza y forjando un camino, encontré la explicación de todo lo creado y lo que se avecinaba en materia y aún dormía en los pensamientos de los que ven antes de parir la verdad.
Y supe...
Que las distancias son sólo pasos y lo imposible sólo una palabra antes de obtener; fue que diluviando entre lágrimas comprendí la grandeza de la felicidad, y conjeturando caminos que se atrevían a desafiarme, encontré la verdadera aceptación de lo que era la libertad.
Es que creo que una tarde y en algún silencio, fue que se había escondido el secreto de mis visiones y pasiones, y hecho eso, se quedó dormido en un rincón de mi hogar; entonces, lo desperté lentamente y me dije que ya no deseaba ver pasar la vida... entonces abrí la puerta, y me fui a recorrer el mundo con él a mis espaldas y una esperanza que se abalanzaba como un torrente de nuevas cosas, que sólo eran para mí; y fue que comprendí entonces la verdadera noción de lo que era una decisión, di un paso, y cambié mis días y mi vida... para siempre.

14/1/11

TENEMOS QUE HABLAR


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Tenemos mucho de qué hablar...
Busqué la muerte un día, pero ella me encontró primero; y postrado a sus pies, me miró con enojo, y casi a los gritos me preguntó: -¿Qué quieres de mí, hombre?
Yo le respondí-: Morir.
Ella sonrió de lado; miró al cielo y suspiró como si mi pregunta no cupiera en su paciencia. Me clavó sus ojos negros y me interrogó: -¿Quieres morir de la mejor manera?
-Si –dije.
-Entonces dedícate a vivir de la mejor manera –me respondió-.
Caminó ofuscada hacia la puerta de salida del hospital; dio media vuelta, y susurró: -y deja de molestarme-; dicho esto, se perdió entre la gente.
Busqué la vida un día, pero ella se cruzó en mi camino.
-Si... ¿qué deseas? –me preguntó.
-Vivir –le dije.
Sonrió.
-Entonces vive, como si yo fuera la misma muerte –me dijo.
Volvió a sonreír, se alejó rápidamente y se perdió entre una espesa niebla.
Busqué la belleza un día; pero ella, me sorprendió una mañana al despertarme.
-¿Qué buscas? –me preguntó.
-Belleza –le respondí.
Bajó la cabeza y sonrió dulcemente.
-No me busques en la carne, ni en todo lo que es del tiempo –me dijo-, y rápidamente, se esfumó por mi ventana.
Busqué la fealdad un día, pero ella sea adelantó a mis pasos.
-¿Qué buscas en mí, hombre? –me preguntó.
-Fealdad –le dije.
-No me busques en lo que percibes con tus ojos, ni en lo que puedas tocar con tus dedos... no vivo ahí –me respondió.
Y dicho esto, se esfumó sin dejar rastros.
Busqué la riqueza un día, y sin saberlo, una noche ella se sentó a mi lado.
-¿Qué quieres? –me preguntó.
-Riquezas –le dije.
Con gesto pensativo me dijo-: Búscame en lo poco y en lo mucho, en lo frugal y en la medida justa; en el mar, y en el charco luego de la lluvia-.
Dicho esto, salió de mi casa en silencio.
Busqué la pobreza un día; pero ella, supo antes que yo la buscaba.
-¿Qué buscas en mí, hombre? –me preguntó.
-Pobreza –le dije.
-Vivo en lo más lujoso y en lo más andrajoso, mi guarida está en las perlas, y mi aliento en las desesperanzas... pero no vivo en lo que tus ojos ven.
Bajó la vista, cerró los ojos, y desapareció.
Me sentía confundido, y busqué a Dios, pero él se cruzó en mi camino esa misma tarde.
-¿Qué buscas? –me preguntó.
-A Dios –le dije.
-No me busques en lo que pierdes, ni en lo que ganas... no vivo ahí. No me busques en pedestales, ni en artilugios terrenales... ¡Mírate a ti mismo... búscame ahí!
Y dicho esto, se alejó rápidamente.
Busqué al diablo, pero él se cruzó en mi camino, y me tomó fuertemente del cuello.
-¿Por qué me persigues? –me preguntó, acercando su nariz a la mía-.
-Busco al demonio –le dije jadeando-.
Él me miró de reojo, y me volvió a dejar en tierra firme.
-¿Me estás tomando el pelo? –me preguntó.
-No –le dije, tomando un poco de aire-.
Me volvió a mirar, con cierta extrañeza.
-No me busques en la riqueza ni en la pobreza; ni en lo poco ni en lo mucho... ni en el cielo, ni en el infierno... no vivo ahí-.
Me miró nuevamente.
-¿Me estás tomando el pelo? –preguntó nuevamente-.
-No –le respondí.
-¡Mírate a ti mismo, búscame ahí! –gritó.
Giró, se rascó la mollera, y me escudriñó una vez más.
-¡Seres humanos! –susurró-, y se alejó rápidamente.
Llamé a gritos a la sabiduría, pero ella ya estaba a mi lado.
-¿Qué quieres? –me preguntó.
-Sabiduría –le dije.
Me miró con preocupación, y se disfrazó de ignorancia.
Me tendió la mano, y me preguntó si podía caminar a mi lado un rato.
No me negué.
Me miró condescendientemente, y me preguntó cuantos pasos faltaban para llegar a mí casa.
-Unos cuantos –le respondí-.
-Muy bien... demos uno a la vez, tenemos mucho de qué hablar... – dijo

BOLSILLOS VACÍOS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy


La perdición duerme pacientemente bajo mi piel, mientras que la esperanza se baja de mis hombros de vez en cuando a mirar el paisaje.
No sé adonde voy; sin embargo, sé que un día todo terminará… ¿no es así?

Dicen que la pureza y la bondad vencen todo lo que obstruye nuestro camino, pero aprendí que para reconocer la pureza primero hay que probar el veneno de lo impuro, lo falso, y lo doblemente abominable; y para que tal vez una madrugada la bondad se adueñe de nosotros; aprendí, que primero hay que bailar con la maldad y respirar su hedor putrefacto.

Y los viejos murmuran: “¿No es el alma víctima de sí misma, cuando se ve menguada ante esos sentimientos que la someten y la tientan…? ¿O simplemente son pequeñas decisiones encadenadas las que construyen la imagen de lo divino?”

Camino en silencio por la vida, con las manos dentro de mis bolsillos vacíos, y nada tengo y nada hago. Solamente dueño del cielo soy.

Y respiro y duermo sin más cosas que hacer, que contar las estrellas, y descubrir formas extrañas en las nubes.

Llego al final de un bosque, desde donde se ve el mar. Me siento a horcajadas. Quedo absorto y boquiabierto mirando el horizonte, y algunas gaviotas, que vuelan cerca de los mástiles de esos barcos camaroneros.

Con mi cabeza gacha vuelvo a recordar que nada poseo y una gran alegría me invade.

¿Quién limita mis sueños? ¿Quién limita mis esperanzas?

Palpo la tierra, la huelo. Pienso que no hay mejor aroma que la tierra con el césped fresco luego de la lluvia.

Me incorporo y el viento me despeina suavemente.

Camino mirando el mar. Me adentro en el bosque y llego a un claro; lo camino mil veces alrededor. Cuando elevo los ojos, veo que a lo lejos se aprecia el faro.

Y los viejos confirman: “¿No son los miedos a todo lo nuevo, los puentes hacia la conquista de todo aquello que se llama éxito? ¿Por qué no recorrimos esos puentes, por qué no caminamos sobre todo lo que temíamos…? ¡Ahora lo sabemos y ya es tarde para lamentarse, porque habíamos tenido la fortaleza para hacer todo lo que deseábamos; y sin embargo, nos quedamos en nuestros pequeños laureles que ya se marchitaron!”

Trato de imaginar todo lo que puedo llegar a hacer con mis manos, mis pies, mis palabras, mis datos, mis ciencias, y mi alma. Pero no me pierdo en sueños y empiezo a trabajar día y noche bajo el cielo, bajo las estrellas, bajo el sol; bajo mis ignorantes condicionamientos, que a veces, me tientan a abandonarlo todo…

Cuando el otoño asoma, mi casa ya se levanta ante mis ojos. No lo puedo creer.

Y mil veces me pregunto: “¿Yo he hecho esto? ¿Yo he hecho esto?”

Miro mis manos, aplaudo mi tiempo, y doy gracias a Dios, por otorgarme las fuerzas para concluir éste sueño.

Entro a mi casa y la miro. Sonrío y luego la pinto y le compro muebles.

Un día me alejo, y me voy caminando en silencio con las manos dentro de mis bolsillos vacíos. Miro hacia atrás y miro mi casa nueva; sé que nada tengo, porque mi casa no soy yo, sino una efímera señal de que he estado en éste sitio.

El cielo me arropa y cuento las nubes que pasan. Camino hasta la costa y veo las olas que viajan sobre la marea.

Y los viejos gritan: “¡¿A quienes responsabilizaremos por nuestras malas decisiones, a quienes odiaremos por nuestras aspiraciones truncas?! ¡Si solamente nosotros nos sometimos, a los sentimientos que más se acomodaron a nuestros corazones! ¡Ayy Dios mío, ayy Dios santo! ¡Si fuimos reyes y nunca vimos las coronas en nuestras cabezas!”

Vuelvo al bosque, me encamino a mi casa. Me pregunto qué es la vida y donde se encuentra. Y entonces decido conquistarme, y vencer a mi sombra hasta en sueños. Me instruyo, me dedico, estudio, investigo, me reto, me amo, me doy tiempo, me corrijo, aprendo y la humildad me lleva de su mano, me conozco y conozco a Dios. Nadie me apresa, nada obstruye mis caminos, y nadie toma las decisiones por mí. A nadie culpo, a nadie señalo, porque soy yo el que camina en silencio bajo el cielo, con mis manos dentro de mis bolsillos vacíos.

Dejo mi casa y me voy a otro lugar.

Vuelo cada vez más lejos y a nadie hago mal, porque no necesito hacer mal para reconocerme.

Llego lejos hacia donde quiera dirigirme. Soy libre, soy yo, soy eterno, soy luz, y sé que cuando todo termine, a nadie reprocharé, a nadie señalaré, porque siempre caminaré mis caminos en silencio.

Y los viejos vociferan: “¡Naceremos una vez más, naceremos una vez más! Por que supimos que no hay ignorancia tan enorme, como el creerse tan magnánimo y genial, como para mirar desde lo alto… ¡Nosotros construimos castillos, nosotros movimos montañas, nosotros amasamos fortunas, nosotros nos bañamos en oro! Pero… pero nada tuvimos, nada logramos; por que siempre hemos caminado bajo el cielo, dejando memorias vacías y casas repletas de extraños; y nos fuimos en silencio con nuestras manos, dentro de nuestros bolsillos vacíos…”

Pensando en esto, llego a la base de una montaña. Me detengo, miro mis manos y miro el cielo, sé que la lluvia pronto llegará.

Sonrío porque desde ahí se ve un pequeño pueblo, y pienso… “es un buen lugar para construir una casa”

9/1/11

MIGAJAS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Perdurable emoción que se arraiga en mis huesos, es la que me ve con el alma partida, buscándome en los recovecos de mi conciencia, para apartar esa inconsciencia a la que me veo sometido.

Reacción violenta que se solventa en palabras y que huele a destierro, es la que me atiende con el alma en pedazos, cuyos trozos voy juntando, mientras la vida me explica el dolor del amor y el descanso de la muerte antes de morir.

Bajeza y letargo de acciones que se remilgan bajos mis párpados, son lo que me ven volver al punto de partida, cuando tomo malas decisiones y me atrevo nuevamente a culpabilizar al idiota de turno que me mira de soslayo y se escapa invisiblemente antes que le amerite el hecho de consumir mi tiempo en ese escaparate de momentos perdidos y olas del ayer que se llevan todo, y sólo dejan aquellas migajas que ves allí.

Perdurable emoción que vela por mis palabras a destiempo y por mis estupideces venideras, no me dejes aún... que siento a veces, que acertando me estanco en estas risas de papel y algarabías de espumas; y errando, aprendo más donde voy cada vez que me yergo y enjugo la sangre de mis rodillas, mientras sonrío, porque me siento vivo al saber donde van mis pasos y donde se dirigen mis días.

Perdurable emoción que velas por mis estupideces venideras, no me dejes aún, que el cielo se sienta a esperar que mis huesos bailen y mi boca se despierte, que acertando, sólo hago silencio, y errando, hago caer el velo de mi estoica eficacia y se revelan millones de caminos.

Perdurable emoción...

6/1/11

EL LARGO SUEÑO DE ALGUNOS CAMINOS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Fue necesario obtener, para darme cuenta que no era tan magnífico; fue necesario padecer, para saber que realmente no valía la pena.
Fue realmente vital el perderme, para saber que lo que estaba persiguiendo no era valioso; fue necesario el sufrir por amor, para saber, que el amor se sustenta por sí solo y no se encierra debajo de ninguna piel.
Fue necesario el desastre, para darme cuenta que mis cosas no eran realmente lo importante; fue necesaria la muerte, para dejar de temerle a la vida.
Fue de importancia la traición, para valorar a los que recorrieron mis sombras sin dejarme; fue una revelación la riqueza, para dejar en mí, la verdad sobre ser realmente rico.
Fueron irreemplazables mis demonios para explicar a mi Dios, fueron justificables mis miserias, para disfrutar mi evolución. Fue necesaria mi inacción, para maravillarme con mis obras; fue, necesario el océano, para asombrarme con el rocío de las madrugadas.
Fueron necesarios mis engaños, para darme cuenta que aún faltaba una verdad; fue necesario el silencio, para saber que todo realmente nace cuando la palabra se ha sabido explicar por sí misma, y los hechos despiertan luego de un largo sueño.

4/1/11

RECAPITULADOR DEL DESPUÉS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Soy magia de algún lugar, una extraña y repentina ausencia de toda duda a lo desahuciado que trae buenas nuevas y cierta oportunidad; soy magia de algún lugar, una sensación que no acata tiempo ni razón.
Eres una isla dentro del atolón de las inconstancias, una marejada de genialidades, una distracción de lo imposible y el viento que se mueve entre los dedos de los niños que saben, que todo es tan simple como un amanecer callando sus secretos, y cantando lo que le adeuda a ciertos ángeles que se cuentan el vuelo del sol buscando esperanzas entre las nubes.
Soy dubitativamente altanero de un mañana; un recapitulador del después que va dejando libre su futuro para que vaya a recorrer lo que nunca será de la mano del ayer; y, quizá, alguna memoria que se acuerde de esos caminos que aún velan por mí, y que nunca los he recorrido.
Eres cierto desparpajo entre la locura sin trazos y una fina línea de formas audaces, idea destartalada que se ha quedado muda al apreciarse como la invención más absoluta soñada entre lodo y miseria, que se transforma en magnífica liberación y luego, se vuelve a dormir, para soñar nuevas mentes que las vengan a buscar, que las vengan a rescatar...
Soy, una montaña solitaria que se alza en medio de lagos de intentos y planes de sueños, que yacen quebrados y hastiados de tanta huella y tan poco andar; eres, el tentempié de los que saborean las almas, y una lujosa ensoñación que pronto se quedará dormida para renacer una tarde y volver a contar las historias, que alguna vez yo he contado.
Eres, magia de algún lugar...

3/1/11

INSTANTE Y EL VIENTO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy


—¿...Tengo tiempo? —preguntó
—No mucho, mi señor Takhego —respondió el hombre que lo había venido a buscar—, pero le daré un instante más—.
—Gracias...
—¡Mí señor!—vociferó el hombre, hizo una reverencia y se alejó cansinamente a una distancia prudencial—.
“La tortura de un ser paciente no es el tiempo, sino la delicia de la espera que convoca las felicidades venideras, porque el ser paciente sabe de la espera y en ella, el tiempo no existe, pues ve todo antes de que ocurra” pensó el samurai mientras miraba su reflejo en las aguas de río Hiratore.
Posó una de sus rodillas a la vera de la costa repleta de pequeñas rocas mezclada con la hojarasca que venía del bosque cercano. Uno de sus dedos hizo un leve círculo en el agua espantando al momento los pececillos que estaban cerca.
Su piel se crispó y sonrió; luego, susurró:
—El fantasma del tiempo no es otro, que el recuerdo de lo que se pudo hacer y no se hizo —suspiró y continuó—: y si el alma repleta de ánimas se encuentra, es probable que empiece a soñar con morir antes de tiempo; y así, el ser que lleva dentro un alma que sueña con morir, se vuelve una fantasía en sí mismo y transforma en una fantasía su vida y su manera de actuar y enfrentar los días venideros—.
—Sin embargo, el ser que vive su tiempo segundo a segundo, sin esperar volver a ver la luna ni esperando que el sol se refleje nuevamente en sus pupilas, es el ser que, como buen guerrero astuto y sabio preparado para la otra vida está, y al momento de caminar hacia el monte Fuji es el más valiente y Dios le sonríe, porque no existe en su alma, fantasma alguno, ni en sus días momentos en blanco que le sean reclamados en el más allá... ése ser, es el que ha vivido todo, y ha sabido como morir; porque la muerte se lo ha de llevar y mientras lo hace, le dirá al oído:
“Hermano, es un honor abrazarte y cobijarte porque me he de llevar tu cuerpo ahora; y éste se pudrirá ante ojos terrenales y se consumirá tu presencia ante los que en esperanzas truncas esperan que vuelvas de pie. Pero yo, no soy dueña de tu parte más exquisita y sabia, donde realmente se esconde el secreto de la vida y en recuerdos, vive el placer de la muerte; porque en tu alma no existen días que no hayas vivido ni momentos que no hayas disfrutado, y eso hermano... no me pertenece. Hermano, es un honor abrazarte y cobijarte, porque ahora me relatarás cómo es vivir, y cómo es morir con el alma dispuesta a partir”
—Ahora, ya es momento de partir —dijo suavemente el samurai.
El ejército enemigo que lo había capturado esperaba detrás, en silencio. Un ave cantó a lo lejos y en un instante, la katana del soldado cortó el viento. La sangre de Takhego besó las aguas del Hiratore y todos hicieron una reverencia, pues admiraban la valentía del samurai que había enfrentado a todo un ejército solamente con su espada y su destreza.
—Mi señor, su alma sabia jamás tuvo ni tendrá días en blanco —dijo el soldado que lo había ejecutado—
Limpió la sangre de su espada en un movimiento y se alejó sin darle la espalda, pues todos sabían que había sido un samurai que había vivido sin esperar volver a ver la luna ni esperando que el sol se refleje nuevamente en sus pupilas; porque ya, estaría caminando hacia la muerte, y ésta le diría: “Hermano...”

2/1/11

MAGIAS Y MISTERIOS


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

El verdaderamente poderoso, se inclina ante el necesitado y se humilla ante el humilde, porque sabe, que su poderío no reside en su actitud, sino en el dictamen de su corazón y en el equilibrio de su alma.

El verdaderamente diestro, enseña su arte al necio sin miramientos y se alegra del logro de su discípulo sin temores ni recelos, porque sabe que su don no reside en sus manos, sino en el espíritu de la sabiduría infinita.

El verdaderamente inteligente, no esconde su saber ante el ignorante, sino que lo impregna de él y celebra sus descubrimientos y adelantos, porque sabe, que su inteligencia real habita en las enseñanzas, que como semillas, deja en las mentes de sus enseñados, y gracias a ellos logrará la inmortalidad que ilumina la verdadera esencia del ser.

El verdaderamente rico, agradece su potestad a lo mundano, empujando al éxito a mentes somnolientas y a espíritus cansados, porque sabe, que su verdadera riqueza no existe en lo que lo rodea ni en lo que obtiene a cambio de su labor, sino, en lo único y verdadero que lo hace alegrarse en sus horas de soledad y hastío, y en las magias que habla su espíritu cuando halla en lo invisible, aquello, que lo material no puede controlar.

El verdaderamente sabio, obra alejado de todo gentío que vocifera sus virtudes y hace alarde de sus dones; y en silencio, le solicita a la vida que sus huellas sean halladas por aquellos que construyen sus horas y sus días en el espíritu del Maestro, donde un día todas las virtudes y los dones retornarán en comunión exquisita al misterio de todo aquello que creemos que nos pertenece; y que jamás nuestro será…



26/12/10

UN AÑO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Un año... una vida.
Un día en el que todo cambia, y sonreímos.
Un día en el que todo pudo ser confuso, donde nuestros pensamientos se agrietaron y nuestros sueños murieron lentamente con nuestras esperanzas... o tal vez no.
Un año, tal vez para olvidar, quizá para recordar por el resto de nuestra vida.
Un día en cualquier mes, donde nos enamoramos, conocimos al fin a nuestro amor verdadero, despedimos para siempre a esa persona que tanto nos dañó, o simplemente vivimos igual que otro tiempo atrás.
Pero... todo cambia.
Y tal vez, fue el momento para encontrar o dejar de lado, para amar u olvidar completamente, para erguirse triunfante o morder el polvo de la angustia y la desesperación, para creer una vez más en nosotros mismos y volver a intentarlo.
Un día, un momento... en el que pudimos saber hacia dónde íbamos, o tal vez no, donde pudimos tocar todas las puertas de la oportunidad o la inacción, donde estuvimos en completa soledad y nadie se apiadó de nuestros gritos, donde estuvimos al final, rodeados de todo eso que soñamos durante nuestras esperanzas más audaces.
Un día, un lugar, un momento... donde aprendimos a crecer, a perdonar, a pedir, a dejar, a reintentar, a invocar, a sufrir, a querer y a amar, y tal vez; fue cuando nos dimos cuenta que somos valiosos y únicos.
Un día, un momento, un año, donde todo cambia, donde todo se transforma, donde la vida va y viene, donde las palabras se olvidan y los hechos marcan la diferencia.
Un año más... donde esperamos dar lo mejor y recibir otro tanto, donde reímos, lloramos, perdimos, ganamos, morimos, renacimos, olvidamos, quisimos, amamos, rezamos, y finalmente nos encontramos.
Un día, en el que tuvimos la oportunidad de mirar por última vez a nuestra madre, a nuestro padre, a nuestros hermanos, a nuestros amigos o... a esa persona que dejó su marca indeleble en nuestro corazón.
Y volver... volver a intentarlo una vez más, otro día, en otro lugar, en otro momento... una nueva oportunidad, esa que nunca termina a pesar de que pasen los años, ese fuego eterno que siempre nos quema por dentro y nos dice que todavía queda un camino más por recorrer, esa palabra que nos alienta y nos dice que aún no es tiempo de bajar los brazos.
Y nos quedamos quietos, pensando, haciendo un balance; y asentimos o negamos, cavilamos o confirmamos, destrozamos o construimos, recordamos o quizá, olvidamos para siempre.
Y todo en un año, que no es más que un eslabón de una gruesa cadena de historias.
Un día, un lugar, un momento, una vida...
Un año.

Audio:

23/12/10

EFÍMERO


Autor: © Jesús Alejandro Godoy

Lo que ahora tienes en las manos, lo que piensas, lo que has perdido, lo que no, lo que deseas, lo que jamás tendrás.
Mi cuerpo completo, el de él incompleto, el tuyo quizá herido, los ojos dispares, la perfección carnal, la imperfección bella, las comparaciones odiosas, el toque mágico de lo que ves con mirada mundana que esconde la verdadera esencia del ser.
Mis palabras tristes, las palabras alegres, los libros buenos, los malos, los que se estudian y los que se queman.
La persona que se va, la que espera, la que ya se fue, aquel que renace, el doliente que jamás obtiene y el que perdió la vida soñando.
Los que pueden lograr, los que envidian, los que bendicen, los que jamás llegarán.
Los que hoy comen y mañana morirán de hambre, los que no tienen nada y mañana seguirán igual.
Los pobres de alma y ricos en billetes, los ricos en oro, los ricos en dones.
El lugar donde Dios ríe, y donde el hombre llora; la esquina de la vida donde se pierde la inocencia, el mar donde se ahogan los deseos.
El amor que llega, el que se fue, el que murió y el que jamás querrá ser herido.
Los que ven a Dios, los que se creen ángeles, los que oran y piden, los que no rezan y obtienen igual, un camino hacia el Buen Dios que desconozco, los buenos y malos, los que hieren y los que sanan.
El viento, el mar, el frío y una noche solitaria para después ver el sol nuevamente.
La angustia de no tener, o la maldición de tener todo. La soledad tan temida y la ansiedad por estar solo.
Los que mienten por bondad o maldad, y los que se mienten a sí mismos.
La fábrica de ilusiones, las esperanzas heridas, el sueño que eleva el alma y embriaga de día y de noche.
El cuerpo que tienes entre manos, el cuerpo que jamás tocarás, el beso que doy, y el que jamás me darán.
Tu padre sentado a la mesa, y tú negando sus palabras; y yo, rezando a Dios, por hablar un segundo con el mío. Mi madre a mí lado contando los días que pasan; y tú, llorando a la tuya por que la extrañas.
Lo que recuerdas y lo que no vale la pena recordar, lo que te hace reír cuando tu mente vaga en el pasado, y lo que te hace disgustar.
La mascota que prefieres, el animal que odias, el terror al animal más común, y la admiración por el más abominable.
El consejo que me dieron, el consejo que no llegó a tiempo, las palabras expresadas en el momento exacto, y las que aún retumban en tus oídos.
Mirando como pasan los años, quizá tú acariciando a tu hijo y a tu esposa, yo queriendo navegar en los mares y perderme por ahí; aquel, soñando con lo tuyo, y el que tiene lo mismo que tú, deseando lo mío.
El amor, el engaño, el dolor, y la alegría.
Un día querer morir, o querer renacer... y después de eso nuevamente la vida; y al momento de cerrar los ojos, es cuando te das cuenta, que todo es efímero.

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